Inicio NOTICIAS *Rabino Abraham Skorka: » «El antisemitismo, aunque disfrazado, es todavía muy fuerte»

*Rabino Abraham Skorka: » «El antisemitismo, aunque disfrazado, es todavía muy fuerte»

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Su pensamiento se articula sobre dos ejes: la búsqueda de la verdad y el valor del diálogo. «Dialogar significa salir del punto de vista de uno para entender al otro y regresar a la propia identidad después de haber hecho el esfuerzo por entender la ajena. Esta es la condición necesaria para crear una nueva realidad humana», dice el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer desde 1996 y profesor honorario de Derecho Hebreo en la Universidad de El Salvador.

«Si las religiones y los pueblos no aprenden a dialogar –vaticina–, seguiremos en un círculo de odio y guerras, porque el antisemitismo continúa, aunque ahora disfrazado de antisionismo.»

Doctor en Química, Skorka confía en la ciencia como instrumento para comprender el mundo. Hombre de fe y profesor invitado de Talmud en el Jewish Theological Seminary de Nueva York, admite que la verdad última está en manos de Dios. «Pero si queremos dignificar nuestra condición humana –advierte–, debemos buscarla sin tapujos, respetando la norma que me dice que yo no soy Dios.»

En su libro más reciente, «¿Hacia un mañana sin fe?», reflexiona sobre la problemática del hombre contemporáneo, desde su doble condición de científico y líder espiritual. En buena parte de la obra, destaca la necesidad del «diálogo interreligioso en el que ninguna de las partes trate de cambiar a la otra, sino de comprenderla». Además, se adentra en el campo de la bioética, para abordar los desafíos que el avance de la medicina le plantea a la moral.

-¿Cuál es la postura del judaísmo respecto de la donación de órganos?

-Está totalmente permitido. Se pueden donar todos los órganos. Es más: hacerlo es una mitzvá, un acto de cariño respecto del otro.

-¿Se admite el uso de tejidos clonados con fines terapéuticos?

-Algunos bioeticistas de la Halajá, la ley tradicional judía, acuden a una figura de la literatura rabínica: el Golem, un antropoide, una suerte de ser humano imperfecto y artificial. Si un hombre va a morir por un cáncer de hígado, ¿por qué no salvarle la vida creando un nuevo hígado a partir de una célula clonada? El tema es que esa célula clonada tiene todos los elementos para crear un nuevo ser…

-¿También tiene alma?

-Esa es la gran discusión. Me incluyo entre quienes nos preguntamos en qué medida no estaríamos destruyendo un posible ser humano para salvarle la vida a otro, dado que lo que se hace es manipular un cigoto para formar tejido; si se lo implantara en un útero podría llegar a ser una persona. La gran pregunta es si eso es un golem o un ser humano en potencia.

-¿Acepta la ley religiosa judía la clonación de un ser humano?

-Clonarlo por clonarlo sería un acto de terrible egoísmo, y la vida consiste en abrirse al prójimo.

-¿Cuál es su postura respecto de las parejas homosexuales?

-Es cierto que la ley judía no lo acepta y que no podrían tener un casamiento religioso. Pero al leer esa ley con cuidado, se advierte que trata de tapar el tema. Yo interpreto que si dos hombres o dos mujeres adultos deciden vivir juntos, no tengo por qué adentrarme en la sexualidad de ellos. Considero que no debemos juzgar y que a esas parejas hay que ofrecerles los mismos derechos civiles que a las parejas heterosexuales, sin llegar a homologar esa unión con la institución del matrimonio.

-¿Se les debería reconocer el derecho a adoptar?

-Por respeto a los homosexuales, no quiero decir que no. Pero por respeto a los fundamentos de la cultura, tampoco puedo decir que sí. Freud y Levi-Strauss, que no eran religiosos, coinciden en que las prohibiciones sexuales son formadoras de la cultura. Un homosexual me dirá que habiendo tantas parejas que destruyen la vida de los chicos, por qué a ellos, que serían padres excelsos, se les impide adoptar. Mi respuesta es que ellos no deben olvidar que son parte de la sociedad y que si aceptáramos esto, estaríamos aceptando una cultura diferente. Cuando uno tiene enfrente a la pareja homosexual que quiere vivir el amor hacia un hijo, hay que buscar alternativas.

-¿Cuáles serían?

-Alguna suerte de paternidad respecto de chicos huérfanos, sin llegar a mostrarles una imagen donde papá y mamá son del mismo sexo. Podrían funcionar como dos tíos, por decirlo de algún modo.

-Usted destaca la apertura del papa Juan Pablo II hacia el pueblo judío. ¿Cree que logró frenar el antisemitismo en el mundo?

