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La Argentina prefiere esperar y ver Es miembro no permanente del Consejo de Seguridad y lo presidirá en marzo

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En inglés, la fórmula dicta: wait and see. En castellano, esperar y ver. En el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el embajador argentino César Mayoral dice, en un diálogo telefónico con LA NACION, que, más allá de los antecedentes de Irán, la Argentina «tendrá que leer la realidad si el tema entra en la agenda por ser considerado una amenaza para la paz mundial». Esperar y ver, en definitiva.
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El secretario general de la ONU, Kofi Annan, debería cursar el pedido si concluye que merecen sanciones las actividades nucleares del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad, objetadas por el bloque europeo UE3 (el Reino Unido, Francia y Alemania) y Estados Unidos, a raíz de la señal de alarma que encendió el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
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Como miembro no permanente, la Argentina presidirá por un mes, en marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU, al igual que en enero de 2005. Irán por sí mismo tiene una connotación política particular por haber estado involucrado en la voladura de la AMIA, en 1994, según las pesquisas sobre ese atentado, el segundo contra instituciones judías en el país, dos años después del ataque contra la embajada de Israel.
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Ahmadinejad, elegido presidente de Irán a mediados de 2005, dejó entrever que, como firmante del Tratado de No Proliferación (TNP), su país tiene el derecho de desarrollar energía nuclear con fines pacíficos y que, como no teme sanciones de la ONU, lejos de su ánimo está abandonar las actividades, investigaciones aparentemente vinculadas con la capacidad de enriquecer uranio y aislar plutonio para producir armas nucleares.
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Su gobierno, regido por el islam, planteó un desafío desde que, frente a las narices de los inspectores del OIEA, ordenó levantar los precintos con los cuales había asegurado la suspensión de las actividades en la planta nuclear de Natanz, en el centro del país. Los precintos habían sido puestos en noviembre de 2004 tras un acuerdo alcanzado con el UE3.
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La decisión de llevar el caso a la ONU depende ahora de la junta de gobernadores del OIEA, formada por 35 países (entre ellos, la Argentina), así como de la voluntad política de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Francia, Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido).
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Rusia mantuvo cautela: su canciller, Serguei Lavrov, mostró una «profunda desilusión» por la decisión de Ahmadinejad de insistir en las investigaciones «a pesar de la moratoria» que pactó con la troika europea, pero aún no se pronunció en forma definitiva sobre un virtual respaldo a las sanciones. China también mantuvo cautela: en octubre de 2004 firmó un acuerdo energético con Irán por 100.000 millones de dólares que le garantizaría 150.000 barriles de petróleo diarios a precio de mercado durante 25 años y 250 millones de toneladas de gas natural líquido durante 30 años.
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Fuera de agenda
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Dilucidadas ambas posiciones, la eventual presentación del caso en el Consejo de Seguridad, si se aprueba, podría coincidir con el mes durante el cual la Argentina ejercerá la presidencia. «También podría ser este mes, con Tanzania en la presidencia, o el próximo, con Estados Unidos en ese cargo -dice Mayoral-. Hoy, Irán no está en la agenda. Que entre en ella significa que pone en peligro la paz y la seguridad del mundo. Tampoco significa que vaya a haber sanciones. Tenemos tiempo para analizar cuál será la posición argentina.»
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La Unión Europea no sólo cabildeó con los miembros permanentes del Consejo, entre los cuales dos de los tres del UE3 son propios y están involucrados en forma directa en Irán, sino también con países en desarrollo que tienen influencia regional: Brasil, Sudáfrica y, en el mundo islámico, Malasia. Otro firme impulsor de las sanciones ha sido Japón, tal vez como arma de persuasión frente a la cautela de China.
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Estados Unidos, a su vez, ha buscado una alternativa diplomática ante la posibilidad de usar la fuerza, urgido por resolver (en parte, por el presupuesto agotado; en parte, por las elecciones legislativas de noviembre) la situación en Irak, vecino de Irán.
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En Bruselas, recompuesta la relación con Francia y Alemania, el gobierno de George W. Bush ha procurado establecer claras diferencias entre Irán e Irak, de modo de no dejarse llevar sólo por la inclusión de ambos en el «eje del mal», junto con Corea del Norte, y por la fórmula de las guerras preventivas como resguardo de su seguridad interna.
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Las virtuales sanciones de la ONU contra Irán serían más beneficiosas que una guerra: el 50 por ciento de los ingresos del Estado y el 80 por ciento de los ingresos por exportaciones dependen del petróleo. En teoría, con el control de los pozos de Irak, la prohibición de exportar terminaría doblegando al gobierno de Ahmadinejad. Esperar y ver, mientras tanto, no es una fórmula exclusiva de la Argentina.
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Por Jorge Elías
De la Redacción de LA NACION

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