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Hebrón, una bomba de relojería

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El sector israelí de Hebrón ha sido la zona que más días de toque de queda ha sufrido desde que diera comienzo la Intifada de Al Aqsa en septiembre de 2000.

El ejército israelí confinó a los palestinos en sus casas desde la primera semana de enfrentamientos, levantando el toque de queda de forma muy esporádica y sólo por motivos humanitarios.

«Cada vez que nos ven nos insultan, nos llaman bastardos, hijos de p…», se queja Yaber frente a la puerta de su casa en la calle Al Haram, ubicada junto al casco antiguo de la ciudad.

La situación de encierro ha aumentado en los ultimos tiempos, debido a las represalias isarelíes por la emboscada perpetrada por tres milicianos de la Yihad Islámica el pasado 15 de noviembre.

En el incidente, ocurrido en el asentamiento cercano de Kiryat Arba, en el que residen unos 60.000 colonos, murieron nueve soldados israelíes y tres agentes del servicio de seguridad.

Divisiones

Hebrón es sin duda la más compleja de todas las ciudades autónomas de Cisjordania. A diferencia del resto, las colonias y bases militares israelíes no se encuentran en su periferia, sino que están metidas en su propio centro.

Yuma Yaber dice que los colonos «nos quieren echar».

La población palestina supera con creces al número de colonos. Unos 500 de ellos viven entre más de 130.000 palestinos.

Desde enero de 1997 la ciudad está dividida en dos sectores, tras el Protocolo de Partición firmado por el entonces primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y el presidente palestino, Yasir Arafat.

Una zona con población de 110.00 palestinos quedó bajo el control exclusivo de la Autoridad Palestina.

La otra, en el que los 500 colonos viven entre más de 20.000 palestinos, fue puesta bajo la supervisión del ejército israelí.

Demolición de inmuebles

Otro de los efectos de las acciones de represalia tomadas recientemente por el ejército israelí ha sido la demolición de casas palestinas.

Se trata de ellos o de nosotros

Jonathan Stern, colono judío
Algunas por haber servido de parapeto a los francotiradores – a pesar de que sus dueños sostienen que no les dieran consentimiento alguno e incluso se vieran coaccionados a punta de pistola- y otras por «razones de seguridad».

En todo caso la demolición parece algo inexorable, tal como explica Yuma Yaber, otra vecina del lugar.

«Incluso si no nos expulsan inmediatamente está claro que quieren darle la calle a los colonos. ¡Nos quieren echar!», exclama.

Para Jonathan Stern, un joven colono de 19 años nacido en Estados Unidos y que ahora reside en Kiryat Arba, no queda otra opción.

«Se trata de ellos o de nosotros», señala Stern, quien además confiesa que desobedecerá cualquier orden proveniente de sus superiores que vaya en contra de los intereses de los colonos.

Palizas y malos tratos

Durante las últimas semanas el número de denuncias por supuestas palizas y malos tratos ha aumentado exponencialmente, asegura Hisham Sharabati, el representante en Hebrón de la principal organización de derechos humanos palestina, Al Kanun.

Desde hace mucho tiempo Hebrón ha sido foco de violencia.

Esto es negado por la oficina del portavoz del Ejército israelí.

Según Sharabati, los agentes de la Policía de Fronteras de Israel detienen regularmente a jóvenes hebronitas y se los lleva al polígono industrial para interrogarlos, utilizando en ocasiones técnicas de tortura.

Uno de los médicos del hospital Mojtaseb, Mazen Yabari, relata como encontraron el cuerpo inerte del joven Imram Abu Hamdiya, de 17 años, la mañana siguiente a su desaparición.

«Tenía un charco de sangre a su alrededor y había muerto por las heridas que presentaba en la cabeza y en la cara», comenta el doctor.

Yabari piensa que probablemente los agentes no intentaron matarlo, pero que se excedieron en el interrogatorio, algo que refutan las autoridades policiales israelíes.

Por lo pronto, la coexistencia pacífica entre palestinos e israelíes en Hebrón se presenta como algo inalcanzable.

Rahin Yaber, de 65 años, hijo y vecino de Radib Yaber en la calle Al Haram sentencia que «es imposible convivir con los colonos», añadiendo a su vez la siguiente metáfora: «es como poner una serpiente venenosa sobre tu pecho. O te mata o las matas, pero no hay termino medio».
Mail de BBC,El sector israelí de Hebrón ha sido la zona que más días de toque de queda ha sufrido desde que diera comienzo la Intifada de Al Aqsa en septiembre de 2000.

