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ELIE WIESEL : «Vivir para impedir que muera la verdad»

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Perdió a su madre y a su hermana en Auschwitz. Vio morir a su padre en Buchenwald. Decidió que su misión sería no dejar morir la verdad sobre el Holocausto de los judíos. Escribió 50 libros, se volvió un humanista, un portavoz de la tolerancia, y ganó el Premio Nobel de la Paz en 1986.
PERIODISTA: El presidente Barack Obama se propone abrir un canal de diálogo con Irak. ¿Lo considera un error? Elie Wiesel: Todo depende del nivel de los contactos. Incluso en países que rompen relaciones diplomáticas, casi siempre hay algún tipo de relación, aunque de un nivel inferior. En el caso de los Estados Unidos, por cierto Obama no está pensando en invitar a Ahmadinejad a visitar la Casa Blanca.
PERIODISTA: ¿Por qué negar el Holocausto debe ser considerado un crimen y no un derecho garantizado por la libertad de expresión? Wiesel: Porque es algo que se les debe a nuestros sobrevivientes, a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Quien niega el Holocausto, por el dolor que les inflige a los sobrevivientes y a sus hijos, comete algo peor que un pecado.
Comete una crueldad, una felonía. Pero aun así no todos los países castigan su negación. En Alemania y en Francia, en cambio, negarlo constituye un crimen.
En los Estados Unidos, no. Allí se entiende que negar el Holocausto es un derecho asegurado por la Primera Enmienda de la Constitución americana, la que garantiza la libertad de expresión.
PERIODISTA: ¿Y eso es errado? Wi e s e l : Soy un gran admirador de la Primera Enmienda, pero creo que debería contemplar una excepción en el caso del Holocausto.
Esto no sería una novedad, porque existen las excepciones. La más conocida es la que considera la circunstancia del “riesgo claro e inmediato”.
Si usted está en un teatro y comienza a gritar ¡fuego!, ¡fuego! sin que haya fuego alguno, y su grito lleva a las personas a correr hacia la salida, de lo que resultan heridos o muertos, usted no está protegido por la Primera Enmienda. Es decir que no podrá alegar que al gritar “¡fuego!” se estaba valiendo de su derecho a expresarse y podrá sufrir una condena por haber ocasionado heridos o muertos.
Basándome en esto, me parece que negar el Holocausto debería ser un crimen, porque también hiere.
PERIODISTA: ¿Por qué las autoridades judías de los Estados Unidos no van a la Corte Suprema con este problema? Wiesel: En los comienzos de los años ’80, cuando yo presidía la Comisión sobre el Holocausto por indicación del presidente Carter, había manifestaciones de gente que negaba el Holocausto. Reuní a un grupo de grandes juristas para discutir qué hacer. Yo pensaba que debíamos procesar a los mentirosos no por la negación del Holocausto en sí, sino por el sufrimiento que les causaban a las víctimas. Todos los juristas me dijeron: “No, no haga eso. No toque la Primera Enmienda”.
Los Estados Unidos son así. La Constitución es un documento sagrado, se lo trata como a una biblia moderna. Admito que la Primera Enmienda forma parte de la grandeza ame- ricana aun cuando no contempla la excepción que yo defiendo.
PERIODISTA: ¿Cuál es el mejor castigo para alguien que niega el Holocausto? Wiesel: La memoria. En el plano legal, no sé cuál es el castigo más adecuado porque no soy jurista. Pero sé que nuestra memoria, la memoria de los sobrevivientes que dieron su testimonio es el mejor castigo que puede haber.
PERIODISTA: ¿No teme que esa memoria pueda desaparecer en 300 o 500 años por la acción de quienes niegan el Holocausto? Wiesel: No. Es un hecho de la historia fuertemente documentado. Además, puedo afirmar que quien escucha a un testigo del Holocausto se transforma también en un testigo.
PERIODISTA: ¿Sesenta y cinco años después del fin de la II Guerra Mundial las lecciones del Holocausto están lo suficientemente aprendidas? Wiesel: Intentamos entenderlas, pero precisamos prestar más atención.
Hace algunos años fue invitado a hablar a una Asamblea de la ONU y dije que si el mundo hubiera aprendido las lecciones del Holocausto, no habría habido tragedias como la de Camboya, la de Bosnia, la de Ruanda o la de Darfur.
