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En las calles de Jerusalén y Tel Aviv se percibe una sensación momentánea de orfandad

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El pueblo israelí es conocido por tener una alergia tradicional a todo tipo de culto de la personalidad. Acostumbran a decir que los cementerios están llenos de líderes irremplazables; sin embargo, en una ironía de la historia, justamente la posible desaparición de Ariel Sharon de la política nacional les ha pillado desprevenidos.

Hablando con la gente en las calles de Jerusalén y Tel Aviv se percibe una sensación momentánea de orfandad, parecido a una despedida de un padre, comenta el escritor Yaron London. En su opinión, la herencia de Sharon se combinará con la del asesinado primer ministro Yitzhak Rabin, que fue su oficial, su rival y su amigo. Al igual que ellos, dice London, sus sucesores adoptarán los compromisos territoriales y una enorme cautela como base de la política israelí.

Según el pensador B. Mijael, a Israel le espera un futuro con líderes sin el carisma de los dinosaurios que fundaron el Estado. El poeta pacifista Yonatan Guefen, que luchó decenas de años con sus palabras y manifestaciones contra la política de Sharon, en el marco del grupo Paz Ahora, dice que para él se trata de la desaparición de un estadista que a su vejez cambió totalmente su política por el bien de sus nietos. «Si un izquierdista laico como yo se pasa la noche en blanco rezando por la recuperación de otro laico como Arik es porque tengo la sensación de que todo el pueblo ha sufrido una hemorragia cerebral y tiene un vacío colectivo en el corazón».

Pocos estadistas en el mundo lograron provocar un vuelco tan profundo en su imagen internacional. Dos o tres días antes de su derrame cerebral, Sharon tenía sobre la mesa el semanario norteamericano Time que le definía como el tercer hombre más fuerte del mundo, después del presidente de EE. UU., George W. Bush y la secretaria de Estado Condoleezza Rice, y antes que Blair o Putin. Al lado había una gran foto del líder israelí y un artículo muy halagador. Sharon no olvidaba que 20 años antes había demandado al mismo semanario Time,que le había definido como el responsable de la matanza de Sabra y Chatila en el Líbano. Sharon tenía la fama de tomarlo todo con proporción. «Si se toma el juego político con demasiada seriedad, no se aguanta», acostumbraba a decir.

Los israelíes le veían como un dirigente todopoderoso y un líder en el que podían confiar. «Sharon sabrá qué hacer si Hamas gana las elecciones palestinas. Sharon sabrá qué hacer para anular la amenaza nuclear iraní. Sharon es el único capaz de seguir evacuando a decenas de miles de colonos de Cisjordania para alcanzar un acuerdo con los palestinos», se oía en las calles de Israel. Muchos israelíes pretendían dar su voto al nuevo dirigente laborista, el sindicalista Amir Peretz, porque sabían que Arik sería el primer ministro. Estos decían: «Queremos a Peretz ganando experiencia al lado de Sharon, pero el timón tiene que estar en las manos del viejo».

Cuando Sharon estaba a punto de lograr su tercera victoria electoral en las elecciones generales el próximo 28 de marzo – probablemente la más amplia-, Israel descubrió que se trata de un mortal. De repente, los médicos que le operaron llamaron a sus hijos Guilad y Omri – sus mejores amigos- para decirles: «Luchamos por él, pero ya no volverá a ser primer ministro y quizás nos abandone».

El cambio en la personalidad de Sharon queda reflejado en dos libros que fueron publicados sobre su apasionante vida. En 1989 fue editada en inglés una autobiografía militante llamada The warrior (El guerrero). En cambio, en el 2005 ha sido publicada en Israel una biografía alabadora de casi mil páginas escrita por los periodistas Nir Jefetz y Gadi Blum, llamada El pastor.El largo camino de Sharon, de combatiente a padre de la nación, es resultado de su política en los últimos cinco años en la presidencia del Gobierno.

Sharon, fundador del partido derechista Likud y antiguo halcón del sector más nacionalista de la política israelí, cuya madre Vera, dormía con un fusil bajo la almohada, no se identificaba con los dirigentes de la derecha israelí y siempre decía que él seguía los pasos del revolucionario fundador del Israel, el laborista David Ben Gurion.

En Israel se lamentan de que la revolución personal del primer ministro llegó quizás demasiado tarde. Sharon cayó cuando estaba a punto de tocar el cielo… Según dicen, al final lo va a tocar. El poeta Guefen se compadece: «Qué terrible que cada vez que surge aquí un líder que intenta lograr la coexistencia y la paz, desaparece. Eso ocurrió con el asesinado Rabin y ahora con Arik».

La mítica y fiel secretaria de Rabin, Peres, Barak y Sharon – Miriam Danon- se encuentra estos días en la presidencia del Gobierno. El nuevo primer ministro, Ehud Olmert, ha tenido el tacto de no ocupar por ahora la silla de Sharon. «Tengo un déjà vu»,dijo la secretaria. «El duelo, la tristeza y la impotencia me recuerdan la atmósfera de noviembre del 95, tras la incertidumbre provocada por el magnicidio de Rabin». Ahora, Olmert recibió el teléfono celular personal de Sharon. Danon cuenta que cuando le llamó fue un shock, ya que en vez de oír la voz de Sharon, oyó la del nuevo primer ministro».

«Sharon traerá la paz», decía el eslogan de su ex partido Likud, en las elecciones del 2003. Sharon trajo una retirada unilateral de la franja de Gaza y del norte de Cisjordania, la reducción del terrorismo y un renovado crecimiento económico; pero la paz aún está lejos». Moshe Mizraji, uno de los miles de israelíes que acudieron al hospital Hadasa para expresar su dolor y su tristeza, recordó: «Hace pocos días Sharon dijo a todos sus compañeros del nuevo partido Kadima (Adelante), que formó en noviembre: «Vamos adelante, tenemos una misión histórica que cumplir». Y resume con aire triste: «Sus colegas tendrán que seguir adelante sin Sharon, un hombre que es una leyenda».
LVD.-
HENRIQUE CYMERMAN

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