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Por: Sergio Dattilo

«Empezamos ayudando sólo a dos chicos y hoy a 273»
Por: Sergio Dattilo

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Pero después entienden y la repercusión es muy favorable. Por eso pasamos de atender a dos chicos en 1999 a los actuales 273». Un rostro infrecuente en los medios masivos, el rabino Tzví Grunblatt explica la función del programa Ieladeinu («Nuestros niños», en hebreo), dedicado a rescatar chicos de hogares que se encuentran en situaciones de extremo riesgo (drogadicción, marginalidad, violencia familiar, incluso abusos sexuales). El religioso, que encabeza la congregación Jabád Lubavitch de la Argentina (encuadrada dentro del judaísmo raigal, u «ortodoxo») afirma que «si bien la mayoría de nuestros donantes son empresarios judíos, también recibimos numerosas colaboraciones de cristianos. Y además, hemos sido tomados como modelo por otras instituciones que abordan este tema, al punto que junto con UNICEF hemos elaborado un libro, ‘Maltrato infantil: el abordaje innovador del programa Ieladeinu’, que ya está siendo estudiado en universidades de todo el mundo». De todos modos, los costos de manutención de un chico dentro del programa son astronómicos para la Argentina: u$s 12.000 anuales por caso, casi sin ayuda oficial. Por eso mañana estarán haciendouna fiesta para recolectar fondos, que animará Julián Weich y en la que los chicos del programa cantarán y exhibirán sus trabajos de arte. « Fíjese que la fiesta la donó totalmente un empresario (que como todos los demás no quiere que se sepa su nombre), así que el total de lo recaudado irá al Programa», advierte el rabino.

El religioso recibe a Ambito-Financiero en su espaciosa oficina de Jabád central, sobre la calle Agüero. El desorden parece campear; sin embargo, lo que predomina son los libros, miles de ellos, que desbordan los anaqueles que cubren las paredes y se acumulan encima de su escritorio y de una segunda mesa de trabajo y estudio. Lo acompaña Alejandro Altman, director ejecutivo del programa. Los nombres de los donantes (tanto a nivel individual como sus empresas) están dentro de los conocidos y hasta los previsibles, dado que se los reconoce como filántropos, pero prefieren el anonimato.

«En la Argentina todavía está la duda de si es bueno o es malo difundir que se hacen donaciones. Por un lado, si se lo comunica, está la posibilidad de que la sociedad lo tome como una muestra de soberbia; pero por otro lado, y yo lo creo así, la divulgación podría provocar el deseo de imitar, de sumarse. Igual, hasta que no se arregle el tema impositivo, la filantropía será un hecho acotado e individual en la Argentina: acá sólo se puede desgravar 5% de los ingresos como donaciones, y por ejemplo en Estados Unidos hasta 38%. Creo que nuestra sociedad está lo suficientemente seria como para que ya no se busque hacer trampa con eso», afirma Grunblatt. Altman agrega que «en Francia el contribuyente puede decidir que una parte de sus impuestos vaya a una ONG determinada y el gobierno se encarga de enviarle los fondos; en Australia, 50% de los presupuestos de escuelas comunitarias son sufragados con fondos oficiales. Nosotros no recibimos ningún subsidio, salvo el otorgado por la Ciudad de Buenos Aires».

A pesar de estas dificultades, el compromiso con Ieladeinu llegó: la sede central en la calle Gallo fue adquirida por cuatro empresarios, y luego donada; la nueva gran sede que se está construyendo en Tucumán al 2200 también fue adquirida por donantes y ahora están trabajando en su remodelación. «En 2005 un empresario organizó una comida para 200 parejas y esa noche se juntó la plata para la compra de Tucumán», relata Grunblatt. «Es lo que digo: la difusión -en este caso en un ámbito privado, es cierto- provoca el deseo de emular, imitar la buena acción.»

¿Cómo fue que una congregación religiosa, que no tenía experiencia alguna en el tratamiento de violencia infantil, se convirtió en menos de una década en un «leading case», un ejemplo tomado por la propia UNICEF como modelo? En 1999 el entonces juez de menores Alejandro Molina se contactó con Grunblatt; en el Gran Buenos Aires había una familia con dos chicos en una grave situación de deterioro. El juez separa a los hijos de los padres y llama al rabino porque su secretaria era feligresa de su templo; los chicos estaban a punto de ser enviados a un hogar del Estado; decidieron contratar a una asistente social para tratar de reconstruir el hogar, y el juez citó a Grunblatt y le dijo: «Sé que puedo confiar en usted; a partir de ahora voy a enviarle todos los chicos judíos que reciba en mi juzgado». El rabino recuerda haber pensado: «Y bueno: serán dos o tres chicos por año, pero doce meses más tarde teníamos casi doscientos.»

Hoy Ieladeinu atiende a 273 menores en tres programas diferenciados, y un total de diez casas-hogar; tiene 130 profesionales rentados y un sinnúmero de voluntarios entre los que se cuenta el ahora ex juez Molina, y que coordina desde el primer día Sara Slapak, decana de la carrera de Psicología de la UBA.

  • Contención

    «El nombre no es casual; a los chicos los tratamos como si fueran nuestros hijos y uno por un hijo hace lo imposible. Lo primero es tratar de reconstruir la situación familiar, apelando a redes de contención que incluyen desde profesionales y voluntarios hasta vecinos y personal doméstico entrenado; hay 138 chicos en esa situación. Después tenemos los Centros de Día, donde hay 77 chicos. Les damos tres y hasta cuatro comidas diarias; los vamos a buscar en remises y taxis a sus casas porque sus padres no los traerían, y se quedan de 8 a 20. Finalmente, para los casos más graves tenemos los hogares. ¿Qué casos son graves? Por citar uno: el padre abusaba de las hijas con la complicidad de la madre; ambos están presos. ¿Cómo terminará la historia? En el mejor de los casos, en una adopción, que es muy difícil tanto desde lo legal (después de todo, los chicos tienen padres que quizás no acepten dar este paso) como desde lo afectivo para ellos y para la familia adoptante.»

    Grunblatt cierra la charla dando la dirección de mail para acercarse a esta obra: amigos@ieladeinu.org. A esta altura cabe recordar que la palabra «tzedaká» en hebreo tiene el doble significado de « caridad» y «justicia». Acercarse a Ieladeinu será entonces un acto de estricta justicia.

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