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“El premier israelí tiene por delante dos opciones: una mala y la otra peor” .

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Pasados los primeros momentos de estupor y vacilación, el gobierno de Israel reaccionó duramente ante el triunfo arrollador que tuvo Hamas en las elecciones palestinas.
Tras una reunión de urgencia del gabinete, el primer ministro interino, Ehud Olmert, anunció ayer que estaba decidido a ignorar un gobierno islámico en la Autoridad Nacional Palestina –desconociendo de hecho las elecciones palestinas del miércoles– e inició una campaña diplomática para convencer a Occidente de que siga sus pasos hasta que ese grupo deje las armas.
Hay muchos aspectos interesantes en esta decisión. Los analistas políticos israelíes consideran, con razón, que el momento actual es para Olmert, de «real crisis». El diario Haaretz evaluaba ayer que ante el triunfo inesperado de la organización ultraislámica –y con unas elecciones legislativas en Israel en dos meses– «el premier tiene por delante dos opciones: una mala y la otra peor» .
Si se muestra moderado y dialoguista con Hamas, su rival político, el derechista Benjamin Netanyahu, dirá en la campaña electoral que las «concesiones» del gobierno israelí son las que hacen crecer cada vez más en el poder a los ultraislámicos.
Pero si Olmert «amenaza con boicots, sanciones económicas o castigos contra Hamas, deberá enfrentar crecientes presiones internacionales, por un lado, para que honre los resultados de unas elecciones que fueron democráticas y, por el otro, para que no empuje al gobierno palestino al colapso de los servicios públicos y sociales».
Es evidente que Olmert eligió esta segunda opción pero no es tan seguro cuál vaya a ser la reacción internacional.
Estados Unidos, anunció ayer que revisará «todos los aspectos» de su programa de ayuda a los palestinos. «Nuestra política es muy clara: no le damos dinero a las organizaciones terroristas», dijo el vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack.
Para no colapsar, la ANP necesita unos mil millones de dólares anuales de ayuda internacional.
Washington aporta una cuarta parte: 50 millones en ayuda directa y 225 millones a través de la agencia USAID.
Pero Europa es el principal respaldo económico de la ANP. Algunos parlamentarios europeos mencionaron la posibilidad de cortar la ayuda, pero oficialmente la UE afirmó que, por ahora, estaba dispuesta a mantener su aporte financiero (unos 500 millones de dólares anuales) lo que ayudaría, según los europeos, a moderar el discurso y la estrategia de Hamas.
Los cancilleres de EE.UU., la Unión Europea, Rusia y la ONU se reunirán el lunes en Londres para debatir esta nueva situación, en base al uniforme realizado por la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice.
Uno de los temas de los que menos se habla pero que más preocupa a Israel y Occidente es el control de las armas «oficiales».
Por una parte –algo que seguramente ni los mismos dirigentes de Hamas habían imaginado– esta organización tendrá, si es gobierno, el poder sobre todas las fuerzas de seguridad y los servicios secretos palestinos. Pero por otra, y de esto ya se vio una muestra hoy con los incidentes en Gaza, deberá enfrentar el desafío de controlar las múltiples células armadas y autónomas en las que se fragmentó el derrotado Al Fatah.
Otro efecto colateral del triunfo de Hamas puede darse en Jordania, donde se teme un «contagio» en términos de insurrección entre el alto número de emigrados palestinos (unos tres millones de personas, más de la mitad de la población) que vive en ese país.
La actual encrucijada en Oriente Medio indica que tanto Olmert como los dirigentes de Hamas miden fuerzas en un momento de paradójica debilidad.
El premier israelí por su calidad de interino (reemplaza a Ariel Sharon, en estado de coma profundo desde el 4 de enero) y porque cualquier medida que tome va a ser escrutada en el marco de la campaña electoral que ya ha comenzado.
Y Hamas porque a pesar de la masividad de su triunfo no está preparado para gobernar y no encuentra para nada allanado el camino.
Sus dirigentes han hecho reiterados llamados al presidente Abu Mazen para formar un gobierno de unidad. Pero en coincidencia con la política de Olmert, Al Fatah ha tomado la decisión de aislar a su rival político.
Olmert en diálogo telefónico con el presidente egipcio Hosni Mubarak (quien le aseguró que la semana próxima iniciará conversaciones con los líderes palestinos) dijo que Hamas debe abandonar la lucha armada y remover de su carta orgánica la destrucción de Israel.
Avi Pazner, el vocero israelí, calificó la situación como «nueva y grave» y dijo que era responsabilidad del presidente palestino Abu Mazen disolver Hamas como ha prometido en el pasado pero nunca no hizo».
Parafraseando la terminología que alguna vez usó Sharon contra el líder palestino Yasser Arafat, Olmert dijo que «Hamas no es un socio para la paz» y que «Israel y el mundo ignorarán a ese gobierno y será por lo tanto irrelevante».
La historia enseña que finalmente la OLP, tachada en su momento de «terrorista» por Israel, fue aceptada como interlocutor y Arafat estrechó su mano con más de un premier israelí.
Por Telma Luzzani.-Clarin.-

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