PERIODISTA: ¿Se arrepiente de haber contribuido a popularizar la palabra “Holocausto” para designar la matanza de judíos durante la II Guerra Mundial? Wiesel: Sí, porque la palabra Holocausto no es adecuada para describir el horror. Pero no existe una mejor. Hoy, en vez de “Holocausto” prefiero usar apenas “Auschwitz”.
PERIODISTA: La filósofa Hannah Arendt acuñó la expresión “banalidad del mal” al escribir sobre el juicio del nazi Adolf Eichmann, en 1961. ¿Cuál es el significado de esa expresión para usted? Wiesel: Yo también estuve en el juicio de Eichmann en Jerusalén y no vi esa banalidad. Eichmann sabía lo que estaba haciendo. No era un burócrata cumplidor de órdenes.
Siempre disentí de esa idea. Disiento también de la tesis de Hannah de que los judíos fueron pasivos, de que no hicieron lo suficiente para frenar las atrocidades nazis. Yo decía: “Hannah, no había alternativa. Era imposible. Si huías de un gueto, no tenías adónde ir”. Pero Hannah tenía sus convicciones.
Hizo una carrera brillante, era una mujer inteligentísima. El libro “Orígenes del totalitarismo” es una obra maestra. Pero creo que se equivoca al hablar de la banalidad del mal en Eichmann y de las posibilidades de los judíos.
PERIODISTA: ¿El racismo y la xenofobia son dolencias incurables? Wiesel: De alguna forma, las personas se entienden las unas a las otras, pero el racismo y la xenofobia han existido por años. Los deploro. En el comienzo de los ’80, cuando estaba en auge el Movimiento Santuarios en los Estados Unidos (el movimiento daba abrigo y protección a inmigrantes ilegales, sobre todo salvadoreños que huían de la guerra civil), reaccioné contra la denominación de “ilegales” que ellos les daban a quienes no tenían documentos. Ningún ser humano puede “ser ilegal”. El antisemitismo, que es una expresión de racismo, parece incurable. Pensé alguna vez que el antisemitismo había muerto en Auschwitz en 1945. Hoy sé que los que murieron allí fueron los judíos.
PERIODISTA: ¿El racismo está disminuyendo en los Estados Unidos? Wiesel: Llegué a los Estados Unidos en 1956 y recorrí el país para conocerlo mejor. Cuando visité el sur, vi el racismo en acción en la vida cotidiana y, lo que es peor, legalmente, con el aval de la ley. Nunca sentí vergüenza de ser judío, pero en el sur de los Estados Unidos sentí vergüenza de ser blanco.
Hoy, el racismo es ilegal. Eso no quiere decir que no haya racismo, porque hay, pero la ley decidió dejar de ser racista y pasó a castigar el racismo. El cambió ocurrido fue coronado con la elección de Obama. Fui invitado al acto de asunción. Estuve tres filas detrás de él y sentí orgullo de lo que vi. Tuve la impresión de que la Historia intenta corregir sus injusticias.
Un negro es presidente de los Estados Unidos. No es poca cosa.
PERIODISTA: ¿Si pudiera salvar a alguna minoría del sufrimiento, a cuál escogería? Wiesel: A los gitanos de Hungría, de Rumania, de varios lugares de Europa.
Hace pocos días leí en el New York Times sobre las dificultades que están atravesando y ese asunto quedó dando vueltas en mi cabeza. Pero en verdad no creo que se pueda luchar sólo en defensa de una minoría. Hay que luchar por todas ellas.
PERIODISTA: La gente mayor sueña más con la juventud y la infancia que con el presente. ¿A usted le sucede lo mismo? Wiesel: Sí, a medida que comencé a envejecer me fue pasando eso con mayor intensidad.
PERIODISTA: ¿Los horrores del Holocausto aparecen con más intensidad que antes? Wiesel: Sí. Cuando comenzó a pasarme eso me contacté con amigos que también habían estado en campos de concentración y todos me dijeron que estaban pasando por lo mismo que yo. Cuanto más viejos nos hacemos, más soñamos con ese pasado.
PERIODISTA: ¿Todavía tiene en el brazo el número que los nazis les tatuaban a los prisioneros? Wiesel: Sí, está aquí (lo muestra).
Mi identificación era A-7713. La de mi padre era A-7712.
PERIODISTA: ¿Dolía? Wiesel: Un poco. Era algo rápido.
Los nazis era profesionales, tenían técnica. Al final, crearon una máquina inmensa, hicieron tatuajes millares, millones de veces.
PERIODISTA: ¿Pensó alguna vez en borrárselo? Wiesel: Nunca. ?? ANDRÉ PETRY

“Quien niega el holocausto, por el dolor que les inflige a los sobrevivientes y a sus hijos, comete algo peor que un pecado.
Comete una crueldad, una felonía”.

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