Desde el 17 de marzo de 1992, la Argentina tiene una deuda con Israel. La primera. Ese día, a las 14.47, una camioneta estalló en la puerta de la Embajada, en Arroyo al 900. Doce años después, el resultado de las investigaciones ha sido escaso: la Corte Suprema concluyó en 1999 que «existe un grado de certidumbre que permitiría afirmar en el marco de esta resolución que el atentado fue organizado y llevado a cabo por el grupo terrorista Jihad Islámica, brazo armado de Hezbollah» y dictó la captura internacional de uno de sus cabecillas, Imad Mugniyah, aún prófugo.
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Después, la Argentina contrajo otra deuda con Israel por la voladura de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), el 18 de julio de 1994, en el barrio de Once. La segunda. El finado Guido Di Tella, canciller vitalicio del gobierno de Carlos Menem, solía temer una tercera; aún no se habían desplomado las Torres Gemelas ni había descarrilado la vida en Madrid.
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En el caso del atentado contra la Embajada, del cual se cumplen 12 años el miércoles, no hay un solo detenido. «La conexión local fue muy reducida», dijo el embajador de Israel en la Argentina, Benjamin Oron, durante una entrevista con LA NACION. En el caso del atentado contra la AMIA, «me imagino que los que están siendo sometidos a juicio oral son sólo una parte de la conexión local», señaló.
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Por sus manos pasaron informes de inteligencia de Israel que obran, ahora, en poder de las autoridades argentinas. Son confidenciales, advirtió. Confesó, empero, que abonan la resolución judicial de 1999 con nuevos elementos: es decir, que la responsabilidad del atentado contra la Embajada correspondería a la Jihad Islámica, financiada, por medio de Hezbollah, por el gobierno de Irán, como dijo en el acto realizado el 17 de marzo del año pasado en la plaza que recuerda el escenario de la tragedia. «Presumo que están en manos de quienes deben estar», agregó.
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-Tanta demora en la investigación ha irritado a la comunidad judía, en particular.
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-En el décimo aniversario, en 2002, hubo una situación embarazosa. Estuvo el entonces ministro de Justicia, Jorge Vanossi. Fue una reacción de protesta, digamos. No creo que se repita este año. Sucedió una vez, que yo sepa. En años anteriores no había hablado gente del gobierno. Esta vez, nos confirmó su presencia el canciller Bielsa. Iba a estar nuestro canciller, pero postergó la visita al país.
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-¿Tiene usted la sensación de que, a medida que pasan los años, va diluyéndose la posibilidad de esclarecer el caso y de juzgar a los responsables?
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-Si de hallar a los responsables se trata, no. Con el paso del tiempo hemos recibido información que confirma todas las sospechas.
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-Usted dijo en el acto del año pasado que Irán, incluidos los rangos superiores del gobierno, estuvo al tanto de la programación del atentado y autorizó su ejecución, y pidió a la Argentina que juzgara a los responsables de ese país y del Líbano.
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-En primer lugar, lo que no era una gran novedad es que la Corte Suprema había dictaminado en 1999 que Hezbollah fue el ejecutor del atentado y sacó el pedido de arresto internacional de Imad Mugniyah, ahora conocido por otras circunstancias. En ese entonces, las cosas ya estaban claras. Con el tiempo están mucho más claras.
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-También prometió usted que iba a aportar más información.
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-En los años recientes tuvimos información adicional que fortalece lo que se había dicho y, naturalmente, nosotros la habíamos chequeado por los canales pertinentes. Hay una información que aún no es pública; la conoce quien tiene que conocerla.
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-¿Esa información ha sido transmitida al gobierno argentino?
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-Mucha de esa información es confidencial y fue transmitida por los canales confidenciales.
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-¿Obra en poder del gobierno argentino?
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-Tiene más información que antes.
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-¿Está hablando de información transmitida el año pasado o en estos días?
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-Desde el año pasado hasta ahora.
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-¿Cuándo?
