pesar de que siguen en pie las instrucciones de la unidad de Protección Civil de circular con las máscaras antigás, los únicos que lo hacen en las calles son los militares –obligados por las fuerzas armadas– y los alumnos escolares que cumplen las órdenes de sus profesores. La infraestructura de enlace entre Israel y Estados Unidos, creada tras el inicio de la operación militar contra Iraq ha permitido que el general estadounidense Charles Simpson se instalara en el Ministerio de Defensa de Tel Aviv. Hace pocos días, se dirigió al oficial número dos del Ejército, el vicejefe del Estado Mayor, Gaby Ashquenazi, que coordina todos los estudios sobre el fenómeno de los mártires suicidas palestinos. Hay una diferencia esencial, entre el fenómeno de los radicales de los integristas palestinos que se suicidan en centros con mucha población civil en Israel y los que los han hecho en Iraq, atacando objetivos militares de la coalición. Según dicen en el Ministerio de Defensa israelí, el perfil del suicida, elaborado por los servicios de seguridad Shin Beit, no es relevante para los estadounidenses pero sí lo son los sistemas para identificar al suicida antes de que cumpla su misión y las formas para neutralizarlo, la actuación en los puestos de control y todas las operaciones militares de inteligencia relacionados con este fenómeno. En los últimos 10 años, Israel se ha visto asolado por la acción de 180 suicidas, que pertenecían principalmente a tres organizaciones palestinas: Hamas y Yihad Islámica (ambos grupos fundamentalistas) y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa del movimiento mayoritario palestino Al Fatah.
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