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Conjuntamente la festividad de Navidad cristiana, el Ramadán musulmán y la Hanukah judía

Haifa: Un remanso de calma.
Conjuntamente la festividad de Navidad cristiana, el Ramadán musulmán y la Hanukah judía

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EFE.-En Israel y Palestina la paz es noticia y no la violencia, pero incluso en una tierra sesgada por el odio, existe un oasis de calma: Haifa, donde este fin de semana se celebra un festival que aspira a saltarse las barreras religiosas.

Cientos de miles de visitantes se congregarán en esta ciudad del noroeste de Israel para la llamada ‘fiesta de fiestas’, en que se conmemoran conjuntamente la Navidad cristiana, el Ramadán musulmán y la Hanukah judía.

Este festival de cultura, arte y música es un intento de enfatizar lo que une a las religiones que se dicen hijas de Abraham.

Sus organizadores creen que este acontecimiento, que se celebra desde 1993, sólo es posible en Haifa, una ciudad fuera de lo común sobre la que hacen chistes los judíos del resto del país.

Dicen, por ejemplo, que Haifa finalmente ha decidido unirse a Israel, o que lo mejor de la ciudad es la carretera que va a Tel Aviv.

Las bromas identifican a Haifa como el lugar especial que es, pues aquí árabes y judíos pueden vivir en la misma calle, algo imposible en cualquier otra ciudad israelí.

Lo usual en Israel es la separación total entre barrios alicatados judíos con todas las comodidades europeas y zonas árabes con infraestructura decrépita y escuelas masificadas, a pesar de que sus residentes, musulmanes y cristianos principalmente, también son ciudadanos israelíes.

El secreto de Haifa lo resume así Moti Peri, un judío que dirige la Beit Hagefen (‘Casa de las Uvas’), un centro cultural árabe-israelí: ‘Mohammed no estuvo aquí, Jesús no estuvo aquí y Moisés no estuvo aquí’.

No es que haya nada malo con esos tres personajes, sino que la veneración a los lugares donde pisaron los torna puntos de conflicto entre sus seguidores más radicales.

En cambio, Haifa, la tercera mayor ciudad israelí con 280.000 habitantes y su mayor puerto, se ha convertido en una suerte de imán de creyentes tolerantes.

En la ciudad está el centro mundial de la religión Bahá’í, una fe fundada en 1844 en Irán con 6,5 millones de seguidores en todo el mundo.

Para los Bahá’ís, Abraham, Zaratustra, Buda, Jesús, Mahoma y otros personajes religiosos notables de la historia son profetas mandados por el mismo Dios, por lo que, en su opinión, no existe una religión correcta y otra falsa.

Su creencia en la igualdad entre confesiones, hombre y mujer, y pueblos se refleja visualmente en la simetría de un fantástico jardín con 18 terrazas que han construido desde la cima del Monte Carmelo a la zona baja de la ciudad y que es la postal predilecta de Haifa.

La moderación también se manifiesta en que es el único municipio del país en el que los autobuses funcionen los sábados, el día tradicional de descanso de los judíos y en el que prácticamente todo para en el Estado de Israel, según destacó Moshe Tzur, el director general del consejo turístico local, quien es judío.

Hani Elfar, el subdirector de Beit Hagefen, atribuye el carácter especial de Haifa a una ‘coexistencia’ histórica, ya que ‘judíos y árabes vivieron juntos antes del establecimiento del Estado de Israel’.

Elfar pertenece a la iglesia cristiana ortodoxa griega, que cuenta con 22.000 adeptos en la ciudad. Los otros 18.000 residentes árabes son musulmanes. Los judíos, por su parte, ascienden a 240.000.

Según Elfar, los sucesivos alcaldes han mantenido el carácter tolerante de la ciudad desde principios del siglo XX.

Elfar y otros líderes comunitarios describen a una Haifa que parece una versión moderna de la Toledo mítica, en la que conviven judíos, cristianos y musulmanes como hicieron en esa ciudad española primero bajo un reinado moro y después con el poder en manos de los reyes castellanos en los siglos XI al XIV.

Sin embargo, ni siquiera Haifa ha estado ajena a la violencia, pues desde el inicio de la última ‘Intifada’, en 2000, aquí se han registrado cuatro atentados suicidas.

‘Mientras no haya un estado palestino no habrá paz’, dijo un árabe en la calle que no quiso ser identificado.

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