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Por Michael Slackman De The New York Times

La conquista de Gaza perturba al mundo árabe
Por Michael Slackman De The New York Times

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La conquista de la Franja de Gaza por parte de Hamas ha atemorizado a muchos líderes árabes porque se debió a las mismas causas de fondo que han estado agitando la región.

Una vez más, igual que en el Líbano hace un año, el enfrentamiento fue entre un gobierno respaldado por Occidente y un grupo islamista extremista, alineado con Siria e Irán. Y, una vez más, el grupo que tenía el apoyo occidental perdió.

Este resultado demostró la creciente amenaza al statu quo que plantea el islam político en lugares como Egipto, Jordania y Arabia Saudita. Además, le permitió a Irán afianzar su posición sobre fronteras árabes.

A medida que se asimila el impacto, los gobiernos que tienen buenas relaciones con Occidente en esta región han tratado de darle un giro a la derrota para interpretarla como una victoria. Ellos se han encolumnado detrás de Mahmoud Abbas, el presidente palestino, ofreciendo dinero y apoyo.

Algunos incluso han hablado de un alivio emocional ante la división entre los palestinos, ya que ha puesto fin al bloqueo impuesto luego de que Hamas asumiera el control. «En el ámbito oficial, yo diría que se percibe como un alivio», comentó Randa Habib, una analista política de Amman. «Yo no diría que ellos deseaban que ocurriera esto. Sin embargo, no está muy lejos de ser así.»

Rápidamente, Egipto tomó medidas para aislar a Hamas. Trasladó sus oficinas diplomáticas de la Franja de Gaza a Cisjordania. También reforzó el cordón de seguridad alrededor de Gaza. El objetivo era demostrar que ponerse del lado del statu quo generaría prosperidad económica y una mayor oportunidad de alcanzar un Estado palestino.

«Yo creo que todos los árabes están con Abbas debido a que todos están con la iniciativa de paz», dijo Mohammed Abdullah al-Zulfa, uno de los miembros del Consejo de la Shura en Arabia Saudita, organismo de consulta sin facultades legislativas.

Pero no es tan simple. No todos los árabes están a favor de Abbas ni apoyan la paz con Israel.

El desafío de esta crisis es el mismo que los líderes árabes han afrontado a medida que trataban de restablecer su legitimidad y de poner freno a la creciente ola del islam político. Egipto está intentando contener la popularidad de la Hermandad Musulmana, y Jordania se está esforzando por contener el Frente de Acción Islámica, el brazo político de la Hermandad. Buena parte de la región ha sido sacudida por grupos terroristas con mentalidad similar a la de la red Al-Qaeda.

En consecuencia, varios Estados árabes -excepto Siria- han promovido la paz entre Israel y los palestinos como el primer paso, y el más esencial, para estabilizar la región, asegurando su propio poder y contrarrestando la creciente influencia de Irán. Esos planes, sin embargo, amplían la división entre los gobernantes y el pueblo, donde predomina el antinorteamericanismo y se da por sentado que Israel es el enemigo.

En cierto sentido, ya empezó una carrera para ver qué llega primero, si un exitoso proceso de paz que asegure el liderazgo de quienes están al mando o el crecimiento de un movimiento político de tipo islámico que detenga el proceso de paz de golpe.

El conflicto entre los palestinos es otra vuelta de esa carrera. «Hay dos constantes en las calles árabes: odio hacia Israel y odio hacia Estados Unidos», dijo Hassan Abu Hanieh, investigador jordano que se ha especializado en grupos islamistas. «Y cualquiera que coopere con Israel y Estados Unidos es detestado automáticamente.»

Un doble juego

Esto es algo que los dirigentes árabes conocen muy bien. En Egipto, por ejemplo, el gobierno tradicionalmente ha hecho un doble juego, ofreciéndose a Washington como un socio estratégico al tiempo que critica su interferencia en la región. Pero el conflicto palestino amenaza con exponer esa alianza, y Hamas se apresura a señalarlo.

«Imaginen si Estados Unidos no hubiese apoyado a Abbas. ¿Qué hubiesen hecho tanto la comunidad internacional como los gobiernos árabes?», dijo Mohammed Habib, el número dos de la Hermandad Musulmana, que está prohibida en Egipto. «Eso es lo que molesta al pueblo árabe. Estados Unidos anuncia una posición y algunos gobiernos árabes la adoptan de inmediato.»

En este momento los líderes árabes están apoyando a Abbas, pero se preocupan por no dañar abiertamente las relaciones con Hamas. Pero mientras algunos esperan que una próspera Cisjordania conduzca hacia la paz, otros albergan la esperanza de que una Gaza estable siga erosionando el apoyo a quienes están aliados con Occidente.

«La vida en Cisjordania, al menos en lo económico, mejorará y, esperamos que, también en lo político», dijo Taher Masri, un ex primer ministro de Jordania. «Hamas verá estos avances y deseará sumarse, lo que llevará a que los elementos en Gaza que están fuera de Hamas moderen su posición y busquen unirse al gobierno legítimo.»
La Nacion

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