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Las paradojas de la inclusión y la exclusión

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Tras la actividad sobre Inclusión/Exclusión realizada por Plural JAI | Judaísmo Amplio Innovador en el mes de abril, en la cual participaron expositores de primer nivel, quiero solamente expresar algunas ideas.
 
Muchas veces planteamos falsas oposiciones y esas mismas oposiciones nos encierran en propuestas que no tienen salida real. No es que no haya salidas o soluciones, sino que el lenguaje o la forma de plantear las cuestiones nos aprisionan en situaciones irresolubles. En este caso me estoy refiriendo específicamente a la oposición inclusión/exclusión, oposición que para un judío cualquiera que resuelve su vida a pesar de sus contradicciones, resulta enigmática y hasta problemática.
 
La complejidad de la existencia judía hace que estemos incluídos, voluntaria o involuntariamente en un sinnúmero de circunstancias, identidades y procesos. Por ejemplo, el hecho de que crezca la asimilación nos incluye en ese proceso de muchas maneras; podemos situarnos como agentes activos que desean revertir la vivencia amenazante de desaparición, como espectadores indiferentes, como ilustrados resignados ante los hechos, como avisadores de complejas realidades imprevisibles. De cada uno de estos subgrupos de judíos estamos a la vez incluídos y excluídos y no solamente porque estemos adheridos a uno u otro, sino porque algunas veces podemos acordar con un pensamiento y otras veces con otra mirada del problema.
 
De la misma manera muchas veces los judíos atravesamos periodos de asimilación ideológica pero no real, y otras veces de asimilación real pero no afectiva.
Es decir, considero que en cada judío hay contradicciones respecto de quien se considera ser y de como actúa ser. Y esto mismo produce que las contradicciones se plasmen en posiciones institucionales más o menos tolerantes de las diversidades.
 
Por eso mismo es que invito a resistir la tentación de plantear dilemas opositivos extremos, y comenzar a entender a la comunidad diaspórica en su complejidad, es decir, no negar que no albergamos pureza identitaria ni como seres particulares ni como colectivo social.
 
Los que estamos incluidos y nos identificamos con nuestra judeidad, no por ello estamos excentos de conflicto; las más de las veces atravesamos situaciones de duda, de asombro o de convicción.
 
A la vez, quienes se excluyen no siempre lo hacen decididamente sino que suelen ser arrastrados por realidades como las económicas, de enorme trascendencia cotidiana o por factores de repercusión general como los determinantes políticos o por el azar; dentro del azar incluyo a los matrimonios mixtos, pues la elección de la pareja amorosa supone bastante imprevisibilidad.
 
Por esta razón considero que como comunidad, debemos intentar mostrar que la pertenencia no es un factor definitivo ni tampoco definitorio, sino que la dupla inclusión-exclusión se entreteje y nos vuelve, a cada uno, un artífice constante de la misma.
 
Si la pertenencia no incluye algún disenso se convierte en ceguera; si el disenso no incluye tolerancia se convierte en violencia; si la violencia no excluye la acción premeditada se convierte en ataque.
 
Incluir las distinatas facetas y posibilidades de vivir el judaísmo supone pertenecer y respetar, aún para aquellos que dicen excluirse. El mero hecho de enunciar la exclusión implica afirmar la existencia de aquello de lo cual alguien se está excluyendo. Decir “no soy más judío” afirma la existencia del judaísmo más allá del sí mismo. Y a la vez, afirmar la inclusión supone -de cierta forma- excluir alguna faz de la pertenencia judía y no judía.
 
Esta paradoja del lenguaje nos tiene que volver más sagaces, es decir, más sabios y dejar de pensar en términos de opuestos.
La integración de “todos” en un conjunto único es imposible. Más bien pensar la inclusión/exclusión de los judíos de y en la vida judía nos lleva a reflexionar sobre los dilemas.
 
La pertenencia se funda en muchas posibilidades: quien dice ser, quien dice no ser, quien actúa como si fuera, quien actúa como si no fuese, quien desearía serlo, quien busca serlo más, quien decide dejar de ser, quien actúa para que los demás crean que es o que no es.
 
Por esta razón -atenta al debate que escuché en la actividad de Plural JAI, debate de enorme valor reflexivo- pienso que por un lado podemos confundir pertenencia con inclusión, ya que alguien puede sentirse perteneciente pero no incluido, o viceversa; por otro, confundir exclusión con las difíciles y conflictivas cuestiones de la identidad y la continuidad y, en tercer lugar, podemos llegar a centrarnos demasiado en la problemática de quien es judío en lugar de facilitar el “retorno” al judaísmo como una manera permanente de vivirlo y de una posibilidad siempre al alcance de cualquiera.
 
Dra. Mirta Goldstein

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