-El antisemitismo continúa. Actualmente se presenta disfrazado de antisionismo. Se critica exacerbadamente al Estado de Israel; no se quiere ver todo lo que él significa para el desarrollo de la espiritualidad judía. El Estado de Israel no es la resultante de la Shoah (Holocausto), porque se empezó a construir a fines del siglo XIX. Pero también es una respuesta a la Shoah. En Alemania, antes del nazismo, los judíos no eran tratados como ciudadanos de segunda; incluso muchos de ellos dieron la vida por Alemania en la Primera Guerra Mundial. Así y todo, estalló ese drama enorme y, como cuentan muchos sobrevivientes, de la noche a la mañana, el compañero de banco de la escuela los empezó a odiar. En la Argentina, los judíos sufrieron el golpe de Estado del 76 igual que sus hermanos no judíos, pero en los centros clandestinos de detención se los torturó más por el hecho de ser judíos. Esas lecciones hay que aprenderlas: el último resguardo que tiene el judío es el Estado de Israel. Alguien puede pensar que exagero, pero ¿quién hubiera imaginado que 60 años después de que se cerró Auschwitz habría manifiestos antisemitas como los que hay en la actualidad?

-¿Se refiere al presidente de Irán, que negó el Holocausto?

-Exactamente. El tendrá sus oscuras razones políticas para jugar así con la historia y con la sensibilidad del pueblo judío y la de todos los alemanes que aceptan lo que cometió el nazismo y lo investigan para que no vuelva a ocurrir. Recuerdo que en un acto de homenaje a Emilie Schindler, un miembro de la embajada de Alemania en la Argentina comenzó su discurso así: «Nosotros estamos unidos al pueblo judío a través de un drama; nosotros como verdugos y el pueblo judío como víctima». Ese alemán, dueño de la sensibilidad que hace falta para aceptar semejante cargo, tiene derecho a sentirse ofendido y a reclamarle al presidente de Irán: «Estás negando un drama que me pertenece como verdugo; estás negando un error que yo acepto».

-¿Hay algo que pueda hacer el mundo civilizado para frenar la acción de los terroristas suicidas?

-Sí, lo hay. Para cometer su acto, el terrorista necesita de una logística, que es la que hay que desarmar, negándoles ayuda económica a los regímenes que apoyan al terrorismo. De no haber ocurrido el lamentable atentado del 11 de septiembre, el drama de Israel no hubiera sido comprendido por Occidente. ¿Por qué sólo entonces se congelaron fondos y se rotuló como terroristas a ciertas organizaciones, si en Israel se atentaba diariamente contra los ómnibus desde mucho antes? Hay que preguntarse en qué medida Occidente antepuso sus intereses -tal vez, el precio del petróleo- a la vida de los individuos.

-¿Cómo conjuga su apuesta al diálogo con el muro construido por el Estado de Israel?

-El muro se construyó después de la Intifada, cuando Israel se estaba desangrando y había que hacer algo para contener los ataques terroristas. Guste o no, gracias al muro, los atentados disminuyeron; eso solo lo justifica. Desde un tribunal internacional en La Haya es muy fácil decir que Israel es culpable, puesto que en La Haya usted puede viajar en colectivo con la tranquilidad de que es muy improbable que lo hagan volar en pedazos. Además, el muro es un mensaje a los palestinos: lo vamos a destruir juntos en el momento en que haya diálogo. El muro es el símbolo de la falta de diálogo. Hay que zanjar las diferencias mediante reuniones en las que coincidamos en un punto: no se puede matar a nadie más. En Occidente, hay un ideal que es la democracia; Oriente aún no lo tiene. Allí, el único país democrático sigue siendo Israel.

-¿Cómo se ubica el hombre contemporáneo ante la fe?

-El hombre de nuestro tiempo tiene sed de espiritualidad, pero ha descartado las respuestas que generaron sus ancestros para paliar la angustia existencial y hasta ahora no ha podido crear respuestas nuevas. Como digo en mi libro «¿Hacia un mañana sin fe?», ese hombre que deshizo sus raíces y que hoy trata desesperadamente de revivirlas vio en Juan Pablo II a un anciano consumido por los padecimientos, pero erguido en su fe, el símbolo de un ideal perdido. Tal vez esa imagen inspire a los líderes de las distintas religiones para responder con hondura a las demandas espirituales de sus respectivas feligresías y para desarrollar un diálogo interreligioso sincero y humilde en el que ninguna de las partes trate de cambiar a la otra, sino de comprenderla.

Por Adriana Schettini
Para LA NACION, Argentina

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