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Olmert: no hay que tolerar indefinidamente la actitud de Irán.

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Cuando se cumple el vigésimoquinto aniversario de la destrucción del reactor atómico de Irak por la aviación israelí, el Gobierno de Israel se enfrenta a la nueva amenaza que representa Irán desde un segundo plano, dejando, de momento, que sea la comunidad internacional la que se encargue.

El primer ministro israelí, Ehud Olmert, advierte siempre que puede que no hay que infravalorar la amenaza que representa Irán con su programa nuclear y sus llamamientos a ‘borrar a Israel del mapa’.

Pero, de momento, Israel se limita a adherirse a la campaña internacional para impedir que Teherán se convierta en potencia nuclear y prefiere que sean otros países los que lleven la voz cantante.

Olmert advirtió, sin embargo, ayer, al Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea, Javier Solana, a quien recibió en Jerusalén antes de que viajara a Teherán, que en esta cuestión tiene mucha importancia el factor tiempo, alusión a que no hay que tolerar indefinidamente la actitud de Irán.

Hace 25 años, la operación israelí -que fue la primera contra un reactor atómico- fue condenada unánimemente por la comunidad internacional, aunque el reactor iraquí de Osirak quedó destruido tras un bombardeo de 90 segundos.

El entonces primer ministro de Israel, Menajem Beguin, esperó en su despacho, recitando salmos, el resultado de la arriesgada operación de los cazabombarderos que, sobrevolando el territorio de varios países árabes vecinos, llegaron hasta Tawita, a 18 kilómetros de Bagdad, para lanzar sus explosivos sobre el reactor.

Los pilotos israelíes, entre ellos el actual comandante de las Fuerzas Armadas, general Dan Halutz, tuvieron que volar 1.100 kilómetros por cielos de países enemigos -Jordania, Arabia Saudí e Irak-, gran parte de ellos a muy bajo altura para eludir los radares.

Los propios aliados estadounidenses se enojaron por la operación y recordaron a los israelíes que los aviones que le habían entregado eran para su defensa, pero Begin contestó que no hay mejor defensa que eliminar una amenaza.

El entonces presidente iraquí, Sadam Husein, juzgado actualmente por crímenes contra la humanidad por un tribunal de su país, bajo ocupación de EEUU, era descrito en un documento de los Servicios Secretos israelíes (el Mosad) como ‘obsesivo megalómano, astuto, sofisticado y cruel’, capaz de ‘asumir grandes riesgos por ambición’.

‘La posesión de un arma nuclear le posibilitará amenazar y atacar a Israel, y ganar la supremacía en el mundo árabe. Está decidido a actuar a la primera oportunidad aunque es consciente de que puede haber una represalia’, agregaba el informe.

Consideraciones similares respecto al peligro que representaría un ‘Irán atómico’ pueden escucharse hoy en medios políticos y militares de Israel y de boca de los políticos.

Olmert ha trazado incluso paralelismos entre el presidente de Irán, Mahmud Ahmedinejad, y los dirigentes de la Alemania nazi, al afirmar que no se debe pensar que su violencia es sólo retórica, como se hizo en un principio con los nacionalsocialistas.

Por otra parte, la crisis en torno al programa iraní ha hecho resurgir el debate sobre el supuesto poderío atómico de Israel.

En 1981, Israel, según la prensa extranjera, ya era una potencia nuclear con un arsenal de 200 artefactos, capacidad que había adquirido desde la década de los cincuenta con la ayuda de Alemania, su principal aliado en Europa y de Francia.

En 1986, Mordejai Vanunu, técnico del reactor nuclear de Dimona, reveló los secretos más guardados por Israel acerca de su capacidad atómica y entregó fotografías de esa central al periódico ‘Sunday Times’

Hasta la fecha, no obstante, ningún Gobierno israelí ha admitido la posesión de armas atómicas en su arsenal militar pero expertos británicos calculan que Israel, que tiene en él su principal arma de disuasión frente a sus enemigos árabes, cuenta con unos 200.

‘Israel no será el primero en emplear armas nucleares en Oriente Medio’, es la fórmula oficial.

Hace unos años, el ex primer ministro y ex jefe de la diplomacia Simón Peres -uno de los artífices del poderío atómico atribuido de este país- afirmó que Israel permitirá la inspección de su reactor una vez que los países árabes en estado de beligerancia con Israel hagan las paces con el Estado judío.

Tras el ataque de hace 25 años, el Gobierno de Beguin explicó con un comunicado que Israel ‘nunca permitirá que un enemigo desarrolle armas para destruir a nuestro pueblo’, y ‘tomará todas las medidas preventivas para defender a sus ciudadanos’.

El Gobierno de Olmert considera que ‘un Irán integrista con la bomba atómica es un peligro para todos, no sólo para Israel’ y, al menos de momento, prefiere adherirse a los esfuerzos diplomáticos.

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