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Jericó, Kalkilia, Ramala y Tulkarem

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Debido a divergencias en asuntos de seguridad para aplicar un acuerdo del pasado viernes, destinado al traspaso de las localidades de Jericó y Kalkilia, y previsto para principios de esta semana, Israel lo aplazó sin fecha hace dos días.
El debate para fijar los «criterios» que deberá seguir la Autoridad Nacional Palestina (ANP) coincidía hoy con una nueva gestión en Gaza del primer ministro de la ANP, Mahmud Abas (Abu Mazen) ante las facciones islámicas de la resistencia, a cuyos líderes tratará de convencer para que prolonguen el alto el fuego con Israel que proclamaron unilateralmente hace siete semanas.
El período de la tregua (hudna), fruto de un acuerdo entre esas organizaciones y la ANP con la mediación de Egipto, vencerá a finales de septiembre próximo, cuando se cumplirá el tercer aniversario del levantamiento palestino contra la ocupación militar israelí.
Abas está bajo la presión de Israel y Estados Unidos para que, en cumplimiento del plan de paz del Cuarteto de Madrid, la «Hoja de ruta», los organismos de seguridad de la ANP procedan a desarmar a esas organizaciones palestinas, que repudian a su Gobierno.
El debate convocado por Sharón para determinar los «criterios» que Israel impondrá a los organismos policiales de la ANP a fin de controlar a los «terroristas buscados» puede hacer que aquellos se conviertan en un sustituto de la exigencia de que «tienen que desarmarlos».
Un desarme de las facciones de la resistencia por la fuerza, a lo que no parece dispuesto Abu Mazen, podría desencadenar una guerra fratricida entre los palestinos. En cambio, si se prolongase la «hudna», aunque el alto el fuego no es total, Israel y EEUU podrían reducir sus presiones mientras los dos bandos siguen aplicando la «Hoja de ruta» hacia un tratado general de paz.
Los «criterios» son los que tendrán que tener en cuenta los organismos de seguridad palestinos para vigilar los pasos de los militantes de la resistencia e impedirles que salgan de las localidades a su cargo para atacar objetivos israelíes.
Desde que las facciones islámicas proclamaron la «hudna», el pasado 29 de junio, en distintas circunstancias, incluidos tres atentados de suicidas de HAMAS, la Yihad Islámica y de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, así como operaciones del Ejército para apresar a militantes buscados, perdieron la vida una veintena de palestinos, seis israelíes y un operario búlgaro.
En medios israelíes se prevé para esta noche una nueva reunión de representantes de los dispositivos de seguridad de ambos bandos para debatir esos «criterios» y poder aplicar un acuerdo del viernes pasado entre el ministro de Seguridad Interior de la ANP, Mohamed Dahlán, y el ministro israelí de Defensa, Shaúl Mofaz, para el traspaso, quizá esta misma semana, del control en Kalkilia y Jericó.
Tras la proclamación del alto el fuego por las facciones de la resistencia, que no siempre respetan grupos de disidentes armados, el Ejército israelí traspasó a la policía y otros organismos de seguridad de la ANP el control en la ciudad cisjordana de Belén.
Si el Gobierno palestino aceptara los «criterios» que fijen Sharón y los jefes de la seguridad israelí, después del traspaso de Kalkilia y Jericó, en menos de dos semanas seguirían Tulkarem y Ramala, esta última capital administrativa de los palestinos.
La retirada israelí de las ciudades palestinas autónomas de Cisjordania, bajo ocupación desde abril del año anterior, es una de las obligaciones asumidas por el Gobierno de Sharón al aprobar en abril pasado la «Hoja de ruta», aunque con 14 «observaciones».
Israel condiciona el repliegue de sus tropas a sus posiciones de antes de estallar la «Intifada», en septiembre de 2000, a que la ANP, en virtud de ese plan de paz, «desarme a los terroristas» y «desmantele sus infraestructuras» en Cisjordania y Gaza. EFE ez/ah/va

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