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QUE PASO Y QUE PASARÁ EN LA COMUNIDAD JUDÍA

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Por Lic. Eduardo Alberto Chernizki..- Ciertos hechos, desde nuestro anterior comentario, han impactado en los miembros de la comunidad judía de la Argentina de manera significativa, pero solo ponen al descubierto situaciones que se venían gestando desde que comenzó el enfrentamiento militar entre las fuerzas armadas israelíes y la Hezbolláh y otros desde bastante tiempo antes.
Situaciones que los dirigentes con mayores responsabilidades comunitarias preveían y que de una manera u otra intentaron que alteraran de la menor manera posible la vida diaria de los judíos que vivimos aquí.
El recrudecimiento del antisemitismo no surgió hace un mes o dos, sino que viene gestándose desde hace varios años, disfrazado en algunas oportunidades de antisionismo y en otras de antiisraelismo.
No debemos olvidarnos que tanto el aumento de las pintadas antisemitas como agresiones verbales, que sufrieron dirigentes religiosos y simples judío,s fueron muy bien cuantificados en el Informe sobre Antisemitismo 2005 que elabora el Centro de Estudios Sociales de la DAIA, el que cuando se presentó en la última Feria del Libro fue ampliamente comentado por lo medios de prensa del país.
Tampoco que «Mi Lucha» es un libro que se vende muy bien, como ha sido denunciado por el matutino Clarín hace unos meses, junto a otros materiales de neto corte antisemita, en kioscos y librerías.
Que los partidos políticos de extrema izquierda mantuvieran una excelente relación con los sectores palestinos de Argentina tampoco es algo nuevo, al igual que la postura antiisraelí de la señora Hebe de Bonafini. Para ellos Estados Unidos es un país al que se debe criticar y combatir, de palabra lógicamente, por ser el máximo representante del capitalismo explotador y por extensión a sus aliados, y el Estado de Israel es uno de ellos.
Por otra parte las marchas de miembros de la comunidad árabe, junto activistas de los partidos de extrema izquierda, no comenzaron ahora, sino que ya se produjeron en oportunidades anteriores en las que Israel realizó alguna acción de represaría a un atentado que sufriera en su territorio. Quizás lo novedoso en estas últimas semanas es que se le agregaran miembros de sectores piqueteros y del Grupo Quebracho.
Pero lo ocurrido el 23 de agosto, frente a la sede diplomática de la República Islámica de Irán en Buenos Aires, ampliamente difundido por los noticieros televisivos, de que miembros del Grupo Quebracho, muchos de ellos con sus caras cubiertas y portando palos, enarbolando la bandera de Hezbolláh y profiriendo consignas contrarias al Estado Judío, impidieran a un grupo de jóvenes judíos de la comunidad manifestar su protesta por la evidente, e innegable, ingerencia de Irán en el accionar de la Hezbolláh, mientras los miembros de la Policía Federal presentes sólo intentaban organizar la circulación vehicular.
El efecto en muchos los miembros de la comunidad judía de lo que observaron en la televisión, que al día siguiente algunos medios gráficos informaron con amplitud mientras que otros apenas reprodujeron una fotografía, fue conmocionante.
Muchos se plantearon si lo que había ocurrido no se asemejaba, salvando las distancias, con la manera en que las SA hitlerianas hacían en Alemania en los años finales de la década del veinte del siglo pasado.
Otros, tan preocupados como los anteriores, se preguntaban por qué esos jóvenes tuvieron que ir a manifestar su protesta frente a la Embajada de Irán, llegándose a escuchar que la DAIA debería haberlo impedido.
Pero lo que ocurrió tiene un antes y un después, que es necesario que se sepa a fin de no realizar evaluaciones erróneas frente a una situación tan grave, y que puede serlo más en futuro no muy lejano.
El «antes» lo constituyeron una serie de comentarios, siempre efectuados en tono de crítica, en círculos cerrados, pero sabiendo que se producirían filtraciones, que objetaban que la comunidad no se movilizara con marchas a las sedes diplomáticas de Irán, Siria y El Líbano, de la misma manera que los sectores partidarios de la Hezbolláh y los palestinos hacían frente a la Embajada israelí; a lo que se le debe agregar la queja de que en las tres movilizaciones organizadas por las instancias centrales comunitarias la cantidad de jóvenes presentes no fue la esperada.
Un grupo de jóvenes judíos que si participó de las tres movilizaciones (el 20 de julio frente a la Embajada de Israel, el 1 de agosto en el Club Náutico Hacoaj y el 14 de agosto en la plaza Embajada del Estado de Israel, en Suipacha y Arroyo) influidos por esos comentarios, se cansó de lo que consideraban un acotado accionar de esas instancias centrales y resolvió que había que hacer lo que se le pedía a la comunidad, manifestar por lo menos hacía una de las sedes diplomáticas árabes que estaban apoyando a la Hezbolláh y decidieron hacerlo frente a la de Irán y así lo difundieron por Internet y boca en boca. De los factores ideológicos identificados con el movimiento sionista sólo uno adhirió a la convocatoria de los jóvenes, el Likud de Argentina.
Las instancias centrales de la comunidad consideraron que esa manifestación no debía realizarse, e intentaron persuadir a los jóvenes para que desistieran, en reuniones realizadas en el edificio de la AMIA, hasta pocas horas antes de la anunciada para congregarse en Palermo Chico.
Tan es así, que en declaraciones efectuadas después de lo que ocurrió frente a la Embajada de Irán, el presidente de la Organización Sionista Argentina, licenciado Silvio Rossjansky, afirmó que la institución que preside no tenía nada que ver que la organización de acto que el Grupo Quebracho impidió, pese a lo cual repudiaba que no se hubiese dejado expresar a los jóvenes judíos que intentaron hacerlo.
No negamos que las instancias centrales comunitarias tienen, entre sus funciones, velar por la seguridad de la comunidad, todo lo contrario, y que por lo tanto estaban obligados a prevenir que se produjeran incidentes de imprevisibles consecuencias, como podrían haber ocurrido si se producía un enfrentamiento entre los miembros del Grupo Quebracho y los jóvenes judíos.
El después es la inmediata decisión de la AMIA y la DAIA de solicitar una entrevista al ministro del Interior, doctor Aníbal Fernándes, para expresarle su preocupación por lo ocurrido y anunciarle que han de querellar al Grupo Quebracho.
Creemos que lo comentado es sólo la punta de algo mucho más grande, pues en la facultad de Filosofía de la UBA, se realizó un acto para analizar lo que ocurre en Medio Oriente que fue utilizado para denostar a Israel, el sionismo y poner en duda el derecho de existencia del Estado de Israel; la proliferación de pintadas antijudías y antiisraelíes en toda la ciudad y sus alrededores y la existencia de carteles del mismo tenor, no es algo circunstancial sino el producto de una campaña muy bien planificada, en la cual se nos equipara, a los judíos que vivimos en Argentina con los que viven en Israel, por ser solidarios con el Estado Judío y sostener su derecho de poder vivir en paz.
Frente a esta realidad, la comunidad no puede permanecer callada, debe actuar. Por un lado como lo hace, pero no sólo después de que ocurren los hechos sino anticipándose a los mismos.
Esto es lo que tendría que pasar

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