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Entrevista a Samuel Hadas

«En una generación habrá paz con los palestinos»
Entrevista a Samuel Hadas

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En un seminario organizado con motivo del vigésimo aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel, que se cumplirá el 17 de enero, no podía faltar el primer embajador de Israel en Madrid, Samuel Hadas. En los debates auspiciados por el Institut Europeu de la Mediterrània de esta semana Hadas contó que Exteriores le envió a España en 1980 con la encomienda de «llenar el vacío informativo sobre Israel que existe» y preparar el camino hacia las relaciones diplomáticas.

– Reconocer a Israel ¿fue un peaje para entrar en la CEE?

– Es evidente que el gobierno español decide que el establecimiento de relaciones diplomáticas tiene que ser paralelo al ingreso de España en la Comunidad Económica Europea. Eso lo haría digerible para los países árabes, que fueron un factor que España siempre tuvo en cuenta en sus relaciones con Israel por temor a una reacción negativa.

– ¿Qué panorama encontró?

– Desde mi llegada a España en agosto de 1980 tuve que llevar a cabo la tarea de ganar a la opinión pública. Y convencer a la diplomacia española de que era un anacronismo que no hubiera relaciones. El gobierno era hostil a la idea, pero la opinión pública era muy favorable. Los medios de comunicación lo apoyaban y eso influyó. Calvo Sotelo decidió establecer relaciones diplomáticas en 1982. La masacre de Sabra y Shatila, en Líbano, hizo al gobierno español congelar sus planes.

– ¿Cuál es el balance de 20 años?

– En la conciencia de la gente en Israel la relación es mucho más antigua. Las relaciones culturales están en su mejor nivel. El Instituto Cervantes está a la altura de los institutos de otros países. En la economía estamos muy lejos de llegar al potencial, pero ya ha superado los mil millones de euros y va aumentando.

– ¿Qué es lo más difícil de las relaciones entre los dos países?

– Hay diferencias en la dimensión política. Hay posiciones españolas que no son bien recibidas por la diplomacia israelí, llegando incluso a la crispación. Pero hay un diálogo en el respeto. La historia de España con el pueblo judío y con Israel se resume en: encuentro, desencuentro y reencuentro.

– ¿Qué significó el establecimiento de relaciones para la marcha del conflicto de Oriente Medio?

– Como ha dicho el secretario de Estado de Exteriores, Bernardino León, permitió a España ser un factor y poder desempeñar un papel dentro de la comunidad internacional para resolver un problema que los protagonistas por sí solos no pueden. España tiene un papel por sus relaciones con los países árabes, por su historia y por su papel en Europa. Ni la conferencia de Madrid en 1991 ni la de Barcelona en 1995 se habrían celebrado en España de no haber habido relaciones.

– ¿Por qué no firman la paz ahora que no está Arafat, su bestia negra?

– Ya no está Arafat y se ha producido el plan de desconexión de Gaza, que ha creado una nueva realidad interna en la política israelí y en la palestina. Esperamos que tras las elecciones, palestinas e israelíes, se cree el ambiente apropiado para la paz, pero está el terrorismo, está la extrema derecha israelí. Hay muchos imponderables. En Israel si el centro y la izquierda forman el nuevo gobierno, puede cambiar mucho la situación. Shimon Peres no se ha integrado en Kadima al dejar el Partido Laborista, pero dijo que Sharon era el único que podía reconducir la situación israelí.

– Paradójico. Era un halcón.

– Un amigo pacifista me dijo que estaba ante un dilema, pero que creía que votaría a Sharon: «Aunque no creo que firme la paz, nadie como él puede seguir el proceso».

– ¿Cuántas generaciones tendrán que pasar para llegar a firmarla?

– Con una generación más se llegará. Los palestinos tienen que decidirse si quieren un Estado democrático y dejar de hacer la guerra.

– Algo tendrá que hacer Israel ¿no?

– Hay que hacer concesiones: delimitar las fronteras definitivas y medidas humanitarias como eliminar algunos puestos de control.

– Y la equiparación de derechos de judíos y árabes de Israel.

– Sí. Aunque son ciudadanos con plenos derechos según la ley, los árabes casi nunca tuvieron una oportunidad real de participar en la toma de decisiones del país.
LVD.-

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