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Un ejército débil que deberá sostener la tregua en la patria de los Katyusha

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Decorativo a su manera, el arco sobre la ruta bombardeada tiene las banderas amarillas de Hezbollah, el inquietante fuselaje de dos de sus misiles allí colgados y la leyenda en árabe «vete, invasor, vete», en referencia a Israel.

Esta tierra al sur de todo parece un país distinto del resto del Líbano; uno con bandera, himno, historia y próceres propios. Una tierra de guerreros y de cohetes Katyusha, a la que, por primera vez en varias décadas, llega hoy el ejército libanés -conocido por su debilidad- en una audaz e incierta maniobra para intentar preservar el cese del fuego.

¿Qué podrá hacer allí, plantado entre el moderno ejército de Israel y la milicia islámica capaz de derribar helicópteros y hundir fragatas misilísticas, este otro dotado con armamento antiguo y más acostumbrado a dirigir el tránsito que a otra cosa?

La orden de su desplazamiento la dio ayer el primer ministro, Fouad Siniora. Y él dio indicación, también, de lo primero que se espera de ese paso.

«Seamos un país con una sola voz, como una sola cosa. Ganemos, en esta hora, unidad para todos los libaneses», dijo el gobernante, que forcejea como puede contra el poder real que es Hezbollah.

A todo esto, y tras 72 horas de cese del fuego, Siniora se refirió ayer -por primera vez- al tema, al decir que estaba «orgulloso» de lo ocurrido en el campo de batalla. A veces… él mismo parece contradecir lo que dice, pero eso es otra historia.

Tal vez por eso, en esta parte del país donde los caminos se decoran con viejos tanques ganados al ejército israelí a lo largo de sucesivas guerras, mucho no le creen.

«Acá el gobierno central no existe, no sabemos quién es Siniora. Hace un mes que no tenemos ni agua ni luz por los bombardeos israelíes y nadie de allí llamó para ver cómo estamos», dijo a LA NACION Mosses Assun, vecino del arrasado y vecino pueblo de Meys al Jabal.

«Aquí sólo existe Hezbollah, ellos sí que van a ayudarnos», añadió Assun, a quien, al igual que al resto de los vecinos, la anunciada presencia del ejército despierta simpatía -«son nuestros hermanos», dijo-, pero no mucho más que eso. «Ellos no pueden hacer mucho por defendernos, son débiles», añadió.

Desde el gobierno, el envío del ejército tiene mucho sabor a reconquista, una brazada desesperada para recuperar presencia institucional en esta conflictiva zona del país, donde muchos ponen en duda su lealtad. «A veces parece que el gobierno de Beirut trabaja para Israel y no para nosotros», se escucha por aquí.

Además, según trascendió, el gobierno libanés sabe que difícilmente se pueda integrar una fuerza internacional en la frontera si él mismo no está dispuesto a sumarse al esfuerzo.

Dudas

En la comunidad internacional, sin embargo, las expectativas son más ambiciosas. Apuntan a que esas tropas sean efectivamente capaces de evitar fricciones entre Israel y Hezbollah.

«Eso es algo difícil de imaginar. Hoy el ejército israelí sólo necesita un par de horas para derrotar al libanés», dijo a LA NACION el general retirado Amin Hotait.

Del otro lado, nadie que conozca la composición del ejército imagina siquiera la posibilidad de que sus efectivos se planten contra Hezbollah. «Son casi lo mismo, porque el 70% de su tropa es musulmana y chiita, de modo que nada de pensar en eso», apuntó, en tanto, el general retirado Elías Hanna.

Ausente hasta ahora del conflicto que enfrentó al ejército israelí con la milicia islámica de la resistencia durante 33 días, la fuerza libanesa pagó, sin embargo, un alto precio en vidas, con decenas de soldados muertos durante bombardeos aéreos de Tel Aviv sobre sus cuarteles.

Pobres en efectivos y en material y sin aviones de combate, las fuerzas libanesas, con 60.000 hombres en servicio activo, son más bien un instrumento para el mantenimiento del orden interno y de defensa civil, tareas en las que se han mostrado muy efectivas durante la emergencia.

Aun así, anoche este peculiar ejército había puesto proa al Sur, hacia la tierra de los Katyusha. Su primer desafío logístico será, sin embargo, poder cruzar en tiempo y forma el río Litani, algo que, pese al desplazamiento de sus hombres en la zona, no pudo conseguir en tres días para los sufridos libaneses, que siguen empantanándose en los puentes que destruyó Israel.

Después de eso comenzará, de verdad, esta compleja maniobra para intentar asegurar la paz.

Por Silvia Pisani
Enviada especial

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