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Entrevista al nuevo presidente de la B’nai B’rith Argentina, Mario Brodsky

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¿Cuál es el motivo por el cual no ocupó cargos en las diversas instituciones comunitarias a la que perteneció o pertenece, excepto Vidalinda, y si lo hizo en B’nai B’rit?
Mario Brodsky: Por que B’nai B’rit es una institución que me permite estar más en contacto con la comunidad a través de la tarea que realiza y considero que acá me pude realizar.
¿Por qué pidió el pase de filial?
Era profesor de la Universidad de Buenos Aires, de la Facultad de Ciencias Económicas, y dictaba clases los días miércoles. La filial Atid había cambiado los días de reunión de jueves a miércoles y me era imposible concurrir. Por eso durante un año y medio no pude ni acercarme. Y como yo considero que la B’nai B’rit no es una institución para pagar la cuota solamente, sino para activar y hacer cosas dentro de la misma y para afuera, sobre todo para afuera, decidí cambiar de filial y entonces pedí el pase a la filial Unión, que es a la cual yo pertenezco, una filial que tiene más o menos 44 años, a la que pertenecen o pertenecieron dirigentes muy connotados de la institución: ex presidentes del Distrito y también de vicepresidentes internacionales.
¿Cómo está organizada la B’nai B’rit?
La B’nai B’rit es una hermandad que tiene filiales que son autónomas y cada una tiene sus propias características. Hay filiales que se dedican a acción comunitaria; otras a acción política, y también están la que se dedican a aspectos del judaísmo. No existe una uniformidad. Cada filial tiene su día de reunión, y ese día tiene una actividad programada. O sea, la filial programa por mes o por cada dos meses su programa de actividades. Hay programas abiertos y hay programas cerrados y siempre -una vez por mes- hay una cerrada en la cual los miembros participan y pueden plantear los problemas sobre la filial, sobre la institución, o temas personales. Por eso se llaman cerrada, es sólo para los miembros y allí se resuelven todo tipo de problemas.
Las filiales forman parte del Distrito y eligen sus autoridades. En realidad son como mini distritos, porque tienen la misma estructura que el Distrito. Podemos decir que sus miembros están haciendo su práctica para llegar a formar parte del Comité Ejecutivo del Distrito de la B’nai B’rit. Esta no es una institución común, pues todo lo que hace la B’nai B’rit se puede hacer en Hebraica -más el deporte-. No obstante, la B’nai B’rit tiene un agregado, que es la relación miembro con miembro, y los valores de esa relación, que son muy éticos; además es una institución a la que hay que venir a dar, esperando recibir solamente la satisfacción de haber cumplido el deber como miembro. 
¿Cuales son las tareas que desarrolla la B’nai B’rit?
Hay tres ejes en los que se mueve la B’nai B’rit. Uno es el político, donde va a consolidar y defender la democracia, es decir toma acciones en defensa de la democracia; otro es la lucha por la aplicación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, sobre todo en materia de discriminación y diversidad cultural. El eje de Acción Comunitaria no es solamente hacia la comunidad judía sino hacía la comunidad general, realizando acciones que beneficien a terceros a través nuestro o a través de asociados a otras comunidades u otras entidades o fundaciones, que es el caso de OSDE u otras. Por ejemplo, el programa de distribución de medicamentos junto con OSDE, implementado desde la crisis del año 2001, y que más o menos se ha distribuido, al valor FOB, alrededor de 60 millones de dólares en medicamentos. Hace poco firmamos un convenio de similares características con el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para distribuir, junto con OSDE, medicamentos, sobre todo oncológicos.
