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Arqueólogos israelíes asistidos por sobrevivientes están escribiendo un nuevo capítulo en la terrible historia del campamento de exterminio alemán en Majdanek

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El anillo de un niño. Lentes retorcidos. Un puñado de monedas de oro. Retazos de dignidad personal pisoteada, escondidos a las apuradas en un acto postrero de desafío para impedir que cayeran en manos de los nazis.

Un grupo de arqueólogos israelíes asistidos por sobrevivientes están escribiendo un nuevo capítulo en la terrible historia del campamento de exterminio alemán en Majdanek, Polonia, al excavar terrenos que durante mucho tiempo se supuso estaban vacíos.

Sus hallazgos demuestran cómo los judíos condenados excavaban desesperadamente con las manos el suelo para enterrar sus escasas posesiones personales antes de ser asesinados en las cámaras de gas.

Los objetos no tienen mucho valor material pero «su valor en cuanto elementos de historia de interés humano es inconmensurable», dijo Yaron Svoray, un periodista israelí que ganó notoriedad al infiltrar grupos neonazis hace unos diez años.

«Este lugar es adonde nos condujeron los testimonios», dijo Matt Mazer, el estadounidense que organizó el proyecto y que produjo una película documental sobre el mismo. «Hemos venido a reconstruir la escena del crimen de uno de los mayores crímenes de la humanidad».

Cercas de alambrados de púas rodean los campos vacíos y las pocas barracas que todavía se alzan del campamento de exterminio. Aquí murieron unas 235.000 personas, según el museo del campamento. La chimenea de ladrillos del crematorio se alza sobre un pequeño promontorio. Ocasionalmente algunas personas cruzan el campamento camino al cementerio católico adyacente, sin percatarse de lo que los predios todavía ocultan.

Durante dos años, Svoray recopiló testimonios de sobrevivientes y exploró el lugar. Luego se asoció con Mazer para fundar Historical Media Associates, y con respaldo financiero privado de Estados Unidos vino al campamento hace poco para excavar. Cuatro sobrevivientes de Majdanek que hoy viven en Australia los acompañaron.

Resultó que el Campo Medio Número 2 de Majdanek, que en 1943 había sido un mero tramo de tierra en declive cubierto de césped, todavía tenía historias que contar.

En la primavera de 1943, unos 15.000 judíos del destruido Gueto de Varsovia llegaron al campamento en las afueras de la ciudad polaca oriental de Lublin. El administrador del campamento no podía procesar a tantos a la vez, de modo que los agolparon en los predios cercados a la espera de ser «seleccionados», o sea, divididos entre los condenados a morir inmediatamente y los que iban a morir más tarde hambrientos, golpeados y agotados por los trabajos forzados.

Al llegar al siniestro destino, familiares y amigos hablaron y se abrazaron durante una breve pausa.

«Para su horror, en el extremo derecho había una cámara de gas y en el extremo opuesto un crematorio. Es evidente lo que les iba a suceder», dijo Svoray a la AP en una entrevista telefónica desde su hogar en Cesarea, Israel.

Y por eso se pusieron a cavar frenéticamente «con sus dedos o con una cuchara o con cualquier cosa», agregó.

El equipo de arqueólogos aficionados, conducidos por un israelí, Yoseph Palath, trazó un cuadriculado sobre una pequeña porción del terreno y después empezó a excavar metódicamente.

Hallaron el primer objeto _una piedra semipreciosa para un anillo_ hacia el final del primer día de excavaciones. Al final del tercer día habían recopilado una colección de más de 50 artículos, que entregaron al museo del campamento.

«La historia fue adquiriendo cada vez más trascendencia después que pudimos demostrar que, en un terreno del que todos creen saber todo lo que hay que saber, todavía hay historias ocultas», dijo Svoray.

Mazer anticipó que piensa volver en la primavera, dentro de varios meses, pero cree que las excavaciones ya han hecho una importante contribución a la historia del campamento en particular y al genocidio judío en particular, durante el cual murieron unos seis millones de judíos.

«Nos proporciona una vía más para tratar de comprender», agregó, «y de algún modo los objetos y las historias relatadas por los sobrevivientes cuando les mostramos los objetos nos dan una nueva perspectiva sobre lo incognoscible».

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