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CONSECUENCIAS DEL COLAPSO DEL PREMIER ISRAELI
Se abren tres escenarios al futuro inmediato de Israel

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CONSECUENCIAS DEL COLAPSO DEL PREMIER ISRAELI
Se abren tres escenarios al futuro inmediato de Israel

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Sharon respondía tan bien al anhelo de seguridad y estabilidad de los israelíes que bien podría haberlos empujado por la fuerza al futuro tal cual como él lo veía.
Sin embargo, el segundo ataque masivo de Sharon implica que tanto Kadima como lo que se considera el centro político israelí ahora deben encontrar una visión política que gire alrededor de algo más que simplemente la persona de Ariel Sharon.
Si, como se espera, Sharon no vuelve a tomar el timón, el pueblo israelí tendría tres opciones claras:

1) El antiguo partido Likud de Sharon, ahora liderado por el ultraliberal Benjamin Netanyahu, representa las mismas prerrogativas del Likud de siempre: inflamar las tensiones palestinas a través de la guerra y seguir adelante con los asentamientos en territorio palestino en Cisjordania.

2) El partido Laborista, con su nuevo líder, Amir Peretz, encarna la manera laborista: negociaciones con los palestinos. Desafortunadamente, el fracaso de los acuerdos de Oslo y la propia incapacidad de los palestinos para frenar sus ataques contra Israel comprensiblemente dejaron a muchos israelíes con pocas ganas de seguir dialogando. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, y su gobernante partido Fatah parecen no estar preparados para llevar a cabo elecciones locales adecuadas, mucho menos para negociar un acuerdo de paz.
¿Cuál es, entonces, la tercera vía que podría representar en teoría Kadima?
La visión manifestada por Sharon en el último año se basó en la doctrina central de la separación:
la idea de que los israelíes no pueden vivir con los palestinos, así que hay que separarlos de los palestinos y construir un muro para que esa separación sea visible y permanente. Sharon analizó la demografía de su país y llegó a la conclusión de que la única manera de que Israel siguiera siendo un estado judío era desprenderlo físicamente de los palestinos. Con ese objetivo, enfrentó a una cantidad relativamente escasa de colonos israelíes en Gaza y llevó a cabo el primer retiro unilateral del país de territorio que los palestinos reclamaban para su futuro estado.
Ese enfoque de Sharon, por el cual el primer ministro combativo se ganó el respaldo entusiasta de George Bush, buscaba una menor confrontación que la que ofrecía el Likud y menos diálogo del propuesto por los laboristas.

3) Es posible que Kadima, con el segundo de Sharon, Ehud Olmert, que probablemente tome el timón, (o con el liderazgo de Shimon Peres) pueda proyectarse como una nueva alternativa al laborismo y al Likud. Pero Olmert, si bien es un político respetado que ayudó a formular la doctrina de Sharon de un retiro unilateral de Gaza, no tiene ni la categoría ni la popularidad de Sharon. De modo que si Sharon podía cargarse a Israel sobre sus espaldas gracias a su propio carisma, Olmert probablemente tenga que confiar en el poder de seducción de la visión de Kadima.
Esa visión no puede basarse exclusivamente en la separación unilateral. Para que una alternativa centrista funcione, tiene que haber una visión que también abarque los pasos necesarios para terminar el conflicto con los palestinos, incluso un retiro lo suficientemente completo de Cisjordania. Esto aseguraría el lugar de Sharon en la historia si el partido que él fundó lograra convertir su visión de separación en una de paz justa y duradera. •
Clarin

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