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Sharon: En Gaza hay 1,2 o 1,3 millón de palestinos y 8.000 judíos que viven en una situación de seguridad muy difícil

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Ariel Sharon recibió a Le Monde, en el seno del complejo del Ministerio de Defensa, en Tel Aviv, en una villa construida en el siglo XIX por misionarios alemanes y ocupada por David Ben Gurion durante las horas más difíciles de la guerra de independencia, de 1948 a 1949. Conocido por ser poco devoto, Sharon tiene a mano un ejemplar de la Biblia, al que recurre durante la entrevista cuando surgen digresiones históricas.

—¿Cómo caracterizaría el estado de la sociedad israelí en vísperas del retiro de Gaza, anunciado para el 17 de agosto?

—Este proyecto constituye una prueba muy difícil para Israel. Dio lugar a un debate nacional intenso. Afecta a miles de personas, muchas de las cuales son la tercera generación instalada en el mismo lugar. Estas personas se enfrentaron al terrorismo y, aún así, lograron construir en estas circunstancias explotaciones agrícolas de un nivel excepcional. Este proyecto de retiro evidentemente creó disensos y desacuerdos internos muy fuertes. Hay un verdadero desgarro político, pero sigo convencido de que este proyecto es muy importante para Israel y se concretará en los plazos previstos.

—Hay un debate en Israel a propósito de sus motivaciones. ¿Por qué este retiro de Gaza?

—Pensaba que había que hacer un gran esfuerzo para llegar a un acuerdo que tal vez pudiera sacarnos de esta situación difícil, esta guerra permanente contra el terrorismo árabe, palestino, que empezó hace veinte años. A pesar de la voluntad israelí de llegar a un acuerdo, no había interlocutor del lado palestino. Mientras vivía Arafat, su estrategia era la del terrorismo y la muerte. No había nadie con quien hablar. La elección de Abu Mazen abrió una posibilidad. Lo conozco desde hace mucho tiempo y tengo con él una muy buena relación personal. Israel obtuvo un éxito importante con el acuerdo que cerré con el presidente Bush. De todos modos, en todos los planos de acuerdo que conozco, la franja de Gaza no permanece en manos de Israel. Allí hay 1,2 o 1,3 millón de palestinos y 8.000 judíos que viven en una situación de seguridad muy difícil, por lo que esta zona no reviste una importancia estratégica particular.

—¿Fue un error, entonces, construir colonias en Gaza?

—No, no me parece. Eso también contribuyó a que los palestinos comprendieran que había que cambiar de política. Este acuerdo al que llegué con el presidente Bush nos permite conservar zonas que tienen una gran importancia estratégica y zonas de población densa. Pero una de las más grandes ventajas es que, por primera vez desde la creación de Israel, un Estado que no es menor, Estados Unidos, reconoció que los refugiados o sus descendientes no regresarán a Israel, sino a un Estado palestino cuando éste vea la luz.

—¿Entonces considera deseable la existencia de un Estado palestino?

—Si se trata de un Estado desmilitarizado, que no permita la existencia de grupos terroristas, que haya desmantelado las organizaciones terroristas, que haya confiscado sus armas, que haya cesado por completo las actividades terroristas y de incitación a la violencia, creo que es positivo.

—¿Este Estado no pasa necesariamente por otros retiros en Cisjordania?

—Uno de los puntos más importantes del acuerdo con el presidente Bush es que reconoce un solo plan de paz viable, la «hoja de ruta». Todavía no estamos en la «hoja de ruta», sino en una etapa preliminar. Para entrar en este plan, es preciso que se frene el terrorismo, que se confisquen las armas, que se desmantelen las organizaciones terroristas. Estuve y estoy dispuesto a hacer concesiones muy dolorosas a cambio de una paz verdadera, pero no estuve, no estoy y no estaré dispuesto a hacer la menor concesión sobre la seguridad de los ciudadanos y del Estado de Israel. Sólo Israel puede determinar cuáles son sus necesidades en materia de seguridad.

—¿Tiene idea de convertirse, con el tiempo, en el hombre de la paz en esta región?

—No hago lo que hago para que me atribuyan un título. Participé en todas las guerras de Israel, tuve el privilegio de comandar a las mejores unidades del Ejército. Vi con mis propios ojos los horrores de la guerra. Para mí, la paz debe traer aparejada la seguridad. Era necesario que alguien de nuestra generación, la que vio nacer a Israel, hiciera este esfuerzo excepcional por la paz.

Jean-Marie Colombani. LE MONDE. ESPECIAL PARA CLARIN

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