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Primer astronauta israelí

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«Nos hace olvidar la situación en la que estamos desde hace dos años (la Intifada), la pesadilla de las elecciones y todos los escándalos políticos que se nos han echado encima», afirmaba Shulamit Keren, una israelí que veía el lanzamiento del Columbia en el escaparate de una tienda de electrodomésticos.
Cientos de personas se concentraron para el despegue en los centros comerciales y cafeterías, que convirtieron al primer astronauta israelí en el reclamo comercial de la jornada para atraer a clientes con los que paliar la grave recesión económica.
Ramón, de 48 años, coronel de la Fuerza Aérea y uno de los pilotos que participó en el bombardeo de un reactor nuclear en Irak en 1981, llevaba entrenándose para esta misión desde hace cuatro años, aunque el vuelo fue aplazado sucesivamente por la NASA.
«En el momento de la cuenta atrás abracé a los niños y sentí que los cuatro estábamos temblando», dijo su mujer, Rona, al diario «Yediot Aharonot», que como los otros medios ha desplazado hoy los demás titulares a páginas interiores.
Los tres canales de televisión con servicios informativos y las principales emisoras de radio transmitieron en directo el despegue desde Cabo Cañaveral (EEUU) y alteraron su programación habitual hasta bien entrada la madrugada.
Un reloj en pantalla acompañó la cuenta atrás en Cabo Cañaveral desde primeras horas de la tarde.
«El vuelo de Ilan Ramón es histórico porque nos llena de orgullo al realizar los sueños de todos nosotros», decía después del lanzamiento el presidente de Israel, Moshé Katsav, con quien el astronauta mantendrá una conversación en las próximas jornadas de la misión.
Hijo de supervivientes del campo de concentración de Auschwitz, en la Segunda Guerra Mundial, Ramón llevó al espacio un dibujo de la Tierra vista desde la Luna, obra de un adolescente judío que murió en ese lugar y que es conservado en el Museo del Holocausto de Jerusalén.
Ramón dispone de una alimentación especial de acuerdo a los ritos judíos («kosher»), en lo que el astronauta ha querido que sea un simbolismo de que representa «no sólo a todos los israelíes, sino también al pueblo judío en todo el mundo».
«Un paso gigante», «Hace historia» o «Azul y blanco en el espacio», son algunos de los titulares en la prensa para describir el momento, gestado en 1996 por el ex primer ministro Simón Peres, en una solicitud especial al entonces presidente de EEUU, Bill Clinton, en momentos en que el acuerdo de paz de Oslo avanzaba.
Pero, curiosamente, Peres no estuvo ayer entre los cientos de invitados en Cabo Cañaveral.
En medio de una campaña electoral que tiene saturados a los israelíes, el fiasco ha desatado las acusaciones mutuas entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, el de Ciencias y la Agencia Espacial Israelí.
Medios próximos a Peres echaron leña al fuego al acusar a los «responsables» de sacarlo de la lista por razones políticas, dando a entender que en medio de una campaña electoral nadie iba a dar a un laborista el lujo de anotarse un hecho histórico de estas dimensiones.
Pero, de hecho, no hay nadie más satisfecho del lanzamiento que los mismos políticos, pues gracias a Ramón los escándalos de corrupción contra el primer ministro, Ariel Sharón, han salido de los titulares de fin de semana, como también el desplome del Partido Laborista en las encuestas.

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