Inicio NOTICIAS Bicentenario. De Santos y De Sabios: Acerca de lo que nos debemos los argentinos para los próximos 200 años.
Por el Rabino Alejandro Avruj

Bicentenario. De Santos y De Sabios: Acerca de lo que nos debemos los argentinos para los próximos 200 años.
Por el Rabino Alejandro Avruj

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El Sabio es un personaje completamente distinto. El Sabio es aquél que comprende del peligro de los extremos. El Sabio persigue el camino del balance, del equilibrio, la senda de la moderación. Como ejemplo, él abandona el extremo de la cobardía por un lado, y el de ser temerario por otro, y toma el camino del coraje. Abandona el ser miserable por un lado y el entregar todo lo que tiene por otro lado, para seguir la senda de la generosidad.
El Sabio conoce del peligro de lo mucho o de lo muy poco, del exceso y de lo que falta.
No son solo dos tipos de persona sino dos formas de comprender la dimensión moral de la vida.  ¿Es el objetivo de alcanzar una vida moral el de alcanzar la perfección personal en el desarrollo de las más altas virtudes? ¿O es el generar vínculos y relaciones más decentes, justas, y comprometidas con la construcción de una sociedad más compasiva?
A primera vista la respuesta intuitiva sería que ambas. Pero allí es donde Maimónides nos enseña que no podemos tomar ambos caminos.
Un Santo puede entregar todo su dinero a los pobres. Pero quién se ocuparía entonces de su familia? Un Santo podría negarse a combatir cualquier guerra. Pero qué sería de su país si lo necesitara? Un Santo podría perdonar todos los crímenes cometidos contra él. Pero qué sería de la justicia y la ley?
Los Santos son gente muy virtuosa. Pero no se puede construir una sociedad con Santos.
Ellos han definitivamente abandonado todo interés en ser parte de una sociedad, solo buscan el provecho del enaltecimiento de su propio ser individual.
En tiempos de Bicentenario, este parece haber sido uno de los grandes problemas de los argentinos, y de nuestros líderes, que como sabemos no son más que nuestro propio reflejo.
Necesitamos para el proyecto de nación que esperamos construir en los próximos 200 años, más Sabios, y menos Santos.
Más Sabiduría, que implica más equilibrio, más balance y debate, más moderación y dialogo franco, más puntos de unión y de acuerdo, más puntos medios, más sentido común, y así de manera común entregarle más sentido a la sociedad y a la nación que todos deseamos ser.
Porque uno de los grandes dramas de la patria, ha sido estar plagada de aquellos que lejos de “ser” Santos, se han creído y se creen serlo, situación que complica aún más cualquier análisis. Nuestros líderes solo insisten en mostrarse dueños de una total verdad, de una absoluta transparencia, patrones de una última y total razón, y amos de la más extrema humildad. Y una sociedad no se construye con Santos, sino con más Sabios.
Seguramente Belgrano no pensaba igual que Moreno, ni Rivadavia hubiese acordado con Sarmiento, ni Larrea con Alberdi. Pero ellos tuvieron la grandeza de construir un país. Una nación. Cuánta sabiduría necesitaremos nosotros sus herederos para poder continuar el trabajo, y llevar a nuestro tan bendito país al lugar al que nuestros próceres y abuelos soñaron que lograríamos?
Al pensarnos Santos nos olvidamos del otro. Y nosotros no amamos al prójimo como a nosotros mismos porque ni siquiera sabemos quién es nuestro prójimo. Ante el requerimiento acerca de ir en ayuda del otro, o de trabajar por el todo, enseguida respondemos con otra pregunta: Porqué yo? Qué puedo hacer yo?
El Maestro Jasídico Rabí  Shlomo de Karlin (1738-92) decía que el peor instinto maligno que puede gobernarnos es el que nos hace olvidar cada mañana que somos hijos del Rey de Reyes. Que no es cierto que no sos nadie, sino que somos imprescindibles para construir el mundo, el país, la sociedad que queremos. Que estamos aquí con una misión sagrada, y que no podemos dejarla ir. Esa misión nos llama a escuchar cada mañana una pequeña voz que nos susurra al oído: “lleva un fragmento de Mi presencia a otras vidas”.
Es lo que hizo Abraham, lo que hizo Moisés, lo que hizo Rabí Akiba. No buscar una alta opinión pública de ellos mismos, ni medir en encuestas, sino escuchar la voz y los sufrimientos de los seres humanos que los rodeaban.
Para ellos la injusticia, la corrupción, la violencia, la inseguridad, no eran un hecho de la realidad ni un dato estadístico. Para ellos eran un llamado.
No pensaban en ellos, sino en la causa.
Nos enseñaron no a ser Santos, sino a vivir en búsqueda de más sabiduría.
Porque Liderazgo es Responsabilidad, y Responsabilidad es la Habilidad de ser y dar Respuesta.
Que en este tiempo de Bicentenario, tengamos el liderazgo para asumir nuestra cuota de responsabilidad en traer más sabiduría. Podamos ser respuesta para la bendición del país que aún podemos ser.
* Rabino de la comunidad NCI Alejandro Avruj

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