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Por Laura Fainstein

Marshall “Sigue siendo nuestro maestro”
Por Laura Fainstein

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Para aquellos que conocimos el Seminario Rabínico Latinoamericano en sus comienzos –cuando era sólo la casa de la calle 11 de Septiembre– sabíamos de un lugar muy especial: La Biblioteca. Para mí, una niña de catorce años, cursar materias en el Seminario, y tener acceso y obligación de utilizarla fue una experiencia inédita. Por primera vez comprendía lo que representaba una biblioteca: muchos pero muchos libros, ordenados por criterios que no entendía muy bien cuáles eran y al alcance de uno.

Marshall era nuestro moré, y el lugar físico que había elegido para nuestro curso ese año fue justamente La Biblioteca.

Al inicio del año, abrió su clase pidiéndonos que mirásemos los estantes que cubrían todas las paredes y nos preguntó: “¿Cuántos libros leés vos por año?”. Nos fue preguntando a cada uno… la respuesta tímida de un joven de 14 años era “cinco libros por año”. El que más leía decía quince. Entonces miró un estante de la biblioteca y nos dijo: “En los próximos treinta años si leés sólo diez libros por año, ¿cuántos libros vas a leer en tu vida, sólo este estante? Sólo este pedazo de pared de libros… Todo lo que hay escrito, todo lo que hay por descubrir y aprender ¿y vos sólo vas a leer esto…? ¿Esto es todo lo que te vas a animar a hacer con tu vida, con tu tiempo, con el conocimiento…?”. El silencio del grupo fue impactante, la reflexión también. ¿Eso sólo sería lo que llegaríamos a leer en la vida?

Tal vez no fueron exactas estas sus palabras pero la idea rectora era la que intento transmitirles y que resultó muy inquietante para mis compañeros y para mí.

Ahora les sugiero que se imaginen estas palabras en el tono de voz de Marshall cuando quería interpelarte y conmoverte. Relean estas preguntas en esa sonoridad y traten de imaginarse cuánto ocupan sólo trescientos libros, en treinta años de tu vida…

Desde aquella vez el leer –ya no sólo la cantidad sino el leer– pasó a ser fundamental en mi vida. Una pared pequeña de libros me sigue pareciendo eso: pequeña.

Marshall me incentivó y me mostró que había un mundo para leer y así lo hice. Aún más, aquello que me marcó como adolescente con su presencia, sus preguntas, sus recomendaciones de lectura, me indicaron también que el futuro se hace desde y en el presente hacia delante, en los libros que leí y los que aún espero poder leer.  Revista Veintitrés 
 

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