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Shmuel Hadas y el proceso de reconocimiento recíproco cuyo inicio se remonta a hace más de un siglo entre el Vaticano e Israel

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Argentino de origen, y diplomático de carrera que en 1994 abrió la representación de su país en el Vaticano tras haber sido en 1986 también el primer embajador israelí en España, Hadas mantiene que la actitud de la Santa Sede hacia la creación del Estado de Israel en la antigua Palestina "fue en principio negativa, incluso hostil".

"Cuando el fundador del movimiento sionista, Teodoro Herzl, pidió en 1905 al papa Pio X que apoyase la creación de un Estado judío, recibió una respuesta tajante", subraya Hadas, quien afirma que el pontífice contestó: "los judíos no reconocieron a nuestro Señor, por tanto no podemos reconocerles el derecho a regresar a Tierra Santa".

A las diferencias "teológicas" se sumaron las "políticas" con la proclamación en 1948 del Estado de Israel y los conflictos armados que se sucedieron a continuación con los países árabes, lo que impidió "la internacionalización de Jerusalén", ciudad que el Ejército israelí ocupó en 1967, durante la Guerra de los Seis Días.

Hadas explica que la "internacionalización de Jerusalén" figuraba en el plan original de la ONU para la región y "era lo que defendía entonces la Iglesia Católica", con el propósito de salvaguardar los lugares santos cristianos, situados en el este de la ciudad (de mayoría de población árabe) y en la vieja ciudadela.

El punto de inflexión se produjo con la Conferencia de Paz de Madrid en 1991, "cuando el Estado del Vaticano es consciente de que los israelíes y los palestinos son capaces de sentarse por primera vez en torno a una mesa para hablar, por lo que comprende que no tiene sentido no hacer igual", asevera el diplomático.

La negociación para el establecimiento de relaciones diplomáticas se inició en julio de 1992 y -"en solo año y medio, lo que es un periodo muy breve para la diplomacia vaticana", destaca Hadas-, en diciembre de 1993 ambas partes alcanzaron el llamado "Acuerdo Fundamental", que desbrozó el camino para el mutuo reconocimiento.

"Para decirlo de una manera que no sea diplomática, para un diplomático, pese a que tenga larga experiencia, el Estado del Vaticano es como otro planeta", comenta sobre los primeros días que vivió, en junio de 1994, como embajador en la Santa Sede.

"No había asuntos consulares, culturales ni comerciales. Me dedique a intentar un acercamiento con la curia romana para crear un clima de confianza", rememora Hadas, que estuvo destinado tres años en el Vaticano y para quien el diálogo entre ambas partes ha sido desde entonces "fluido, profundo y, si ha sido necesario, crítico".

La comunicación franca no ha permitido que, tres lustros después, se hayan resuelto aspectos cruciales del "Acuerdo Fundamental" -como el régimen fiscal de las numerosas propiedades de Iglesia Católica en suelo israelí, algo que sigue pendiente-, aunque Hadas asegura que las posturas de los dos Estados son ahora más próximas.

"Queda el asunto de Jerusalén pero el Vaticano ha cambiado y en la actualidad pide garantías internacionales para la ciudad, no su internacionalización. Y la mayoría de los israelíes es partidario de la creación de un Estado palestino, como el Vaticano", dice.

Hadas admite que la visita de Benedicto XVI ha levantado menos expectativa que la de Juan Pablo II en 2000 pero lo justifica con el argumento de que la del anterior Papa "era la primera" desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambas partes.

Y hace hincapié en el diferente clima que rodea el viaje del actual Pontífice respecto al que envolvió el de Pablo VI, que en su estancia de 1964 "no pronunció la palabra "judíos" y de regreso al Vaticano -que todavía no reconocía a Israel- envió una misiva de agradecimiento dirigida simplemente al "presidente Z. Shazar, Tel Aviv", sin mencionar que se trataba del jefe de Estado israelí.

Fue, no obstante, durante el pontificado de ese Papa -en el Concilio Vaticano II, celebrado en aquel mismo año-, cuando la Iglesia Católica exculpó a los judíos de la muerte de Cristo y les eximió de la acusación de "deicidas", lo que sería condición imprescindible para el reconocimiento bilateral.

Samuel Hadas recuerda que "durante generaciones los teólogos cristianos habían considerado la expulsión de los judíos de Tierra Santa como una consecuencia de su rechazo a aceptar a Jesús como el Mesías. El exilio era el castigo".

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