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-Hay un trabajo permanente. Es información de día a día.
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-¿Cómo espera que reaccionen las autoridades argentinas?
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-Mucha información es de inteligencia. Va a tomar tiempo transformarla en materia jurídica. Fue transmitida por los canales confidenciales. Y me imagino que quien tiene que conocerla, la conoce.
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-Esa información, en caso de tratarse de pruebas, ¿permitiría avanzar en el proceso?
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-Sólo confirma las conclusiones de la propia Corte Suprema, que inclusive fue muy criticada. Aporta elementos adicionales que confirman lo que se había dictado.
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-¿Por qué en el atentado contra la Embajada no se estableció la conexión local, como sucedió en el caso de la AMIA?
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-Si uno lee las conclusiones de la Corte Suprema, la colaboración local fue muy reducida. Sinceramente, no hubo un solo detenido. Las conclusiones de la Corte se relacionan con la gente ejecutora, no con la conexión local. En el caso de la AMIA hay una conexión local.
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-¿Cómo obra el tiempo en ambos casos?
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-El tiempo es un factor. Hay muchas cosas que se pueden comprobar años después, pero, pasado mucho tiempo, ya es muy difícil tener ciertos elementos objetivos que se puedan tener inmediatamente.
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-¿Piensa usted que la demora es sólo responsabilidad de las autoridades argentinas?
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-No quiero decir que uno es responsable y que el otro no es responsable. La responsabilidad es de todos nosotros. Es una responsabilidad compartida. Naturalmente, en un acto que se comete en el territorio argentino, no hay duda de que el primer responsable es el gobierno argentino. Acá se cometieron los actos. El aporte que Israel puede hacer se refiere al contexto internacional, no al contexto legal. Yo creo que nosotros tratamos de hacer lo posible. Toda la información que tuvimos la pusimos a disposición del gobierno argentino. Nosotros revertimos un poco la historia. Pero hubo demoras que no fueron sólo de carácter técnico, de inteligencia. Se perdieron años con discusiones, con teorías sobre si era una implosión o una explosión, y técnicos e ingenieros… Se perdió mucho tiempo. Durante algunos años se hizo muy poco. El avance fue muy pequeño por todo tipo de razones.
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-En su momento, su antecesor, Yitzhak Avirán, recibió críticas por haber privilegiado la relación comercial en lugar de haberse abocado al esclarecimiento de ambos atentados.
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-Conozco esos comentarios. Leo libros que se escribieron y artículos que se escribieron sobre eso hasta en medios judíos. Creo que hay falta de comprensión. La realpolitik dictó la actitud de Israel. Los atentados son un problema suficientemente grave como para no sujetarlo a otro tipo de intereses. Más aún, hay que reconocer que no son intereses como aquellos de los que hablaba la gente, de los grandes negocios con la Argentina. Hay que mirar un poco las estadísticas. No quiero criticar a la gente, pero conectar las dos cosas es injusto y no tiene ninguna justificación objetiva.
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-¿Percibe un cambio de actitud con el gobierno de Kirchner?
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-Desde que asumió, el Gobierno definió los atentados como una cuestión de Estado. Si uno compara con períodos anteriores, cuando se consideraba como un problema entre la justicia argentina y ciertos ciudadanos israelíes o libaneses, hay un cambio conceptual. Es un asunto que preocupa al Estado argentino. No es un problema sólo formal o político. El Gobierno ha dado pasos importantes en el sentido de la transparencia. Ahora, el problema no es solamente ése y esto va a llevar a cosas concretas.
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-¿Está hablando de la relación bilateral?
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-Hablo de la actitud del Gobierno en general. En la relación bilateral hay una continuidad con Israel. Las relaciones son buenas, cordiales, como fueron con gobiernos anteriores. Muchas veces divergimos en ciertas cosas, concordamos en muchas otras, pero es la naturaleza de la relación. No hay grandes diferencias entre la Argentina e Israel.
