Inicio NOTICIAS Todos los actores del drama palestino-israelí han actuado de acuerdo al libreto.
ALARMANTE ESCALADA
por Samuel Hadas

Todos los actores del drama palestino-israelí han actuado de acuerdo al libreto.
ALARMANTE ESCALADA
por Samuel Hadas

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Desde el momento en que el soldado israelí Gilad Shalit fué secuestrado por ¨militantes¨ palestinos, escriben Gareth Evans y Robert Malle del International Crisis Group en el Financial Times londinense, todos los actores del drama palestino-israelí han actuado de acuerdo al libreto. Para Hamás, ello significa violencia terrorista, para Israel, acciones que acaban siendo castigo colectivo.

El objetivo de las operaciones militares israelíes en la franja de Gaza y la detención de dirigentes de Hamás, entre ellos ministros y diputados, es el de demostrar a Hamás que el secuestro del soldado israelí no les beneficiará en nada y que, por el contrario, causará serios perjuicios al gobierno Hamás y a todos los palestinos. El resultado, hasta el momento, como lo demuestran los sondeos de opinión pública palestinos, ha sido que el serio deterioro de la situación ha aumentado considerablemente el apoyo a Hamás, que ve reforzado su poder.

Pese a que a diario crece la intensidad de la violencia en la franja de Gaza, la actualidad palestino-israelí, sin embargo, ha quedado relegada a un segundo plano, como resultado de la operación terrorista del miércoles pasado de la organización fundamentalista radical Hezbollah, en la frontera libanesa con Israel. Esta acción ha complicado la situación al punto que el gobierno israelí considera que de hecho nos encontramos en estado de guerra. Más que de una acción terrorista, se trata esta vez de un acto de guerra, emprendido desde el santuario que proporciona un país soberano a una organización terrorista que actúa contra otro país soberano, sin que su gobierno haga nada por impedirlo, pese a la resolución del Consejo de Seguridad, que le obliga a desmantelar a dicha organización. Con el agravante que esta organización actúa con el nada oculto patrocinio político y financiero y con sofisticado armamento proporcionado por el gobierno de uno de los países del ¨eje del mal¨, Irán, con la abierta complicidad de otro de sus integrantes, Siria.

En Israel no se recuerda, en muchos años, una situación similar a la presente, en que la opinión pública haya presionado tan vigorosamente sobre el gobierno para ¨actuar con toda la fuerza¨ y acabar con Hezbollah. No hay nada que sensibilice más a los israelíes, además de las bombas suicidas, que los secuestros de sus ciudadanos, sean o no soldados.

Lo que más ha enfurecido a los israelíes, incluyendo autorizados columnistas, ha sido la insolencia con que el líder de Hezbollah ha justificado la operación de sus ¨milicianos¨ (léase terroristas). La reacción es casi unánime: hay que evitar que Hezbollah salga victoriosa de esta acción. A esta exigencia se han sumado algunos comentaristas que en el caso del secuestro del soldado Shalit a manos de terroristas palestinas, aconsejaban al gobierno a negociar con los palestinos. Hezbollah, escribe uno de los más autorizados analistas israelíes, no deberá ser, al término de esta acción, el mismo que desató este gravísimo incidente. El miércoles por la noche, el gobierno israelí decidió, unánimemente, represaliar con severas medidas.

Muchos exigen hoy ¨liquidar a Hezbollah¨o, por lo menos, presionar sobre los libaneses, con ataques a la infraestructura del Líbano que causen penurias y sufrimiento a la población, para que, a su vez, presionen sobre su gobierno para poner coto a la utilización por parte de Hezbollah del territorio libanés en su guerra santa contra Israel. Precio similar, de hecho, al que están pagando los palestinos, por no lograr que el gobierno Hamás actúe para devolver al soldado secuestrado e impedir la lluvia de cohetes que a diario caen sobre poblaciones fronterizas israelíes.

Al gobierno israelí no le queda, por el momento, otra opción que una acción militar de gran envergadura que devuelva a su ejército la perdida capacidad disuasiva, aunque no olvida que la única fórmula para una salida a la situación actual no será otra que recurrir, además de los medios militares, a la presión diplomática. Todo indica que hasta que esto sea posible, Israel está en camino de una gran escalada de sus operaciones militares, desconocida en muchos años, tanto en la frontera con el Líbano como en la franja de Gaza. ¨Una acción que cambie las reglas del juego¨, como acaba de expresar el Jefe del Estado Mayor israelí, general Dan Halutz. Israel se ha fijado como objetivo primario destruir la red de posiciones de Hezbollah adyacentes a la frontera con Israel y el extenso sistema de misiles construído en el sur del Líbano con la ayuda de Irán y Siria. Las presiones internacionales para suspender las hostilidades ya han comenzado, por lo que poco es el tiempo a su disposición para cumplir con sus objetivos.

De preocupante, la situación se ha tornado alarmante. ¿Y después, qué? En el Oriente Próximo, donde lo único previsible es lo imprevisible, nada más arriesgado que aventurar un pronóstico. En cualquier caso, a israelíes, palestinos y libaneses, solo les cabe esperar un largo verano, de cálido a ardiente.

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