El ejército israelí confinó a los palestinos en sus casas desde la primera semana de enfrentamientos, levantando el toque de queda de forma muy esporádica y sólo por motivos humanitarios.

«Cada vez que nos ven nos insultan, nos llaman bastardos, hijos de p…», se queja Yaber frente a la puerta de su casa en la calle Al Haram, ubicada junto al casco antiguo de la ciudad.

La situación de encierro ha aumentado en los ultimos tiempos, debido a las represalias isarelíes por la emboscada perpetrada por tres milicianos de la Yihad Islámica el pasado 15 de noviembre.

En el incidente, ocurrido en el asentamiento cercano de Kiryat Arba, en el que residen unos 60.000 colonos, murieron nueve soldados israelíes y tres agentes del servicio de seguridad.

Divisiones

Hebrón es sin duda la más compleja de todas las ciudades autónomas de Cisjordania. A diferencia del resto, las colonias y bases militares israelíes no se encuentran en su periferia, sino que están metidas en su propio centro.

Yuma Yaber dice que los colonos «nos quieren echar».

La población palestina supera con creces al número de colonos. Unos 500 de ellos viven entre más de 130.000 palestinos.

Desde enero de 1997 la ciudad está dividida en dos sectores, tras el Protocolo de Partición firmado por el entonces primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y el presidente palestino, Yasir Arafat.

Una zona con población de 110.00 palestinos quedó bajo el control exclusivo de la Autoridad Palestina.

La otra, en el que los 500 colonos viven entre más de 20.000 palestinos, fue puesta bajo la supervisión del ejército israelí.

Otro de los efectos de las acciones de represalia tomadas recientemente por el ejército israelí ha sido la demolición de casas palestinas.

Se trata de ellos o de nosotros

Jonathan Stern, colono judío
Algunas por haber servido de parapeto a los francotiradores – a pesar de que sus dueños sostienen que no les dieran consentimiento alguno e incluso se vieran coaccionados a punta de pistola- y otras por «razones de seguridad».

En todo caso la demolición parece algo inexorable, tal como explica Yuma Yaber, otra vecina del lugar.

«Incluso si no nos expulsan inmediatamente está claro que quieren darle la calle a los colonos. ¡Nos quieren echar!», exclama.

Para Jonathan Stern, un joven colono de 19 años nacido en Estados Unidos y que ahora reside en Kiryat Arba, no queda otra opción.

«Se trata de ellos o de nosotros», señala Stern, quien además confiesa que desobedecerá cualquier orden proveniente de sus superiores que vaya en contra de los intereses de los colonos.

Palizas y malos tratos

Durante las últimas semanas el número de denuncias por supuestas palizas y malos tratos ha aumentado exponencialmente, asegura Hisham Sharabati, el representante en Hebrón de la principal organización de derechos humanos palestina, Al Kanun.

Desde hace mucho tiempo Hebrón ha sido foco de violencia.

Esto es negado por la oficina del portavoz del Ejército israelí.

Según Sharabati, los agentes de la Policía de Fronteras de Israel detienen regularmente a jóvenes hebronitas y se los lleva al polígono industrial para interrogarlos, utilizando en ocasiones técnicas de tortura.

Uno de los médicos del hospital Mojtaseb, Mazen Yabari, relata como encontraron el cuerpo inerte del joven Imram Abu Hamdiya, de 17 años, la mañana siguiente a su desaparición.

«Tenía un charco de sangre a su alrededor y había muerto por las heridas que presentaba en la cabeza y en la cara», comenta el doctor.

Yabari piensa que probablemente los agentes no intentaron matarlo, pero que se excedieron en el interrogatorio, algo que refutan las autoridades policiales israelíes.

Por lo pronto, la coexistencia pacífica entre palestinos e israelíes en Hebrón se presenta como algo inalcanzable.

Rahin Yaber, de 65 años, hijo y vecino de Radib Yaber en la calle Al Haram sentencia que «es imposible convivir con los colonos», añadiendo a su vez la siguiente metáfora: «es como poner una serpiente venenosa sobre tu pecho. O te mata o las matas, pero no hay termino medio».

Mail de BBC:[email protected]

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