Ayer, una de las mayores cabezas del movimiento fundamentalista Hamas murió en su auto, junto a tres guardaespaldas, alcanzado por los misiles que dispararon helicópteros israelíes en Gaza. Con ametralladoras en mano, los seguidores del muerto juraron venganza con blanco anunciado en los «diputados y ministros» del gobierno de Ariel Sharon. «Cortaremos cien cabezas; esto abre una nueva etapa en nuestra guerra», juró, con nombre y apellido, uno de los lugartenientes de Ibrahim al Makadme, el terrorista asesinado.
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El ejército israelí reocupó, en tanto, territorio palestino. «Sí, por supuesto (de eso se trata)», afirmó el coronel Yoel Strick, luego de que decenas de tanques tomaron puntos estratégicos en el norte de la Franja de Gaza. «Esta vez nos quedaremos un tiempo», añadió.
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«Si alguien pensaba que la crisis de Irak podría coincidir con una avanzada del gobierno de Sharon sobre territorio en poder de palestinos, ahí tiene una señal», dijo a LA NACION una fuente diplomática. La tensión era enorme, y contrastó con la calma del shabat.
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