La escena es, por desgracia, familiar: personal de ambulancia corriendo hacia un autobús destrozado, agentes de policía estableciendo un perímetro de seguridad, equipos de televisión capturando todo y transmitiendo sus informes a todo el país y el mundo.
Sin embargo y a pesar de la familiaridad, es demasiado pronto para sacar demasiadas conclusiones específicas sobre el ataque terrorista del miércoles en Jerusalem. Si es el comienzo de una nueva ola de ataques, una reacción al intercambio de disparos en Gaza y sus alrededores, el trabajo de jugadores conocidos o el de un pequeño grupo de “emprendedores” se aclarará en los próximos días. Mientras tanto, vale la pena examinar los patrones recientes de la actividad terrorista.
Además de determinar quién es el responsable del ataque, la principal pregunta es por qué ahora. Encontrar la respuesta, sin embargo, no es tan sencillo como podría parecer. Por ejemplo, si bien Jerusalem no experimenta un atentado suicida desde 2004 (el incidente del miércoles no lo fue) y no han habido ataques de ese tipo en Israel desde 2008, la tranquilidad que el país ha disfrutado en los últimos años ha sido ilusoria. Según las estadísticas más recientes, en 2009 se planificaron 36 atentados suicidas, un promedio de uno cada 10 días. Si no fuera por los esfuerzos de vigilancia de los servicios de seguridad, incluidos los de la Autoridad Palestina, escenas como la del miércoles -y peores- serían mucho más comunes.
Es tentador relacionar el ataque del miércoles con la reciente intensificación de la actividad en el ámbito palestino-israelí: el ataque a cuchilladas en Itamar, la detención del ingeniero palestino Dirar Abu Sisi, el duro bombardeo con proyectiles de mortero de la semana pasada, los ataques con cohetes contra Beer Sheva, Ashdod y Ashkelon del mes pasado y esta semana, el disparo de misiles contra tanques de la FDI (Fuerza de Defensa de Israel) alrededor de Gaza y las a esos acontecimientos con armas de pequeño calibre y disparos de morteros y tanques, así como el poder aéreo, que han costado la vida de terroristas y civiles palestinos, incluyendo niños. Vigilantes también han “lanzado su sombrero al ring”, a través de una serie de acciones de “alto costo”.
Sin embargo, es improbable que el atentado en Jerusalem fuera planeado o realizado por los mismos grupos o personas responsables del disparo de cohetes y morteros en el Sur.
Teniendo en cuenta el tamaño y tipo del dispositivo supuestamente empleado, es más probable que sea la misma célula terrorista que estuvo detrás de la colocación de una bomba casera en un espacio peatonal de Jerusalem el 6 de marzo, que le costó una mano a un recolector de basura.
Todos los grandes ataques terroristas en Jerusalem de 2008 -el tirador en la yeshivá Mercaz Harav, en marzo; los dos ataques con excavadoras, en julio; y el conductor que se estrelló contra una multitud de peatones, en octubre- fueron llevados a cabo por residentes en Jerusalem Oriental. A pesar del arresto de dos miembros de la Jihad Islámica palestina por parte de los servicios de seguridad de la AP (Autoridad Palestina) en Jenín el jueves, podría ser que esté funcionando en la ciudad una pequeña célula local, con poca o ninguna conexión con Hamas o Jihad Islámica.
Las células pequeñas tienen una ventaja en términos de mantenerse en secreto, lo cual podría explicar por qué no habría habido advertencias de inteligencia antes del atentado del miércoles.
Refuerza esta idea el hecho que mientras que Hamas y Jihad Islámica han asumido la responsabilidad de los disparos de cohetes y morteros de esta semana, nadie lo ha hecho por el atentado en Jerusalem, al menos todavía. Por el contrario, un portavoz de Jihad Islámica negó toda responsabilidad, mientras aplaudía el ataque.
Una posible conexión entre el ataque del miércoles y la reciente escalada con los grupos en Gaza podría ser más por inspiración que operativa: a la luz de la respuesta a los disparos de cohetes y morteros, especialmente las consecuentes -si bien involuntarias- muertes de civiles, la célula de Jerusalem podría haber sentido que era el momento oportuno para llevar a la práctica un ataque ya previsto.
Células pequeñas, terroristas individuales o la mera mala suerte pueden desempeñar un papel importante en el ida y vuelta entre Israel y sus rivales en Gaza, y pueden empujar a ambos lados -a pesar de su renuencia a continuar con este peligroso “tango”- a un período de un continuo y mutuo derramamiento de sangre.
* Schweitzer es el director del Programa sobre Terrorismo y Conflicto de Baja Intensidad del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv, del cual Schachter es investigador asociado.