Y el tercer eje es el de los Valores Tradicionales del Judaísmo, lo que yo llamo la conservación de los valores tradicionales del judaísmo que es perpetuarlos, consolidarlos y transmitirlos. También funciona el Centro de Política Publica, que es una mesa política, a la cual se invitan a dirigentes políticos nacionales, pero también se tratan temas relacionados con las políticas comunitarias y del Estado de Israel, es decir se discuten todos los temas afines a los tres aspectos: política nacional, política comunitaria y política de Israel. Está la comisión inter religiosa, pues la B’nai B’rit creo que es la entidad madre que realiza el diálogo inter confesional, y es la que organiza el Seder inter confesional, que se realiza todos los años en fecha cercana a Pesaj, en la cual se explica el sentido y los pasos del Seder de Pesaj; también tiene a su cargo la conmemoración de la Kristallnacht (el progrom de los cristales rotos), que hasta ahora siempre se hizo en una iglesia católica porque se consideró que el católico es el que tiene que estar, digamos, consustanciado con la misma, pero no descartamos hacerlo en una importante sinagoga también. Creo que también sería bueno llevar al no judío a un templo.
Explíquenos cuál es la participación de la B’nai B’rit en la política comunitaria
En primer lugar quiero decir que la B’nai B’rit es apartidaria en todo sentido, tanto a nivel nacional como comunitario. No adscribe a ningún factor ideológico, es totalmente independiente; por eso yo digo que es el comodín de todas las instituciones, ya que la B’nai B’rit puede decir algo que la DAIA no puede decir, aunque no me imagino en este momento qué específicamente. Además, como la B’nai B’rit es una institución internacional que tiene presencia en 58 países, lo que diga tendrá ese apoyo.
B’nai B’rit ha sido fundadora de la DAIA y la DAIA cuenta con el apoyo de la B’nai B’rit en todas sus acciones. He tenido reuniones con el presidente Donzis en las que le manifesté que en la comunidad se vivirán épocas muy difíciles y no puede ninguna institución cortarse sola, por lo menos las centrales, y que deberíamos tener un vínculo más estrecho para tener acciones comunes, discursos unificados, por que si no los vamos a tener los de afuera se aprovecharan de esa circunstancia.
Los protagonismos ya no corren en la comunidad, lo que corre son las acciones y lo único que va a juzgar la comunidad son las acciones en defensa de la misma. Hay que ser más simple.
¿Cómo ve el panorama comunitario?
No lo veo bien. Creo que los dirigentes tienen un exceso de protagonismo y no actúan en conjunto con la comunidad. Es decir, un dirigente tiene que actuar a favor de la comunidad y no a favor del dirigente. Observe todos los colegios, las instituciones y clubes que ya no están. Yo no acuso a nadie, digo que hay que tener menos protagonismo y trabajar más para las instituciones. Para eso uno es elegido, hay que tener bajo perfil y no mostrarse. En mi caso la que se va a tener que mostrar es la B’nai B’rit, yo lo tengo clara, porque si empieza a confundirse mi apellido con la institución significa personalismo y que he fracasado.
¿Pero se puede decir que la comunidad se achicó?
Si y eso también nos pasa a nosotros. Cuando entre en B’nai B’rit había mucho más miembros de los que hay ahora, hoy somos algo más de 250, pero parecen mucho más porque los miembros se mueven muchísimo, como un ejército multiplicado por cinco. Muchos se fueron por motivos económicos, pero no porque la B’nai B’rit es cara sino que se fueron a Israel, por necesidades personales durante la crisis; algunos porque los hijos se fueron al exterior y se fueron atrás de ellos; algunos renunciaron por no estar de acuerdo, lo que es válido también y otros porque cuando entraron, lo hicieron con otro objetivo, pues no tenían en claro por qué se ingresa a esta institución que es una hermandad; y así se fue reduciendo el universo de miembros.
¿Qué pasa con la juventud? pues hubo épocas que había filiales juveniles
Sí, y están formándose unas filiales juveniles. Hay un hermano destinado a esa tarea con la ayuda de varios miembros, que están abocados a formar una filial juvenil y otras de matrimonios jóvenes. Lo que ocurrió es una cosa rara que me llama la atención. Había acá un montón de jóvenes pero ni uno se quedó, eran todos universitarios de la Capital Federal y del interior.
