Itongadol/Agencia AJN.- Sahar Fallah, una joven estudiante de 25 años de la Universidad Kharazmi en Teherán, fue asesinada el 9 de enero de 2026 durante la brutal represión de las protestas populares en Irán, según relatos que circulan en redes sociales y entre activistas. Fallah, que cursaba un programa de Gestión de Seguros desde 2019 y trabajaba como instructora de idiomas, recibió un disparo directo por parte de fuerzas de seguridad del régimen, que utilizaban munición real contra manifestantes, de acuerdo con los testimonios difundidos públicos.
La joven, originaria del barrio Tehranpars de Teherán, era la hija única de su familia y se encontraba en proceso de emigrar cuando fue abatida en medio de las protestas que sacuden al país. Su muerte ocurrió en el marco de una de las jornadas más sangrientas de la movilización nacional, que se ha extendido a todas las provincias desde finales de diciembre de 2025 y ha provocado miles de víctimas a causa del uso indiscriminado de fuerza letal por parte de las fuerzas del Estado.
Testimonios compartidos en redes sociales relatan una escena desgarradora tras su muerte: su madre sostuvo el cuerpo de Sahar en sus brazos durante toda la noche para intentar impedir que los cuerpos fueran retirados por las autoridades, un gesto que refleja el terror y la desesperación de muchas familias frente a la violencia estatal.
Antes de morir, Sahar Fallah había escrito palabras que luego se volvieron simbólicas en publicaciones de apoyo a su memoria: “¿Sabe alguien cuánto me esforcé por mantener mi alma hermosa cuando el mundo estaba lleno de sufrimiento? Porque en medio de la ruina y el dolor, el deber de un ser humano no es rendir su corazón a la fealdad”, dijo en una de sus últimas reflexiones, mostrando una sensibilidad profunda frente a la brutalidad que enfrentaba su país.
Se recuerda que las protestas que estallaron a fines de diciembre de 2025 —inicialmente por motivos económicos— se transformaron en un movimiento antigubernamental sin precedentes desde la revolución islámica de 1979. Las manifestaciones, que exigían cambios políticos y el fin de la represión, fueron recibidas con una respuesta letal por parte de las fuerzas de seguridad, que dispararon contra multitudes incluso durante los intensos días del 8 y 9 de enero, cuando millones salieron a las calles en al menos 31 provincias del país.
Organizaciones de derechos humanos e informes internacionales han documentado que las fuerzas de seguridad iraníes emplearon munición real y otros medios letales contra manifestantes, provocando miles de muertes y heridos. Aunque las cifras oficiales son difíciles de verificar debido al apagón de internet impuesto por el gobierno, se estima que las víctimas fatales superan las decenas de miles en plena ola de represión.
La historia de Sahar Fallah ha circulado como una de las muchas tragedias personales detrás de los números: una estudiante universitaria con aspiraciones de futuro, amante de la vida y con planes fuera de Irán, cuyo destino fue truncado por la represión estatal en el marco de un levantamiento ciudadano cada vez más amplio y sangriento.

