Inicio NOTICIAS UN TESORO CULTURAL SALVADO DE LOS ESCOMBROS DEL ATENTADO
La increíble historia de los 60 mil libros rescatados de la AMIA

UN TESORO CULTURAL SALVADO DE LOS ESCOMBROS DEL ATENTADO
La increíble historia de los 60 mil libros rescatados de la AMIA

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Había que rescatar los libros.
Había que rescatar a uno de los pocos testigos que iban a quedar en la historia.
Son testigos vivientes, mucho más de lo que nosotros vimos y vamos a poder ver a lo largo de nuestras vidas», dice Martín, que tenía 21 años en 1994 y que fue uno de los 800 jóvenes que, a pulso, rescataron el patrimonio cultural que guardaba la biblioteca del Instituto Judío de Investigaciones (IWO), que funcionaba en el edificio de la AMIA.
Rescatar los libros, rescatar cultura, rescatar la historia… ésa fue la idea que movilizó a los voluntario judíos y no judíos, argentinos y extranjeros, para recuperar el patrimonio cultural de la Fundación IWO de entre los escombros, luego del atentado del 18 de julio de 1994.
«Cuando vi por televisión que una parte del edificio había quedado en pie y se veían libros, pinturas y otros objetos del IWO desde la calle, me propuse rescatar todo lo que se pudiera, aunque fuera disperso, dañado o roto», dice la profesora Ester Szwarc, coordinadora del IWO.
El IWO funcionaba en el tercer y cuarto pisos del edificio de la calle Pasteur 6atesorando ochenta mil libros, colecciones de arte, discos, pinturas, piezas únicas en Judaica y testimonios de lo acaecido durante el Holocausto y la Resistencia Judía en la Segunda Guerra Mundial.
A pocos días del atentado, Szwarc convocó a jóvenes que conocía, como a Nicolás Máslo, que tenía 18 años y estudiaba idish en esa misma biblioteca. Los jóvenes –ellos y otros que se sumaron– empezaron el rescate. Los voluntarios trabajaron formando cadenas de cientos de metros de largo por donde bajaban cultura, historia y memoria en las peores condiciones imaginables.
«La mitad de la biblioteca se había caído y la otra estaba en pie pero muy endeble», cuenta Máslo ahora. «En la mitad que estaba en pie había cuadros, archivos de diario, esculturas y parte de los libros.
Muchos estaban quemados o pegados a otros por la ola de calor de la explosión. Otros estaban llenos de escombros, muchos incluso tenían restos humanos», recuerda Máslo. La cadena de jóvenes trabajó unos meses en el edificio de la calle Pasteur.
«Paralelamente –cuenta Szwarc– se empezó a hacer la restauración.
Levantamos mesas con caballetes, con liencillos y empezó la tarea, primero de todo, de secado y limpieza». Se trabajó con secadores de pelo, con pinceles. Ayudaron expertos de la Biblioteca Nacional –como Maite Zunino– y restauradores como Silvio Goren. «Pero en el tema de cuadros hay mucho todavía por hacer porque no se le puede pedir a una persona que trabaje meses ad honórem y nosotros no tenemos fondos».
En la parte que había caído estaban los libros de uso cotidiano, los incunables y todos los objetos de museo. Mientras los jóvenes recuperaban lo que podían de la parte del edificio que todavía se sostenía, los escombros de la parte caída habían sido trasladados a Ciudad Universitaria. Tardaron cuatro meses en conseguir un permiso para entrar a ese predio.
«En ese lapso –dice Máslo– los libros estuvieron entre los escombros, a la intemperie. A todo lo que tenían los otros se sumaron hongos y humedad.» En Ciudad Universitaria los chicos se enfrentaron a «quinientas montañas de escombros». De ahí, piedra por piedra, sacaron el patrimonio cultural destrozado.
«Encontramos libros muy antiguos», cuenta Máslo.
En total, rescataron 32.000 periódicos y revistas de todo el mundo; 9.000 fotografías; 2.100 discos de vinilo –entre los que estaban los primeros tangos en idish–; 700 afiches de cine y teatro, algunos de cien años de antigüedad.
Rescataron 120 pinturas (parte de la colección del pintor polaco Maurice Minkowski) ; 38 estatuas y 17 instrumentos musicales de valor histórico.
«Convocamos simplemente a que nos dieran una mano y fue una avalancha de gente haciendo cadena para rescatar las cosas. Y después para limpiar y clasificar», dice Saúl Drajer, presidente del IWO.
Sin embargo, pasaron doce años del atentado y el IWO no ha podido volver a funcionar a pleno.
De los 60.000 libros rescatadas, sólo 20.000 pueden ser consultados hoy en Ayacucho 483. Y eso gracias a que las bibliotecarias conocen el material palmo a palmo: apenas 5.000 libros están clasificados, a los otros 15.000 se llega porque las bibliotecarias los ubican. El resto –40.000 títulos, además de documentos y archivos– están almacenados en varios depósitos en la Ciudad.
Recientemente se conformó la comisión Alberto Gerchunoff con el objetivo de encontrar el lugar y los fondos necesarios para la creación de una «Casa de la Cultura Judeo-Argentina», que sea un centro donde se pueda poner a disposición de los investigadores y del público en general todo el patrimonio de la biblioteca, hemeroteca, pinacoteca, archivo y museo del IWO. Porque la biblioteca del IWO, reinaugurada en el subsuelo del nuevo edificio de Pasteur, no fue habilitada ya que no cumple con las exigencias de Bomberos.
El trabajo sigue, despacio, al ritmo de los voluntarios. Los jóvenes ya cumplieron su parte. •
Rodolfo Compte
CLARIN

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