En procesos electorales anteriores, el número de indecisos a estas alturas de la campaña oscilaba entre el 8 y el 10 por ciento, el mismo porcentaje que asegura que, el próximo 28, decidirá su voto ante la urna misma.
Y la incertidumbre no es para menos si se tiene en cuenta que, en un país con alrededor de 4,5 millones de votantes, se han presentado 28 listas y partidos, y entre las menos conocidas una que defiende la legalización de la marihuana y otra, «los derechos del hombre en la familia».
Según el estudio, efectuado por la firma «Panorama», la mayoría de los indecisos -un 60 por ciento- se identifica con los partidos de la izquierda pacifista y el resto con la derecha nacionalista.
Analistas electorales señalan que la indecisión es el principal enemigo del nuevo líder laborista Amram Mitzna, que no consigue despegar vuelo a pesar de sus posturas relativamente progresistas tras dos años de Intifada, y puede tener implicaciones en la identidad del próximo gobierno.
Los sondeos de fin de semana dan a Mitzna una intención de voto equivalente a 20 de los 120 parlamentarios de la Knéset (Parlamento), mientras su rival, el nacionalista Ariel Sharón, se impondría al frente del Likud con 34.
Mitzna tiene serios problemas para atraerse a un electorado que se halla en el centro político y que en estas elecciones cuenta con la alternativa del partido anticlerical Shinui (Cambio), que incluye en sus filas una amalgama de políticos de ideología entre el Likud y el Laborismo.
Así las cosas, los expertos dan por hecha la victoria del Likud pero advierten que la incertidumbre puede ser determinante en la naturaleza del próximo Gobierno, según el analista Yosi Vadana.
«Hasta que estallaron los escándalos de corrupción en el Likud, Sharón reflejaba una estabilidad que gustaba al electorado, pero desde entonces su público se pregunta si podrá mantenerse en el gobierno (a lo largo de la legislatura) y, si no es así, quién recibirán a cambio», explica Vadana.
Esas cuestiones de forma podrían provocar la fuga de una parte del electorado indeciso hacia partidos más derechistas, y determinar con su peso político el futuro de la nación.
«Se trata (de porcentajes) de incertidumbre altísimos con respecto a campañas anteriores, los ciudadanos están sencillamente confundidos», dijo al diario Rafi Smith, director del instituto de encuestas «Smith», que ha detectado el mismo fenómeno y con una intensidad parecida.
La incertidumbre viene marcada también por los graves problemas que aquejan al país, tanto en los asuntos de seguridad como en los económicos.
Este fin de semana, Sharón aportaba un poco más de incertidumbre al futuro de la región al descartar, en un entrevista con la revista «Newsweek», las iniciativas de paz del «Cuarteto de Madrid», que integran Estados Unidos, la Unión Europea, la ONU y Rusia.
Según el primer ministro israelí, el Cuarteto es «absolutamente nada. No lo toméis en serio. Hay otro plan que funcionará».
El Cuarteto mantiene en espera hasta después de las elecciones israelíes su última iniciativa de paz, que contempla entre otros puntos un proceso de pacificación y la creación de un Estado palestino de fronteras provisionales este mismo año.
Pero Sharón explica que sólo hay un plan de paz viable en la región, y es aquél que aparte al presidente palestino, Yaser Arafat, de las esferas del poder, para ser sustituido por un primer ministro con poderes ejecutivos.
Sólo después, dice Sharón, se podrá pacificar la zona y crear un Estado palestino desmilitarizado y con fronteras provisionales, en lo que él ve como un nuevo acuerdo interino a largo plazo.
En una entrevista paralela, Mitzna señala al semanario estadounidense que intentará negociar con los palestinos, pero si ello no conduce a un acuerdo de paz, decidirá por la separación unilateral como única vía para proteger los intereses nacionales israelíes.
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