Ex general y ex héroe de guerra, fue elegido en noviembre para encabezar el laborismo, luego de que éste decidió abandonar el gobierno de unidad nacional formado con Sharon. Con poco carisma, aunque famoso por su honestidad y muy querido por la gente de Haifa, la ciudad de la que es intendente desde 1993, es considerado «inexperto» para un cargo de premier, y más aún en estos tiempos de guerra.
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Para muchos analistas, su campaña de paloma, en medio a un escenario de violencia nunca antes visto en el país, fue una especie de suicidio. Al margen de manifestarse en favor de retomar de inmediato las negociaciones de paz con los palestinos, incluso con Yasser Arafat, considerado aquí un terrorista por todos, Mitzna abogó por la retirada de los asentamientos israelíes. Aconsejado por quién sabe qué asesor político, durante la campaña hasta tuvo el coraje de ir a los asentamientos enclavados en medio de los territorios palestinos a decirles a los intransigentes y ultraderechistas colonos que allí viven que si se van «es mejor para todos los israelíes».
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No totalmente respaldado por su partido -dividido como nunca en distintas corrientes-, Mitzna siempre dijo que no formará un gobierno de unidad nacional con el Likud, como Sharon quisiera. El laborismo ya lo hizo durante los últimos dos años, un precio que justamente ahora paga el pacifista alcalde de Haifa, cuya cabeza puede rodar si la derrota es demasiado profunda.
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