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Por SAMUEL HADAS*

Fin de la era Sharon
Por SAMUEL HADAS*

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Un país consternado sigue expectante el desarrollo de la condición del primer ministro Ariel Sharon, cuyo colapso ha sumido al país entero en una gran incertidumbre. Como siempre ha sido el caso en esta sufrida parte del mundo, ha quedado demostrado nuevamente que nada hay más efímero que las previsiones políticas. Ante una crisis sin precedentes lo único que puede asegurarse en estos momentos es que, aunque se recobre, le será imposible manejar los destinos del país en las próximas semanas, así como conducir su campaña electoral.

El mismo día en que se publicaban nuevas encuestas de opinión pública que auguraban a Sharon una victoria arrolladora en las urnas el 28 de marzo próximo, su colapso ha generado una crisis imprevista que ha desmoronado, como un castillo de naipes, los escenarios posibles que el espectro político israelí había elaborado para el mapa político israelí futuro. Hasta el miércoles a las 22 horas los nuevos líderes del laborismo y del Likud eran incapaces de frenar su carrera a la jefatura del gobierno después del 28 de marzo. Todo lo que era cierto hasta ese momento es rebatido en segundos. Un país desconcertado vio como ha quedado trastocado el proceso electoral y es incapaz de mesurar el impacto que tendrá el trágico fin de la era Sharon. Hasta la noche del miércoles pasado todo parecía muy promisorio, no solamente para Sharon y el partido que fundara pocas semanas atrás, sino para la mayoría de los israelíes, que veían la posibilidad de dejar atrás, por fin, una situación política anacrónica que parecía insuperable. También para el futuro del atascado proceso de paz palestino-israelí, que había dejado la hoja de ruta,el plan de paz laboriosamente diseñado por el Cuarteto de Madrid (Estados Unidos, la Unión Europea, la ONU y Rusia) sin destino visible. El aún no completado viraje político de Sharon, iniciado un par de años atrás, y la desaparición en noviembre de 2004 de Yasser Arafat, habían devuelto la esperanza a israelíes y palestinos, y a la comunidad internacional, de un retorno a la normalización después de una intifada que se prolongara casi cinco años y que había dejado un reguero de sangre y destrucción, y de un retorno a la búsqueda soluciones pacíficas al casi centenario conflicto palestinoisraelí.

Quien fuera el artífice de la colonización masiva en los territorios ocupados se ha transformado en el ingeniero a cargo de su desmantelamiento. Con la exitosa ejecución en agosto último del plan de desconexión israelí de la franja de Gaza y del millón y medio de palestinos que lo habitan, pese a la violenta oposición de amplios sectores del partido que le llevó al poder, el Likud, que le acusaban nada más ni nada menos que de llevar a efecto la política de la izquierda israelí, Sharon creó en su partido una situación en la que la escisión fue sólo cuestión de tiempo. Nadie se preguntaba entonces si ocurriría, sino cuándo. La dramática decisión de Sharon de desconectarse de un partido que le dificultaba llevar adelante su política de paz, fue considerada el seísmo más dramático en la historia de la política israelí.

Es más que prematuro tratar de esbozar el escenario político de la era post-Sharon. Su omnipresente protagonismo dominó la política israelí de los últimos cinco años, en que ejerció la jefatura del Gobierno. Son muchos más los significativos interrogantes que su desaparición de la arena política han creado que las respuestas que puedan ofrecer los analistas, que en estos primeros momentos están seguramente tan desconcertados como el israelí de la calle.

