Durante la mañana, cientos de manifestantes de la organización Nación del Islam se reunieron allí para expresar su apoyo a Kadafi.
El líder libio, presidente en ejercicio de la Unión Africana (UA), y el mandatario iraní fueron de los primeros en tomar la palabra el miércoles ante la Asamblea General de la ONU, iniciada temprano por la mañana.
Fue la primera vez que el líder libio compareció en los cuarenta años que lleva en el poder.
Sobre una tarima instalada enfrente a la sede de Naciones Unidas en la plaza Dag Hammarksjold, donde acostumbran darse cita los activistas, niños y mujeres con atuendos tradicionales bailaban en la mañana del miércoles al ritmo de tambores frente a una gran pantalla en la que se leía: "América recibe a Kadafi, líder de la revolución libia". Ante los bailarines, unas 300 personas sostenían carteles verdes con inscripciones como "Larga vida al rey de África", o "Primera visita de Kadafi a Estados Unidos: yo estuve ahí".
El líder de la organización política y religiosa Nación del Islam, Louis Farrakhan, fue muy aplaudido por los presentes. "Siento simpatía por Kadafi, es africano, y yo soy afroamericano", afirmó Franck, de 45 años, quien viajó especialmente desde Connecticut (noreste).
"Kadafi dio mucho dinero, ayudó a los pueblos oprimidos en África, la gente que está en su contra está intoxicada por la propaganda gubernamental", aseguró Aminifu, un neoyorquino de 70 años con decenas de collares y pulseras coloridos.
Alrededor de la plaza, filas de hombres con traje y corbatín rojo marcado con una medialuna y una estrella blancas se encargaban de mantener el orden.
La protesta contra Ahmadinejad comenzó dos horas más tarde y primero contó con la participación de más de cien personas, pero luego se congregaron entre 2.000 y 3.000 personas a media tarde. Algunos grupos de manifestantes llevaban brazaletes y pulseras verdes y otros agitaban banderas de la época imperial marcados con un león. Muchos de ellos ostentaban fotos de Neda, la joven mujer muerta por balas durante las manifestaciones ocurridas después de las controvertidas elecciones de junio en Irán.
"No a la dictadura, democracia para Irán", clamaban las banderolas, mientra un orador sobre una tarima clamaba, ovacionado por los presentes: "El espíritu de las tinieblas habla hoy en Naciones Unidas cuando debería ser arrestado por terrorismo, ¡es una vergüenza!"
Cerca de ellos, sobre la misma plaza, unas cincuenta personas se manifestaban en contra de la visita del líder libio, con carteles que lo tildaban de "asesino".
La reciente liberación por Escocia de Abdelbaset al-Megrahi, el libio condenado por el atentado de Lockerbie, provocó duras reacciones en Estados Unidos, de donde provenía la mayoría de las 270 víctimas de la explosión en pleno vuelo de un avión de la compañía Pan Am en 1998.
Los sentimientos se avivaron también cuando Trípoli intentó encontrar un lugar para armar la carpa de beduino en la que acostumbra instalarse Kadafi.
Después de que las autoridades neoyorquinas le negaran la instalación en el Parque Central y en un terreno en Englewood, en Nueva Jersey (oeste de Nueva York, donde Libia posee una propiedad), el New York Post informó el miércoles de que una tienda similar a las de Kadafi había sido armada en una residencia del magnate Donald Trump, en el condado de Westchester (norte de la ciudad). El rotativo añadió que un inspector del Trabajo intervino el martes por la noche y logró que se desinstalara la tienda.

