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Hace veinte años, diplomáticos españoles e israelíes preparaban la firma del establecimiento de relaciones entre los dos países.

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Hace veinte años, diplomáticos españoles e israelíes preparaban en La Haya, con el mayor de los sigilos, el momento histórico de la firma del establecimiento de relaciones entre los dos países.

En una habitación del hotel ‘Promenade’, el fotógrafo de la Agencia EFE Manuel Barriopedro esperaba la exclusiva, sin saber que el acto de la firma se iba a celebrar justo en la puerta de enfrente.

La ceremonia tuvo lugar el viernes 17 de enero de 1986, a las nueve de la mañana.

‘Fue bastante breve y sencilla’ y apenas duró dos minutos, recordó a EFE Máximo Cajal, encargado de suscribir el acuerdo, como secretario general de Política Exterior, junto a Yeshayahu Amug, secretario adjunto del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel.

Cajal había llegado la víspera a la ciudad holandesa acompañado por Jorge Dezcallar, entonces director general para Africa y Medio Oriente, y ambos se dirigieron ‘con cierta discreción’ a la embajada de España, donde fueron alojados por el embajador, Fernando Schwartz.

Ese mismo día llegaba también a La Haya Barriopedro, quien había recibido del entonces presidente de la Agencia EFE, Ricardo Utrilla, un billete de avión con destino a Amsterdam, un sobre que no podía abrir hasta que estuviera en vuelo y una escueta explicación: ‘Es un secreto de Estado y no puedo decirte nada’.

Las privilegiadas relaciones de España con el mundo árabe y el temor a que las facciones más radicales pudieran cometer un atentado motivaron que el Gobierno español preparara con gran reserva la firma del establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel.

Barriopedro ni siquiera esperó a que el avión que le llevaba a Amsterdam completara el despegue. Abrió precipitadamente el sobre que había entregado el secretario general de Presidencia del Gobierno, Julio Feo, al presidente de EFE y leyó su contenido.

‘Cuando llegues a Amsterdam, te diriges a La Haya. En el vestíbulo del hotel Promenade, a las ocho de la tarde, se pondrá en contacto contigo una persona que conoces y que, a su vez, te conoce.

Suerte’. Era el escueto texto que figuraba en la nota manuscrita que, pese a haber transcurrido 20 años, aún conserva.

La persona que ‘conocía’ era Manuel Céspedes, jefe de Seguridad de Presidencia del Gobierno, quien, a la hora indicada, le dio las llaves de su habitación y le pidió que no saliera de ella ni realizara ninguna llamada al exterior. ‘No te preocupes, todo está bien. No vas a correr ningún riesgo, así que estáte tranquilo’, le dijo.

El día elegido y después de ‘varias operaciones de despiste a los periodistas’, que al difundirse el rumor de la firma rodeaban la embajada de España, Máximo Cajal, Jorge Dezcallar y Fernando Schwartz salían por la puerta de atrás y a toda velocidad, en un vehículo que les llevó hasta el hotel Promenade.

En la habitación 512 -‘justo la situada enfrente de la mía’, recuerda Barriopedro- tuvo lugar el acto de la firma. En lugar de la cama, una mesa con las banderas de España y de Israel ocupaba el centro de la estancia y en ella se sentaron Cajal y Amug para suscribir el acuerdo que, minutos antes, había sido aprobado en Madrid por el Consejo de Ministros.

Para llegar a ese momento habían sido necesarios meses de laboriosas negociaciones, englobadas en una operación que se denominó ERDEI (Plan para el Establecimiento de Relaciones Diplomáticas entre España e Israel) y destinadas a acabar con una situación que ambos países arrastraban desde hacía 38 años, desde la creación del Estado de Israel.

Se trataba, según recuerda Máximo Cajal, una ‘asignatura pendiente’ de la política exterior española cuya resolución se hizo más urgente por las ‘presiones’ internacionales, especialmente a raíz del ingreso de España -el 1 de enero de 1986- en la Comunidad Europea.

‘Era un ejercicio complicado’, ya que no se sabía cuál podía ser la reacción de los países árabes y, a la necesidad de establecer relaciones con Israel, se unía la de ‘preservar’ la posición española en el conflicto de Oriente Medio, según Cajal.

De hecho, Cajal explicó que una vez fijada la fecha para la firma del establecimiento de relaciones, el Gobierno desarrolló una campaña de explicación de esta decisión, remitiendo cartas a los jefes de Estado y enviando misiones diplomáticas a distintas capitales del mundo árabe.

Sin embargo, y según dijo a EFE Fernando García Casas, que fue número dos de la Embajada de España en Tel Aviv en sus primeros años de funcionamiento, las relaciones entre ambos países alcanzaron a partir de ese momento ‘una velocidad de crucero’, gracias en parte el gran interés de Israel que ‘redescubrió’ además su pasado sefardí.

Apenas veinte días después de suscribir el acuerdo de establecimiento de relaciones diplomáticas, el 8 de febrero, el Gobierno de Felipe González nombraba a Pedro López Aguirrebengoa embajador de España en Tel Aviv y daba el plácet a Samuel Hadas como embajador de Israel.

Se ponía fin así a la incomprensión mutua que había caracterizado las relaciones entre ambos países durante años y que resumía, días después, el primer ministro israelí, Simón Peres, en la frase que dirigió al embajador español en la presentación de cartas credenciales: ‘Bienvenido, 500 años después’.

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