O falló la institución al no ofrecerles un marco adecuado o, lo que a mí me parece que sucedió, que tal vez no se les dio el lugar protagónico que requiere el joven. Una cosa es la visión como la puedo tener yo, que es una visión un poco más de gerente, con todo respeto hacia mi persona, pero el joven busca otra dinámica, otras actividades, otro lineamiento de la institución, que a lo mejor hay que dárselo y hay que dejar que como dirigente se vayan formando.
El problema es que hay que entender que los cargos son para dejarlos, no para eternizarse y no que el secretario vaya a vicepresidente segundo, después al primero y siempre son los mismos excepto alguno que entra.
Yo en su momento opiné que debe haber cupo, así como hay cupo femenino, también tiene que haber cupo para jóvenes, el 30% ó 40% de una comisión tienen que ser jóvenes. Yo recién comienzo pero estoy en esa línea y no tengan ninguna duda que este ejecutivo es consistente en que van a tener lugar.
¿Cómo se solventa la B’nai B’rit?
Con las cuotas de los miembros, de las donaciones que se reciben y del dinero que se obtiene por las actividades que realiza.
¿No hay ningún tipo de subsidio externo?
No. Esta es una institución de voluntarios, por lo tanto el motor de la institución son los miembros, y si los miembros no se ponen las pilas y colaboran, trabajando efectivamente – no todos porque es imposible eso – la institución se va a pique, pero sí muchos que opinan como yo dicen venimos acá para aportar, para aprender, etc.
Yo aprendí muchísimo en la B’nai B’rit. En derechos humanos yo era lego, totalmente lego, cuando entré en la comisión de Derechos Humanos, de la cual soy el secretario, entonces aprendí muchísimo al lado de Mauricio Tenembaum, que era el presidente en ese momento, que me enseño el “abc” de los derechos humanos y hoy puedo dar una charla tranquilamente a 5, 6 años de estar ahí.
Para terminar, usted nos dijo que B’nai B’rit es una institución internacional. Actualmente ¿hay miembros en la conducción mundial?
Si, hay dos hermanos. Es la primera vez que sucede en la B’nai B’rit que dos hermanos argentinos ocupen altos cargos internacionales, generalmente solo un argentino ocupaba un cargo en la B’nai B’rit a nivel internacional. Uno es Pablo Grinstein, que es el presidente de B’nai B’rit Latinoamérica y el segundo Roberto Nul, que el Senior Vicepresident por Latinoamérica, o sea es el vicepresidente internacional por Latinoamérica. 
El doctor Mario Brodsky (69), casado con dos hijos, es Contador Público y Licenciado de Administración, egresado de la UBA especializado en temas tributarios y fiscales. También es profesor de la facultad de Ciencias Económicas de la UBA, autor de libros y trabajos de investigación sobre su especialidad profesional. También ha tenido una activa participación en las entidades profesionales, la política universitaria y nacional, si bien actualmente no está afiliado a ningún partido político.
Comunitariamente fue un miembro activo del Centro Universitario Sionista, donde conoció a su esposa. Es socio de la Sociedad Hebraica Argentina, uno de los nueve fundadores de la comunidad Amijai, de la que se alejó y actualmente es miembro de la comunidad Bnei Tikva, aunque en estas instituciones no ha ocupado ningún cargo directivo, aunque si lo ha hecho en la mutual Vidalinda, de la que actualmente es su presidente.
Ingresó en B’nai B’rit en 1993, como hermano de la filial Atid, siendo elegido su secretario un año después a la vez que se integró en las diversas áreas de trabajo de la institución, y perteneció a ella hasta el año 2000, en la que pidió el pase a la filial Unión, de la cual ha sido secretario, presidente y actualmente mentor. En la conducción nacional de la en B’nai B’rit ocupó los cargos de protesorero, tesorero y secretario general antes de ser electo presidente. También es el secretario de la Comisión de Derechos Humanos.
EACh.

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