El general Yohanan Danino, jefe de la Unidad de Investigaciones Internacionales de la Policía, a cargo del expediente, no cree necesario que continúen las indagaciones pero su opinión no es compartida por el resto de los jefes de la Policía.
Según ellos, se trata de un caso complejo, con muchas pruebas circunstanciales y de gran repercusión, dado que podría forzar la dimisión de Sharón y, por lo tanto, es la Fiscalía la que debe decidir.
Al parecer, el problema radica en que existen suficientes pruebas para presentar un acta de acusación, lo que ya se habría hecho si se tratase de una caso normal que no tuviera consecuencias de tanto peso, pero también se teme que éstas no sean suficientes para inculpar al primer ministro.
Agentes de la Policía interrogaron a Sharón anoche durante dos horas en su residencia de Jerusalén, principalmente por su implicación en el caso de la «Isla Griega», en particular hasta que punto el primer ministro estaba al corriente de los pagos de cientos de miles de dólares que su hijo Guilad recibía del empresario inmobiliario David Apel.
Sharón, que ya fue interrogado una vez el año pasado sobre el caso, negó rotundamente su conocimiento de un contrato entre Guilad y Apel incluso tras escuchar la grabación de una cinta en la que éste último le informaba al primer ministro -en 1999 ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Benjamín Netanyahu- de que «pronto su hijo ganará mucho dinero».
Asimismo, Sharón dijo que no consideraba inusual la ayuda que recibió de Apel, miembro del Comité Central del Likud, en las elecciones primarias de ese partido y que el empresario no exigió nada a cambio.
Sharón negó que intercediera ante el Gobierno griego para que Apel pudiera establecer un centro de turismo en una isla griega.
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