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-¿Su gobierno plantea el esclarecimiento de los atentados como una cuestión de derechos humanos?
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-El propio gobierno argentino los considera así y, cuando se refiere de manera general a la impunidad, tiene los atentados como parte de ese conjunto de actos que fueron violatorios de los derechos humanos.
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-¿Por qué dos atentados en la Argentina?
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-Leí muchas cosas sobre eso. Teorías sobre la participación de la Argentina en la primera Guerra del Golfo y el cambio de políticas del gobierno de Menem. A mí todo eso no me parece muy razonable. No creo que a quien haya estado detrás de los atentados le importara si la Argentina participaba en una coalición contra Irak o no. Lo que nosotros sabemos es que la infraestructura empezó a armarse en los comienzos de los años ochenta. Que después de la revolución de Khomeini, en Irán, muchos de los personajes mencionados o implicados en los atentados llegaron acá. Así que no fue algo que se preparó a raíz del cambio de orientación política argentina. A lo mejor, el cambio de ciertas políticas argentinas sirvió como catalizador de los atentados, pero la infraestructura ya estaba armada.
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-¿Pudo haber influido, por ejemplo, que la Argentina haya desmantelado el misil Cóndor II por pedido de los Estados Unidos cuando, se dice, había compromisos con países árabes?
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-La Argentina tomó la decisión en el marco de un contexto internacional mucho más vasto que no estaba conectado con sus compromisos. Hubo un cambio del contexto internacional. En 1989 se terminó un contexto internacional y los países se ubicaron en este nuevo contexto. Y la Argentina no fue el único. El Movimiento de No Alineados y todo eso se vino abajo a fines de los ochenta. La decisión argentina es parte de un contexto más vasto que el contexto específico de un compromiso con un país. Uno puede decir que la decisión del gobierno argentino de interrumpir los acuerdos con Irán pudo haber sido un elemento catalizador, pero no creo que haya sido el fundamental. Lo que nosotros sabemos es que esa infraestructura ya estaba presente.
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-¿Cuál era el objetivo?
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-Creo que era una oportunidad de expansión de la revolución de Khomeini, de modo de basarse donde había comunidades shiitas importantes. La Argentina, por tener una gran comunidad judía que se creía que manejaba los destinos de América latina, pudo tener su papel. Se trata de una ideología antiisraelí, en contra de todo aquello que se identifica con Israel. Tenían la infraestructura, tenían los objetivos y tenían las facilidades. Intentaron cometer los atentados en otros lugares, pero no tuvieron éxito. Acá tuvieron éxito. Esto no es casual. Si tenían los objetivos, la infraestructura y las facilidades, pudieron hacerlo dos veces.
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-¿Hoy cuentan con esos elementos?
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-Espero que no.
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-¿Cómo ve al nuevo gobierno de Irán?
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-No veo grandes cambios. Si uno mira un poco la estructura de poder, no ha cambiado.
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-¿Dónde estaba usted cuando se produjeron los atentados?
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-En 1992 en Jerusalén, trabajando en el Ministerio. En 1994 era embajador en Lisboa y ese día, el 18 de julio, no había estado en casa en todo el día ni había encendido la radio. Llegué a las 10 de la noche. Me habían llamado del Ministerio porque debía arreglar el paso aéreo para el avión de la fuerza de rescate.
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-¿Imaginó entonces que iba a ser embajador en la Argentina?
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-Ni se me pasó por la cabeza.
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Por Jorge Elías
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El perfil
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Nacido en Brasil
Benjamín Oron nació en 1939 en San Pablo, Brasil. Cursó ciencias sociales en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en el Marymount College, de Nueva York.
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Segundo destino
En la Argentina presentó sus cartas credenciales el 4 de octubre de 2000 ante el gobierno de Fernando de la Rúa. Es su segundo destino como embajador después de Portugal (1992 y 1997). Antes había ocupado otros puestos diplomáticos en Bogotá, Santiago de Chile, Nueva York (ONU) y Bruselas (UE).
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