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La danza del vientre proviene del antiguo Egipto donde era usada como parte de ceremonias religiosas. Los historiadores postulan que los soldados de Napoleón, que estuvieron expuestos a este arte mientras estuvieron en Medio Oriente, llevaron la idea para usarla en sus boliches en Francia. Parece, sin embargo, que el asunto va más allá del entretenimiento y llega a la esfera de la salud.
Un reciente estudio de Servicios de Salud Clalit bajo la dirección de la Dra. Clara Friedman en la clínica Lichtenstein en Kfar Saba examinó los efectos de la danza del vientre en la salud de las mujeres. El estudio incluyó a 129 participantes, cuyo promedio de edad era de 49 años, de seminarios de bellydance en Israel central.
Las cifras finales, publicadas en la revista de medicina de una familia israelí, reveló que la danza contribuía a que se hagan menos visitas a los médicos. Antes de que comenzaran a bailar, el 53,6% iba a ver a su clínico una vez cada tres meses. Sin embargo, luego de las clases, la cifra bajó al 7,3%. Debido a la actividad, muchas de las participantes (un 92,7%) bajaron sus visitas a una cada medio año.
Al final del año de estar en los seminarios, donde las mujeres bailaron la danza del vientre dos horas por semana, su panorama de salud general aumentó un promedio de 5,54 puntos a un total de 9,09 puntos en una escala de 1 a 10.
Además, el índice de masa corporal promedio de las mujeres bajó 25,34 unidades, y aproximadamente un 70% de ellas describió un bajo de peso. Según los investigadores, la danza del vientre es “una forma de ejercicio físico segura y agradable que tiene un efecto positivo tanto en la salud mental como en la corporal”.

