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“Tuvimos tres vergüenzas”

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Por Sergio Kiernan
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Un «eco favorable» en la prensa

Néstor Kirchner arrancó con una frase fuerte: «Los 30.000 desaparecidos y los atentados son una vergüenza para la Argentina, son la muestra de que el país vivió en la oscuridad. Yo quiero volver a la ley y la justicia, para vivir en un país normal». La frase marcó el tono de la reunión de ayer a las cinco y media de la tarde en el Consulado argentino en Nueva York con 25 líderes de las mayores y más importantes instituciones de la comunidad judía norteamericana. Fue bastante más de una hora de preguntas y respuestas donde se explicó que el Gobierno piensa en una «solución Lockerbie» –que un tercer país juzgue a sospechosos– para iraníes sospechados en el caso AMIA y que el juez Juan José Galeano puede enfrentar un juicio político.
La reunión con la comunidad judía norteamericana surgió básicamente por una invitación de la delegación del American Jewish Committee que asistió la semana pasada en Buenos Aires al acto por el noveno aniversario del atentado a la AMIA. Los delegados conocieron a Kirchner en el acto y le extendieron la invitación. Ayer, estaban representantes del Committee, el Congreso Mundial Judío, B’nai B’rith, la Anti Defamation League, la Unión de Congregaciones Hebreas Americanas, del Consejo Judío de Asuntos Públicos y de la Conferencia de Presidentes de Instituciones Judías, entre otros.
Kirchner impresionó muy bien a los asistentes, en parte porque la reunión fue de agenda abierta y se permitió tocar cualquier tema, cosa rara en un encuentro con presidentes. El argentino hizo un pequeño homenaje a las víctimas del atentado en Nueva York –venía de visitar el Ground Zero y expresar la solidaridad argentina con los muertos– y marcó la relación entre los ataques en Buenos Aires y en Nueva York. A su vez, los norteamericanos le expresaron su reconocimiento por la apertura de archivos de la SIDE, la Policía Federal y la Bonaerense, y el «claro cambio de actitud» del gobierno argentino hacia la investigación.
Hubo tres temas que surgieron de las preguntas que hicieron los invitados. Primeramente, se le preguntó sobre Irán y su posible responsabilidad en el atentado. Kirchner dijo que quería saber la verdad sobre el rol de Irán y buscar justicia y le pasó la posta al canciller Rafael Bielsa. El ministro explicó que de los tres exhortos enviados, Teherán había rechazado dos y se estaba «conversando» sobre el tercero. Bielsa explicó que era posible hablar de una «solución Lockerbie», en referencia a la del atentado perpetrado por libios contra un avión de pasajeros norteamericanos sobre cielos escoceses. Los libios fueron juzgados en Holanda, después de años de ríspidas discusiones.
Sobre la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina, Kirchner explicó los cambios de legislación, dijo que hay mayor coordinación entre los servicios de inteligencia de la región y dijo que el Mercosur podría ser una herramienta en la lucha contra el terrorismo. El tercer tema, que fue muy destacado por la audiencia, fue sobre la relación de la Argentina con Israel. Kirchner dijo que estaría encantado de recibir una invitación para viajar a Israel, que «sería muy importante para mí».
Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados, habló cuando surgió el tema de los jueces en el caso AMIA. Camaño anunció que la semana que viene se reunirá con representantes de la comunidad judía argentina y con abogados del caso para discutir el tema. También dijo que «más importante que reactivar la comisión bicameral de seguimiento del caso era evaluar lo actuado por el juez Juan José Galeano». Y no descartó que la «evaluación» pueda terminar en un juicio político para el magistrado.
Conscientes de la importancia del tema para Kirchner, los invitados le preguntaron sobre la economía y las negociaciones del FMI. El argentino trazó un breve panorama de la situación y destacó sus logros, explicando lo crucial del tema de la deuda.
Entre los presentes en la reunión estaban Abraham Kaul, presidente de la AMIA, y el tesorero de la DAIA, David Dalman. Kaul le planteó, tanto a Kirchner como a sus colegas norteamericanos, un aspecto de la crisis económica argentina, que afecta a «las escuelas católicas y judías sin fines de lucro». El argentino explicó que estas redes escolares pierden alumnos de familias que ya no pueden pagar, lo que sobrecarga el sistema escolar público. Por eso, pidió que se considerara una ayuda especial del Estado a estas escuelas. Por la tarde, Kaul había participado en el American Jewish Committee de la presentación de un informe anual sobre la marcha del caso AMIA.
Los americanos salieron del Consulado argentino muy bien impresionados por Kirchner. «La reacción fue unánimemente positiva. Es un hombre muy sólido», definió el rabino Andrew Baker, del American Jewish Committee. «Yo ya me entrevisté en estos años con varios altos funcionarios argentinos, y sin duda Kirchner es el que mejor impresión me dio. Particularmente cuando dice que su compromiso con resolver los casos es personal. Le creo.» Daniel Mariashin, vicepresidente ejecutivo de B’nai B’rith, coincidió: «Que fuéramos todos a la reunión fue una señal de respeto al Presidente, de solidaridad con los judíos argentinos y de la importancia que le damos al tema. Valió la pena. Kirchner realmente parece alguien que quiere cambiar lo que viene pasando en la investigación de estos terribles atentados».

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