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¿Quién es un bourgani?

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En mi primera década de vida, el peor insulto que te podían lanzar tus compañeros menores de Sabra era un insolente «bourgani». Ninguno de nosotros tenía idea de lo que significaba. Sólo mucho después me di cuenta de que era la forma hebrea de «bourgeois» – terminología esotérica legada de padres marxistas a descendencia sin iniciar, que sin pensarlo lo repetía como un terrible peyorativo.

De algún modo se hizo importante evitar la denigración, cuya definición real siempre nos fue esquiva. Pero cuando tenía seis años, escolar elemental, me acerqué mucho a ganar la deshonorable distinción. Fue cuando mi profesor nos preguntó cuántos libros poseíamos cada una de nosotras. Nuestros deberes para casa consistían en contar nuestros volúmenes – solamente los nuestros, no los de nuestros padres.

Yo tenía 40. Recuerdo bien la cifra. Quedó grabada a fuego en mi alma juvenil.

El descubrimiento de mi propiedad se convirtió en un trauma infantil. Resultó que yo tenía la mayor biblioteca personal de entre todos mis compañeros y esto – en aquellos días de austeridad – provocó inmediata conmoción, haciendo que todos me gritaran acusadamente: «¡eres rica!»

No entendí ni remotamente cómo había transgredido la norma, y contuve las lágrimas, pero para cuando corrí a casa, estaba llorando desesperadamente.

Mi madre, sonriendo con conocimiento, me aseguró que «no somos ricos, pero no es ningún pecado ser rico. Hay ricos buenos y el ricos malos, igual que hay pobres buenos y pobres malos». Nuestra casa está tan llena de libros (mi padre continuaba comprándolos compulsivamente), me explicaba mi mamá, «porque los libros son nuestra preferencia. La gente distinta emplea lo que tiene en lo que juzga más importante – es una cuestión de valores individuales». Mamá continuó para exponer nuestra modestia y falta de ostentación o consumo visible.

RECORDÉ la lección introductoria a la economía hace cinco años, cuando el presidente del Histadrut Amir Peretz advertía que «si no tenemos elección, declararemos la guerra a los millonarios de Israel… el pueblo hierve tan ferozmente que los ricos de este país no deberían sorprenderse si son perseguidos por grupos que buscarán sus casas y simplemente les expulsarán de sus hogares, o si sus hijas ya no pueden salir de casa».

Indignantes amenazas de pillaje y asalto a un lado, me pregunté quién es millonario. ¿Quién es millonario a los ojos de Peretz? Mi primera lección de economía demostraba que la riqueza se encuentra en el ojo del que la juzga. Si odias al rico, verás ricos por todas partes.

El Stalin del bigote envió a muchas familias que apenas podían subsistir a sus gulags árticos por el crimen de presunto capitalismo. Cuando el Peretz del bigote amenaza a millonarios sin identificar, nos amenaza potencialmente a todos nosotros – incluso a aquellos que como yo, nos encontramos muy lejos de la cima de la escala de ingresos.

Esto no implica solamente economía realmente sería, incluyendo teorías de que un mercado libre vibrante, el negocio bien gestionado y unos beneficios elevados generan ingresos y crecimiento que benefician a todos los estratos de la sociedad. La prosperidad atrae a la prosperidad.

El hostigamiento a la iniciativa y la empresa sólo impone basura sobre la gente que busca mejorar sus circunstancias.

Más allá de este sentido común se encuentra la aterradora prospectiva de que aquellos que saldrán peor parados en la lucha de clases que Peretz lanzó serán los ciudadanos ordinarios, aquellos que trabajan diligentemente, manejan el dinero con prudencia, ahorran poco para los días grises y logran mantener un respetable estándar de vida bourgani.

Los extravagantemente forrados pueden cuidarse solos. De hecho, Peretz podría alejarlos de este país, junto con muchos empresarios creativos ambiciosos.

¿Qué casas y a qué hijas inocentes van entonces a atacar los tumultos de Peretz? Las más accesibles y a las más vulnerables a continuación en la lista. Nuestras casas y nuestras hijas.

EL RESURGIMIENTO de la marca de fábrica indeleble del socialismo beligerante de este país es lo último que necesita el Israel del siglo XXI mientras se esfuerza por afrontar los retos de la globalización – defender sus sectores productivos frente a la mano de obra barata del tercer mundo al tiempo que intenta conservar sus recursos intelectuales y jóvenes talentos engañados por la opulencia del primer mundo. Ya atrapado en medio de maquinaciones multinacionales sin piedad, Israel no puede permitirse un premier populista que intimide a su clase media.

El líder laborista Peretz intentará sin duda convencernos en los próximos meses de que nosotros los de la clase media no debemos asustarnos de él. De hecho, su historial en el Histadrut de defender solamente a los sindicatos más poderosos de los empleados con mayores sueldos y con más empleados entre manos – con sus manos extorsionadoramente alrededor del cuello de esta nación – muestra que en realidad, no es el amigo de los pobres y desplazados.

Concomitantemente, sin embargo, esto sólo subraya la versatilidad verbal de Peretz.

Si puede llamar modestos a los de la Compañia de Electricidad y la Autoridad Portuaria, puede llamar ricos a los demás e ir arbitrariamente a por cualquiera. Ésa es la amenaza real.

Su potencial destructivo sobrepasa con creces hoy a todo lo que conocimos en los días del pan y agua del estado. Hasta la comida era entonces un lujo, pero el idealismo sionista abundaba. Hoy vivimos tan bien como la mayor parte de los países occidentales, pero nuestro compromiso idealista es tan escaso como el suyo.

Para empezar, es peligroso para Israel ser una copia americana. Las imitaciones – a menudo vulgares, descaradas y baratas – nunca pueden equipararse al original.

A Israel ya le es difícil continuar siendo competitivamente atractivo para sus generaciones jóvenes, que se decantan por América pero que tienen que conformarse con una personificación sesgada de 4ª fila. La pulida demagogia proletaria de Peretz no suplantará el sueño americano pretencioso-cum-presumido de nuestros jóvenes israelíes con objetivos más dignos. Nuestro estado asediado aún y existencialmente amenazado no será capaz de contener a los bourganim materialistas frustrados si la América-en-Israel se hace aún menos alcanzable, y si Peretz comienza a contar los libros proverbiales de estantes envidiables.
Jerusalem Post – El Reloj.com

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