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Los colonos de Gaza esperan un milagro

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La sensación es que los más de 8.000 colonos israelíes que serán evacuados de sus casas a partir del próximo 15 de agosto, a lo largo de varias semanas, sienten que ya no tienen nada que perder.

A los dos lados de la carretera, destinada a colonos y a soldados y prohibida para la población palestina de la Franja (casi 1,5 millones de personas), hay muros que protegen de los disparos. En algunos lugares se ven tanques israelíes aparcados, pero lo que más llama la atención son pequeños monumentos improvisados en los márgenes de la ruta, recordando las víctimas israelíes de distintos atentados que tuvieron lugar en esta vía a lo largo de cuatro años y medio de intifada.

Una de ellas fue la abogada Ahuva Emerg, de 30 años, madre de dos niños, que una tarde hace dos años cuando volvía a su casa fue alcanzada por los disparos de un militante palestino. Hablaba por el móvil con su hermana cuando le dispararon a quemarropa y se hizo un silencio. «Su hermana nos llamó y nos dijo que parece que algo ocurrió. Fuimos allá y la encontramos en el coche, muerta», dice el padre de su marido, Isaac Emerg, agricultor de la colonia Ganei Tal, que se asentó allí hace 30 años. Llegó a Israel en 1956 procedente del Marruecos español y parte de su familia vive en España. «Un día mi mujer y yo vimos un anuncio en el periódico en el que se proponía a parejas jóvenes que se asentaran aquí por ideología.»

Isaac ha construido un parque infantil en la colonia llamado Jardín Ahuva en el que según dice, su nuera «sigue viva». El próximo desmantelamiento de este jardín de la gran casa familiar y de los invernaderos en los que lleva 30 años cultivando especias, es definido por él y por sus vecinos como «un holocausto familiar».

La retirada israelí de los 21 asentamientos de Gaza (14 de ellos en el bloque de Gush Katif) y de cuatro en el norte de Cisjordania empezará a mediados del mes de agosto. Uno de los momentos más dolorosos para Isaac y para mucha familias será el traslado de los restos mortales de los cincuenta israelíes enterrados en el cementerio judío local. «En la vejez Sharon se ha vuelto loco, no puede ser que quien hace 30 años nos acompañó y empujó hacia aquí ahora nos expulse; él tiene la culpa de que se hable de una atmósfera de guerra civil. Si quiere lo puede evitar», afirma. Según dice, él no pretende resistir a la retirada, pero conoce a mucha gente que sí lo hará. «Pido a Dios que no se derrame sangre, pero con lo que hace Sharon todo es posible. Hoy en día ya se habla de dos pueblos de Israel».

Los invernaderos están rodeados de gruesos muros de hormigón destinados a frenar los disparos de francotiradores palestinos que se encuentran en la zona adyacente de Jan Yunes. A un lado se ven las flores de colores radiantes, y al otro, modestísimas casas de palestinos que viven en una de las zonas de mayor densidad de población del mundo. «El lugar más cercano al paraíso y al infierno, al mismo tiempo», comenta un destacado periodista israelí que visita el lugar. «Aquí puede producirse una batalla entre los colonos más radicales y los soldados», opina en su aporte personal a lo que se define en las colonias como «las quinielas de la evacuación». Recuerda que quien se resista se podría quedar sin indemnizaciones (unos 300.000 dólares por familia). Por ahora Sharon ha decidido cerrar la Franja a todos los israelíes que no sean habitantes de la misma, para impedir que miles de colonos de Cisjordania se trasladen a Gaza para dificultar la retirada.

A principios de la intifada,un misil palestino lanzado desde Jan Yunes provocó la muerte de dos israelíes e hirió a varios niños. La reacción de los colonos fue enviar 16 familias de Gush Katif a la paradisiaca costa de Gaza, creando la colonia de Shirat Haiam. Aquí ena jóvenes, en parte llegados de Cisjordania para solidarizarse, que construyen una sinagoga y reforman casas semidestruidas, como si nada ocurriera. Algunos de ellos son miembros del grupo más radical Kahana, evacuados del hotel en el que se habían atrincherado. El hermano de la flamante ministra de Educación del Likud, Limor Livnat, Noam Livnat, ha sido arrestado por la policía porque tenía prohibido estar en el lugar.

«Ya verás que al final el Gobierno anulará esta tragedia, no puede ser de otra forma, Dios no lo puede permitir», afirma Hana Picard. Dirigiéndose al primer ministro dice: «Si tú no te das cuenta que lo que haces contradice todo lo que has creído en tu vida, jubílate y ve a tu casa a descansar».

En la maravillosa playa de Gaza vemos a la familia de Avinoam, colono de Hebrón, y a periodistas norteamericanos, europeos y japoneses que se preparan para la principal cobertura mediática en Oriente Medio desde la guerra de los Seis Días en 1967. «Dicen que seremos más de 3.000 enviados especiales además de todos los corresponsales permanentes», afirman. Avinoam les interrumpe y suspira: «Espero que haya un milagro y que os quedéis todos sin trabajo. Yo no estoy preocupado sólo por Gaza, sino también por el futuro; lo que empieza aquí es la principal amenaza a la existencia de Israel en la historia y puede continuar en otros lugares». Cerca de Neve Dekalim, vemos una casa convertida por su dueño en un fortín rodeado de muros y de alambradas. Sus vecinos cuentan que él juró que nunca la abandonaría y que en algún momento ha dicho que se rodearía de botellas de gas.

Unas 48 horas después de mi llegada a Gaza, veo al mismo joven soldado que estaba en la frontera , cuando la crucé. «Será terrible para nosotros desmantelar las casas de nuestros hermanos; pero lo haremos. No hay que olvidar que hay aún radicales palestinos que nos intentan matar, a pesar de que el Gobierno decidió retirarse».Yañade: «Cuando el candidato a la presidencia norteamericana John Kerry volvió de Vietnam dijo que lo más duro es tener que decirle a alguien que debe de ser el último soldado en morir… por un error».
LVD

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