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La herencia de Sharon

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Ariel Sharon ha tenido una de las carreras políticas y militares más notables del último siglo. Es posible que su vida esté a punto de llegar a su fin, pero la nueva era de estrategia y pensamiento que ha traído a Israel no ha hecho más que empezar.

Todo resumen de la vida de Sharon, por breve que sea, resulta increíble. En 1948, cuando era joven, luchó por la independencia de su país. Más adelante, creó la primera unidad de operaciones especiales, desempeñó un papel importante aunque polémico en la victoria de Israel de 1956 contra Egipto, contribuyó al triunfo de su país en la guerra de 1967, derrotó al terrorismo en la franja de Gaza y se convirtió en el héroe más importante de la guerra de 1973. Cuando se pasó a la política, fundó el partido Likud y se convirtió en el artífice de la victoria de las elecciones celebradas en 1977. Desde entonces ha permanecido en lo más alto de la política israelí durante casi treinta años. En 1982, estuvo a punto de caer en desgracia cuando empujó al país a la controvertida guerra de Líbano, que culminó en una matanza cristiana de palestinos. Más adelante regresó para convertirse en el primer ministro de Israel en el 2001, en un momento de gran crisis.

Durante su juventud fue un hombre de izquierdas, luego se pasó al centro y, al final, acabó en la derecha del espectro político. Sin embargo, como primer ministro ha logrado trascender todos los antiguos debates políticos al retirarse de la franja de Gaza, tomar el timón del centro y obtener un gran apoyo de la izquierda y la derecha. En este momento, en el apogeo del poder y la fama, ha sufrido dos derrames cerebrales y ha tenido que abandonar la escena política.

En Israel, el estilo de Sharon se ha calificado de bulldozer. En todo momento sabía lo que quería y se esforzó al máximo para conseguirlo. Aun así, nunca ha sido un hombre excesivamente ideológico o político. Sharon ha sido un corrupto en tanto que ha intentado llevar una vida cómoda, pero nadie le ha llamado oportunista. Ha actuado como ha querido, tanto si le resultaba beneficioso desde el punto de vista político como si no. En los últimos dos años de su carrera, Sharon se ha mostrado decidido a forjar un legado y parece que lo ha conseguido. Pueden ocurrir muchas cosas desde ahora hasta las elecciones israelíes del 28 de marzo. Sin embargo, parece que el Kadima, el partido que fundó Sharon gracias prácticamente a su carisma político, tiene bastantes posibilidades de ganar, ya que posee un triunvirato impresionante formado por Ehud Olmert, antiguo alcalde de Jerusalén, como jefe político; Shimon Peres, antiguo primer ministro y máximo dirigente del partido laborista, como su estadista internacional, y un antiguo jefe del Estado Mayor y actual ministro de Defensa, Shaul Mofaz, como experto militar.

A buen seguro el partido perderá algo de terreno sin Sharon al frente, pero recuperará parte de ese apoyo gracias a la compasión por el dirigente caído. Para la mayoría de los israelíes el partido laborista está demasiado escorado a la izquierda y el Likud, a la derecha. Es más, ninguno de los dos ha diseñado un programa convincente. Amir Peretz, el jefe del partido laborista, promete aumentar el gasto para los sectores más pobres de la sociedad, pero no está claro de dónde va a sacar el dinero, lo que provoca un verdadero temor a que ponga freno a una economía próspera debido a sus políticas populistas.

El jefe del Likud, Bibi Netanyahu, era hasta hace poco el arquitecto de las exitosas políticas de privatización gracias a su cargo como ministro de Economía. Sin embargo, el Likud se ha convertido en un partido monotemático debido a su fijación para intentar mantener todos los asentamientos judíos existentes en Cisjordania.

No es una coincidencia que Sharon gozara de tanta fama y que sus sucesores tengan tantas probabilidades de ganar las elecciones y llevar adelante su programa, ya que Sharon expresó lo que piensan la mayoría de los israelíes antes de que ellos se dieran cuenta. Asimismo, su estrategia reflejaba las nuevas realidades a las que debe hacer frente Israel.

En resumidas cuentas, esto representa una mezcla de conceptos históricos de izquierda y derecha, de halcones y palomas. Por un lado, Israel está preparado para alcanzar acuerdos de gran alcance, devolver la mayoría del territorio obtenido en la guerra de 1967, desmantelar asentamientos judíos y aceptar un Estado palestino independiente.

Por otra parte, Israel sólo hará estas concesiones a cambio de una paz real y duradera. Y en el contexto actual pocos israelíes creen que exista un socio palestino que les permita alcanzar la paz. Cada día es más evidente el derrumbamiento de la política palestina y el aumento del extremismo. Los palestinos no están dispuestos ni pueden mantener ningún compromiso, algo que ya ha quedado ampliamente demostrado durante el largo proceso de paz de siete años de la década de 1990. La más que probable victoria de Hamas en las elecciones palestinas del 25 de enero y la toma del poder por parte de los militantes de Fatah involucrados en el terrorismo no hará más que confirmar esta conclusión.

Un nuevo gobierno, que podría estar formado por una coalición entre el Kadima y el partido laborista, estará capacitado para negociar con los palestinos, a sabiendas de que no obtendrán resultado alguno. Estará preparado para retirarse de más partes de Cisjordania y, sin embargo, también finalizará la construcción de la valla de seguridad diseñada para impedir la ejecución de ataques terroristas contra civiles israelíes. La antigua dicotomía entre halcones y palomas ha desaparecido y se ha sustituido por una amplia mayoría que desea hacer concesiones pero que sabe que debe luchar para defenderse.

Sharon articuló y puso en práctica esta nueva concepción. A pesar de que no podrá presidir esta nueva era de la historia del país, ha sido el que fijó este rumbo.

Por B. RUBIN, director del Centro de Investigación Global sobre Asuntos Internacionales (Gloria) y director de la Middle East Review of International Affairs (Meria).
Traducción: Robert Falcó.
LVD

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