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Admiten en Israel que Sharon ya no podrá volver al gobierno

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Las declaraciones de la dirigencia israelí ya insinúan en cierta forma el fin político de Ariel Sharon. Los médicos, sin dejar de ser cautelosos, también lo sugieren. Y el pueblo israelí se ha ido preparando, en estos cinco días de internación del primer ministro, para esa etapa de turbulencia e incertidumbre que se abrirá con el desplazamiento o la desaparición del hombre fuerte de Irsael.
«Sharon tiene posibilidades de sobrevivir pero no podrá seguir siendo primer ministro aunque conserve el entendimiento y la capacidad de hablar», dijo sin mediastintas ayer el neurocirujano argentino José Cohen, uno de los médicos que atienden al premier en el impresionante complejo hospitalario de Hadassa, ubicado a 15 kilómetros de Jerusalén, sobre una de las colinas que rodean a la Ciudad Eterna.
Félix Umansky, otro médico también argentino, declaró a su vez:
«No puedo decir si se recuperará al 100% ; probablemente no.» El hospital ocupa unas cuatro manzanas y es el más avanzado e importante del país. En su construcción jugaron un papel fundamental familias judías de todos los rincones de Estados Unidos, como lo indican las cientos de placas que revisten el hall de entrada.
Todos dicen con orgullo que allí trabajan y se atienden por igual israelíes y palestinos. Y así es: basta quedarse unos segundos allí para ver desfilar mujeres musulmanas, jóvenes teñidos y con aritos o judíos ultraortodoxos de barba jamás rasurada, bucles largos en las patillas y sobretodos negros hasta los pies.
Afuera, decenas de periodistas de todo el mundo esperan alguna novedad, amuchados en tiendas de campaña que los protegen de la lluvia y el frío, que al anochecer es menor a 5 grados. Y puede haber novedades. Los doctores han dicho que Sharon sigue grave y que hoy será despertado del coma al que fue inducido para mantener estables sus signos vitales.
«Por los resultados de la tomografía computada el equipo ha decidido iniciar el lunes el proceso de reducción de anestesia», dijo ayer el director del hospital, Shlomo Mor Jossef.
Pero los médicos matan cualquier esperanza política: «Sin duda lo reanimaremos, estará consciente de lo que ocurre a su alrededor, pero no podrá volver a ejercer sus funciones», dijo ayer a la prensa un médico que pidió conservar el anonimato.
Lejos de lo imaginado, son bastante relajados los controles de seguridad en el hotel. Clarín pudo llegar tranquilamente hasta el séptimo piso donde se encuentra internado el premier. Allí un biombo de hospital hecho de lienzo blanco tapa la entrada al sector donde se encuentra el premier.
En una punta, un hombre y una mujer jóvenes controlan las visitas. Clarín se acercó para hacerles preguntas y fue lógicamente rechazado. Pero en ese momento fue imposible no pensar qué fácil podía ser para cualquier intruso llegar hasta allí.
En la calle, antes que se desencadenara la lluvia, varias personas se acercaron hasta el hospital.
«Cuando pasó lo de Arafat no entendía por qué tardaban tanto en decir que había muerto. Y ahora veo por qué: para que nos acostumbremos», dijo a Clarín Mesh, un fornido israelita de tez oscura y pelo crespo que no usa «kipá». A él, como a la mayoría de la gente, lo carcome la incertidumbre.
«Nosotros estamos acostumbrados a que un general sea quien dirige el país. ¿Y quién queda? Ni Benjamin Netanyahu ni Ehud Olmert fueron estrategas en ninguna guerra.» La clase política israelí presiente también ese tembladeral y con pasos cuidadosos ya han salido a hacer declaraciones para posicionarse en la era post Sharon.
Olmert, quien ganó cierto prestigio como intendente de Jerusalén durante 10 años, abrió ayer la sesión dominical del Consejo de Ministros, un gesto político que apunta hacia adentro y afuera que aun sin Ariel Sharon, la gobernabilidad de Israel está garantizada.
Luego lo hizo explícito:
«La democracia israelí es fuerte, todos sus aparatos funcionan», dijo. Más tarde dialogó con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, con el presidente egipcio, Hosni Mubarak, y con el rey Abdallah de Jordania, sobre la salud de Sharon.
Pero Olmert, nombrado premier interino el 4 de enero, no iguala en poder ejecutivo ni influencia a Sharon y la pelea por la sucesión crece en las sombras.
El ex premier laborista Shimon Peres salió ayer a darle una mano.
«Positivamente, sí», dijo a la CNN cuando le preguntaron si sería Olmert el candidato del partido Kadima para las elecciones de marzo. Tanto Peres como Olmert (además de 13 legisladores del Likud y 2 laboristas) fueron arrastrados por Sharon en noviembre pasado para fundar el Kadima, una formación transversal que le serviría al primer ministro ahora agonizante para ganar en esos comicios por fuera del Likud, el partido que él había fundado junto a Menahem Beguin en los años 70.
También Benjamin Netanyahu, principal rival de Sharon en el Likud y candidato a premier, salió a la palestra. Aunque dijo que «éste no era momento de hacer politiquería cuando uno de los héroes de Israel está luchando por su vida», no perdió la oportunidad para sacar a relucir el tema seguridad, el caballito de batalla de su campaña. «No creo que la historia juzgue duramente a Sharon si se toma en cuenta con perspectiva amplia su contribución a la seguridad de Israel.» De esta manera, Netanyahu reafirmó que valoraba el Sharon que construyó el muro en los territorios palestinos, pero no al Sharon que había ordenado evacuar 21 colonias de Gaza y 4 de Cisjordania el año pasado. Cada hora que pasa, la política se convierte así en la gran protagonista. •

Telma Luzzani.
Clarin

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