El gran interrogante es qué sucederá con el partido fundado por Sharon, Kadima (Adelante), un partido a quién Sharon deja en una extraña situación, sin una estructura organizada y sin instituciones electas. Sus reglamentos establecían que Sharon sería quien elija a los candidatos para las elecciones legislativas. ¿Tiene futuro este partido sin Sharon? Relevantes personalidades, políticos, empresarios y distinguidos académicos, se incorporaron a Kadima en la esperanza de que Sharon encabezaría la coalición gubernamental que surja de las urnas e implementaría sus anunciados propósitos de reconducir el proceso de paz. Un tercio de los israelíes tenían previsto votar por Kadima, principalmente por una razón: Ariel Sharon. ¿Qué harán cuando se encuentren frente a las urnas? ¿Votarán por un partido sin líder natural? ¿Devolverán su voto al derechista Likud, al que Sharon dejó al borde del descalabro? ¿O volverá una parte al partido Laborista, del que secuestró a su anterior líder, Shimon Peres, y con él un importante número de escaños, siete u ocho, según sondeos? ¿O votarán nuevamente por el Shinui, el partido de centro que había transferido a Sharon, siempre según los sondeos de opinión, diez de sus quince diputados? ¿Quedará en la nada el big bang iniciado por el nuevo líder del laborismo, Amir Peretz, y rematado por Ariel Sharon?

El partido sin Sharon tendrá que demostrar, en primer lugar, que no es partido de un solo hombre.Aunque lo consiga, lo más probable es que el apoyo popular de que gozaba hasta ahora disminuirá, en opinión de los más autorizados analistas israelíes, irremediablemente. Sólo queda por ver en qué proporción, cosa que las encuestas de opinión aclararán seguramente en la próxima semana. Pese a que no faltan en la nueva alineación políticos con gran experiencia de gobierno, es evidente que lo que hasta ahora atrajo a sus potenciales votantes ha sido el poder y la resonancia emanadas de la personalidad de Sharon, la figura política más popular de Israel en muchos años.

El nuevo líder del laborismo, Amir Peretz, que después de un arrasador y promisorio la persona mejor posicionada para ocupar la jefatura del Gobierno en la difícil situación del país. Peretz insistirá asimismo en transformar su agenda económica y social en el eje de la campaña electoral, cosa que no había logrado frente a Sharon. Quizás esto ha sucedido como resultado de la ola terrorista que las organizaciones fundamentalistas islámicas palestinas han desatado en las últimas semanas. Paradójicamente, mientras que campañas terroristas en el pasado echaron a la oposición a dos primeros ministros laboristas, Shimon Peres y Ehud Barak, la ola terrorista actual había reforzado la posición de Sharon, a quién la calle israelí considera el Mister Seguridad de Israel.

Por su parte, el tercero en discordia, el flamante líder del Likud, Beniamin Netanyahu, representante de la línea dura de un partido cada vez más escorado a la derecha, podría ser el gran beneficiario de la desaparición de Sharon de la arena política israelí, en el caso de que una parte apreciable del caudal electoral del Kadima regrese a casa,al Likud. Esto sucederá solamente si logra convencer al electorado moderado que abandonó su partido de que no será rehén de la extrema derecha. Con toda seguridad, moderará, como ya lo hiciera en campañas electorales anteriores, su retórica para lograrlo.

¿Y los palestinos? La Autoridad Nacional Palestina se encuentra sumergida en el caos. Sus líderes, impotentes para frenar la anarquía en la calle palestina, hoy en manos de bandas armadas que a diario cometen toda clase de atropellos, siguen con gran expectativa los acontecimientos en Israel. La interconexión palestina-israelí determina que lo que sucede en una de las partes influye, tarde o temprano, sobre la otra. Mientras los elementos extremistas expresan abiertamente su alegría por la desaparición de su gran enemigo (no tardarán en salir a la calle para demostrarla) los dirigentes de la ANP no ocultan su preocupación ante lo que podría suceder como resultado de las próximas elecciones, tanto las propias, del 26 de este mes, como las israelíes. Sus medios de comunicación, como los medios árabes en general, se han ocupado de la situación en Israel en forma ininterrumpida desde el momento en que su hizo público el estado de Sharon. Al lado de los insultos y de los comentarios hostiles, no faltaron los elogios, sobre todo por el hecho de haber públicamente apoyado la creación de un Estado palestino. Los efectos de la desaparición de Sharon no tardarán en hacerse sentir. Tampoco aquí hay respuestas para todos los interrogantes.

«Esta es una de las noches más dramáticas en la historia de Israel», declaró el miércoles el líder del partido Shinui, Yosef Lapid. Una reflexión que compartimos muchos israelíes, imposibilitados de vaticinar siquiera lo que pueda suceder mañana.

SAMUEL HADAS, primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede

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