La extrema derecha, algunas de cuyas ideas van ganando terreno en la sociedad israelí, que cada vez asume más como propios algunos de sus postulados, teme ser derrotada en las elecciones del próximo martes por una alianza centrista de los grandes partidos, que han asumido los postulados radicales como propios.
Mientras el viejo sueño ultraderechista de un «traslado» de los palestinos fuera de los territorios ocupados, es decir, su expulsión, se abre camino entre distintos partidos políticos y en el seno de la sociedad israelí, la oposición radical de estos partidos a la creación de un Estado palestino –que parece inevitable– podría dejarles fuera de un próximo Gobierno.
La extrema derecha es un mosaico de pequeñas formaciones, muchas de las cuales están representadas en el Gobierno saliente de Ariel Sharon con 17 escaños de los 120 del Knesset (Parlamento) saliente.
Su principal componente es la Unión Nacional de Avigdor Lieberman, una alianza de tres partidos que, según los sondeos, tendrá entre 7 y 8 escaños en la próxima legislatura.
El Partido Nacional Religioso (PNR) podría, por su parte, obtener 5 escaños, e Israel Be Alya (partido rusófono), entre 3 y 5 escaños, mientras que el Herut, que se describe como la formación más derechista de todo el espectro político israelí, podría obtener dos diputados.
POSIBLE PACTO CON LA ULTRADERECHA
El derechista Likud, dirigido por Sharon, es el favorito en estas elecciones, pero podría verse obligado a pactar con los partidos religiosos y de extrema derecha, puesto que el líder de los laboristas, considerado como una ‘paloma’ dentro de su partido, ha descartado desde el principio que vaya a volver a participar en un Gobierno de Unidad Nacional.
Precisamente para evitar quedar a merced de la extrema derecha, Sharon optó por convocar elecciones anticipadas tras abandonar los laboristas la coalición de Gobierno.
Partidaria de un «Gran Israel», un Estado judío que se extienda desde el Mediterráneo al Jordán con una Jerusalén reunificada por capital, la extrema derecha no oculta que su objetivo es obtener un número de diputados suficiente para poder imponerse a Sharon e impedir la creación de un Estado palestino.
El ‘no’ de Mitzna a un gabinete de unidad nacional podría, según diversos analistas, llevar a una crisis política y a nuevas elecciones en un futuro próximo.
Pero la emergencia de una coalición centrista favorable a una cierta forma de soberanía palestina parece imposible de frenar. Uno de los representantes de la corriente más extremistas de los colonos, Elyakim Ha Etzni, predice días sombríos para los partidos más extremistas.
«Habrá una coalición formada por los dos grandes partidos –Likud y laboristas– y los partidos de centro que excluirá a la derecha ultranacionalista. Una mayoría tan aplastante de la población a favor de un Estado palestino supondrá el fin de los ultra», escribía recientemente en una tribuna publicada por el diario ‘Yediot Aharonot’.
IDEAS INCOMPATIBLES
Paradójicamente, después de 28 meses de conflicto con los palestinos, la opinión pública israelí está, en su mayor parte, a favor de un Gobierno de unidad nacional en el que coexistan ideas tan incompatibles como la creación de un Estado palestino y la «transferencia» de los palestinos.
«La extrema derecha ha obtenido una gran credibilidad porque todos sus pronósticos sobre los acuerdos de Oslo se han cumplido, pero aún no ha sido aceptada como alternativa política», estimó por su parte Israel Harel, uno de los fundadores del Consejo de Implantaciones de Judea-Samaria (Cisjordania) y de Gaza, la organización que agrupa a los colonos.
Según esta interpretación, la Intifada ha provocado un fuerte impulso del país hacia la derecha, aunque los partidos de extrema derecha podrían convertirse en víctimas de su propio éxito al reducirse su margen de maniobra por la radicalización generalizada de los principales partidos.
Fte E.Press

