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Los argentinos en Israel se alistan para un ataque desde Bagdad

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Los israelíes —entre ellos miles de argentinos— dicen no tener miedo, pero esperan la guerra en un clima de máxima tensión. No es para menos: ayer recibieron la orden de preparar los cuartos sellados en las casas, ante un eventual ataque desde Irak, tal como sucedió en la Guerra del Golfo, en 1991, cuando llovieron misiles scuds sobre Tel Aviv, que milagrosamente causaron sólo un muerto.

Sara Mibashan una médica de origen argentino que trabaja en un consultorio en el barrio Hatikva de Tel Aviv, relata a Clarín claros signos de somatización de la tensión general: hay más solicitudes de antidepresivos y tranquilizantes, y crecen las enfermedades cuyo origen es el estrés. «Cuando una paciente me dice que las paredes de su casa son de yeso, está claro que un refugio familiar sellado no le sirve de nada. Debe pensar en correr 300 metros con tres o cuatro chicos en medio de la noche hasta el refugio público: naturalmente tiene que estar preocupada».

Una encuesta de la consultora Shbakim Panorama reveló que sólo un 20% de los israelíes tiene miedo de un ataque químico o biológico cuando estalle la guerra en Irak. Más del 60% considera que Saddam no intentará atacar Israel. Pero encuestas son encuestas y la seres humanos no son promedios de tranquilidad o espanto.

En las últimas semanas, el servicio de Defensa Civil repartió millones de manuales con todas las instrucciones sobre los preparativos y comportamiento deseado antes y durante un eventual ataque iraquí. Desde almacenamiento de víveres y cómo preparar el «refugio sellado», hasta cuál es la señal para inyectarse la dosis de atropina contra gas «nervioso». Este manual de 52 páginas fue traducido a varios idiomas, entre ellos el castellano.

A diferencia de lo ocurrido en 1991, se optó por el español, debido a la ola inmigratoria de la Argentina, en la que llegaron 6.500 personas durante el 2002.

«Acá hay algunos inmigrantes que ya escucharon dos y tres veces las explicaciones de la Defensa Civil sobre las máscaras antigás y el resto de las precauciones a tomar», comenta a Clarín Silvia Dukelski, hablando y comportándose ya como una veterana, a pesar de que vive en el país desde hace sólo 10 meses. Silvia, que como profesora de Historia Judía hablaba hebreo ya en la Argentina, está hoy encargada de servir de intermediaria entre las autoridades educativas y los nuevos inmigrantes argentinos y latinoamericanos en Beer Sheva. «Se dieron explicaciones en los centros de absorción, en los cursos de hebreo y en la sala de la Organización de Inmigrantes Latinoamericanos (OLEI).»

Días atrás, en el centro de absorción de Raanana, cerca de 400 inmigrantes argentinos y uruguayos interrumpieron las clases de hebreo, para «estudiar» cómo se coloca la máscara antigás, cómo y cuándo inyectarse la atropina. Si bien en las aulas circulaban sonrisas y bromas, difícil era ocultar la preocupación. Ilan Arkitecter, el director del centro de absorción, comenta a Clarín que varios inmigrantes prefieren postergar la salida del centro a su propio departamento hasta después del conflicto. «Prefieren pasar la guerra en familia», asegura.

Claudia Iadlin, que llegó de Argentina hace dos meses junto a su marido Gabriel y sus hijos, retiró las máscaras adecuadas para cada uno de ellos. Claudia llegó a Israel sabiendo de la posibilidad de la explosión de la guerra, que nadie ocultó cuando realizó los trámites de emigración: «Venimos de un país con una crisis económica, social y de seguridad personal, y venimos a un país con sus propias crisis. Hay que elegir dónde tratar de construir nuestro futuro. Nosotros elegimos —plenamente conscientes— hacerlo acá».
Shlomo Slutzky. Clarin

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