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Más dudas por el plan nuclear del Gobierno

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El miércoles, el Presidente confirmó un anticipo de PERFIL: va a producir uranio enriquecido. Y la preocupación de Estados Unidos no se hizo esperar: quiere garantías de que no habrá triangulación con Venezuela e Irán. La comunidad judía local también está alerta y hasta expertos de la ONU se suman a la polémica. Mientras aún no se sabe qué se hará con el aumento de residuos, Irán pone al servicio su tecnología. YOLANDAYEBRA El presidente Néstor Kirchner, el ministro de Planificación, Julio De Vido y el secretario de Energía, Daniel Cameron, anunciaron el miércoles el plan nuclear para la Argentina que PERFIL había anticipado el domingo. El proyecto motivó a Estados Unidos a pedirle a la Rosada que «se asegure» de que la reactivación del enriquecimiento de uranio no contribuya a transferir su tecnología a terceros. Teme que alguno de los seis Estados del «eje del mal» (Irán, Corea del Norte, Bielorrusia, Myanmar, Zimbabwe y Cuba) saque provecho bélico de la tecnología para enriquecer uranio, tan sugestivo para el mercado negro. La preocupación de EE.UU. la comparte la comunidad judía argentina, confió un destacado miembro de la AMIA, «por la triangulación entre Argentina e Irán, mediante (el presidente de Venezuela) Hugo Chávez, con el que Kirchner se lleva bien’. «Se tocan las puntas del triángulo», opinó sin perder de vista que Irán está inmerso en un complejo tira y afloja internacional por su propio plan nuclear y que Chávez estrecha, cada vez más los lazos con la república islámica. La Unión Europeay EE.UU., principalmente, dudan que el Estado persa se limite a generar uranio enriquecido con fines pacíficos. Israel, por su parte, acusa al régimen de los ayatolás de financiar al grupo libanés Hezbollah, al que señala por el atentado en la AMIA, en 1994. Jorge Kirszenbaum, presi dente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentina (DATA), confirmó la «preocupación» por «el acercamiento entre Venezuela e Irán»: «Las expresiones del presidente iraní (Mahmud Ahmadinejad) y de Chávez han sido desafortunadas respecto a Israel. Con ese acercamiento, existe el peligro de que el conflicto de Oriente Medio se introduzca en la región’. Kirszenbaum no confía en Chávez, pero sí en Kirchner: «Los objetivos de Argentina siempre fueron pacifistas. El Gobierno es lo bastante democrático y prudente para saber que ése es el desafío científico y no que pueda ser utilizado para otra cosa», declaró. Dudas y huecos. William Potter, director del estado-unidense Centro de Estudios para la No Proliferación (CNS), manifestó «serias dudas de que se pueda justificar la renovación de las actividades de enriquecimiento de uranio (en Argentina) por razones económicas». «Sospecho que se gastará muchísimo dinero antes de alcanzar una_capacidad de enriquecimiento significativa. Es más, si Argentina sólo está interesada en adquirir uranio enriquecido de baja intensidad para su industria energética civil, sería más barato importarlo», alegó. Potter, quien fue asesor sobre desarme de la Secretaría General de la ONU, teme «que el anuncio de Argentina sobre su el enriquecimiento no sea más que una reacción política a anuncios similares de Australia y Brasil. El plan podría generar orgullo y apoyo politico interno; pero, a largo plazo, es probable que sea una presión innecesaria para su economía. Puede que Argentina sólo logre lo peor: no alcanzar una capacidad de enriquecimiento de uranio con un buen costo-beneficio; gastar muchísimo dinero y alentar a otros Estados a tomar decisiones imprudentes similares», redondeó. Su tesis la comparte Lawrence Scheinman. El ex subdirector de No Proliferación y Control Regional de Armas de la Agencia de EE.UU. para el Control de Armamento y el Desarme, cree que «la reactivación del enriquecimiento de— uranio podría animar a Irán a seguir con su propio programa». La preocupación de los expertos de EE.UU. y de Israel no serán las únicas. Los ecologistas también lanzarán dardos al plan, que destina 3.500 millones de dólares para terminar la central de Atucha II, extender la vida de Embalse y estudiar la construcción de otra. Darío Jinchuk, director de Relaciones Internacionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica, detalló las partidas presupuestarias: «Acucha II llevará 600 millones de dólares, más otros 250 destinados a la carga de agua pesada. Embalse requerirá 400 o 500 millones y una cuarta central llevaría mil millones». A la hora de detallar el presupuesto para atajar el aumento de residuos, dijo: «No sé si hay un presupuesto». Tampoco está previsto dónde ubicar los residuos: «Es parte de los estudios que se deben hacer», declaró. Jinchuk apeló a la Ley Nacional de Gestión de Residuos Radiaactivos. «Ley (de 1994) que nunca se puso en práctica a pesar de su gestión». También aludió al Informe al Congreso sobre Gestión de Residuos, elaborado con datos de 2004, y al Plan Nacional de Gestión de Residuos, que «el Congreso aún no aprobó» y que la Secretaría de Energía tendrá en algún despacho. Otra fuente consultada apeló al PRAMU, un plan de crédito de 25 millones de dólares del Banco Mundial. «Con ese dinero sobra», dijo la fuente. Pero ese proyecto se limita a la restitución de zonas afectadas por la minería de uranio. Sobre la seguridad para evitar que el uranio acabe en el mercado negro, Jinchuk aseguró que «todas las instalaciones están custodiadas. Dentro de los límites posibles, cumplimos con las condiciones de seguridad que impone la AIEA’, concluyó.

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