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Israel se vuelca con los judíos de todo el mundo que deciden trasladarse a vivir al Estado hebreo

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Por RICARDO MIR DE FRANCIA.-Un sol inclemente baña la explanada del muro de las Lamentaciones. El escocés Paul Maitles espera junto a su familia y otros 102 nuevos emigrantes judíos recién llegados desde Gran Bretaña a que comience la ceremonia de bienvenida que ha preparado para ellos la Agencia Judía. En unos minutos les entregarán su nuevo carné de identidad y, sin más trámites, pasarán a ser israelís de pleno derecho. «A partir de ahora este es vuestro país, todo lo que veis alrededor es vuestro. Emigrando cumplís con la esencia del sionismo. Desde hoy sois sionistas», les dice Hagai Meiron, tesorero de la agencia.
Los Maitles llevaban un año dándole vueltas a la idea de hacer aliyah (emigrar a Israel). «Mi mujer nació aquí pero se marchó cuando era una niña. El año pasado volvió de visita y sintió tal sensación de pertenencia que empezamos a plantearnos seriamente la mudanza», cuenta bajo un cartel donde se lee Bienvenidos a casa. La edad de sus hijos y el impacto de la recesión económica les ayudaron a tomar la decisión. En unos meses se hundió el negocio familiar. Maitles tuvo que cerrar las nueve tiendas de ropa que tenía en Glasgow.
«En Escocia llevábamos una vida cómoda, nunca sufrimos discriminación por ser judíos, pero nos preocupaba el exceso de materialismo. Queremos darles otros valores a nuestros hijos y en Israel sentimos que contribuimos a una causa mayor», asegura este empresario laico de 49 años. Todo está siendo muy fácil desde su aterrizaje. El país trata con mimo a los recién llegados. Y lo hace por una cuestión de Estado.
Guerra demográfica
Desde su fundación, Israel libra un enconado pulso demográfico con los árabes en busca de una clara mayoría de población judía. Mientras a los palestinos les hace la vida imposible para que se marchen, todos son incentivos y facilidades para los judíos de la diáspora. Organismos como la Agencia Judía, que cumple ahora 80 años, o Nefesh B’Nefesh pagan la mudanza y el billete de avión a los nuevos emigrantes (hadash olim). Una vez en Israel reciben entre 10.000 y 20.000 dólares (entre 7.000 y 14.000 euros) de prima para establecerse, préstamos a un interés ventajoso, seis meses de seguro médico y clases de hebreo gratuitos.
Cuando el emigrante llega de Occidente, ni siquiera tiene que perder tiempo en trámites. Representantes de bancos, inmobiliarias, seguros o colegios les esperan en el hotel para hacerles la vida más fácil. «La organización es increíble», dice impresionado Paul Maitles, «casi de estilo militar», añade. El año 1990 fue la década del gran maná migratorio. Cerca de un millón de rusos llegaron a Israel tras la caída de la Unión Soviética y el caos económico provocado por las reformas neoliberales de Boris Yeltsin. «Llegaron miles de médicos, ingenieros, científicos, músicos y artistas. Su aportación socioeconómica ha sido enorme», reconoce el portavoz de la Agencia Judía, Michael Jankelowitz. (Foto)


Pero una vez esquilmada la reserva exsoviética, cada vez hay menos caladeros adonde acudir. Desde 1999 las cifras de nuevos emigrantes no dejan de decrecer. En 2007 se marcharon de Israel más judíos de los que llegaron, un hito sin precedentes desde la guerra de octubre de 1973. En el 2008 llegaron al país 15.500 judíos, el noveno peor registro en toda su historia.
Atraer judíos de Occidente
Hoy los esfuerzos de la agencia están centrados en atraer a los judíos de Occidente, especialmente de EEUU, Canadá, Francia y Gran Bretaña. Ocho de cada 10 recién llegados son religiosos, según Jankelowsky. «Esta gente no huye de nada ni viene para alistarse en el Ejército. Emigran porque quieren vivir en un Estado judío donde es sencillo respetar el sabbath y comer kosher. Aquí les resulta mucho más barato darles a sus hijos una educación judía».
Para vincularse con los potenciales emigrantes, especialmente los jóvenes, las organizaciones dedicadas a promover la aliyah organizan para ellos viajes gratuitos de iniciación y campamentos de verano. Los tours hacen hincapié tanto en los logros socieconómicos del joven Estado, como en el simbolismo bíblico de su geografía o la plétora de «amenazas existenciales» que corre a ojos de sus dirigentes.
La familia Maitles está ansiosa por empezar su nueva vida. «La expresión ‘y si’ no entra en nuestro vocabulario. Nos vamos a quedar pase lo que pase», dice determinado el padre de la familia.

elperiodico.com

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