‘‘Kuche’’, como lo llaman sus amigos, durante su infancia pasó mucho tiempo en el Teatro Colón, donde trabajaba su papá, David, que le transmitió el amor por la ópera. Cajitas de colores es un libro que, además de registrar su historia, muestra el mundo que el público no conoce: el detrás de escena. Será presentado el 20 de mayo en el Teatro Colón.
Itongadol.- El director ejecutivo del Hogar LeDor VaDor, Sergio Kuchevasky, concedió una entrevista a Itongadol para hablar de ‘‘Cajitas de colores’’, que será presentado el próximo 20 de mayo a las 18 en el Teatro Colón.
El libro aborda el registro de un niño entre bambalinas y el Teatro Colón, donde trabajaba su papá, David, que le transmitió el amor por la ópera. Además de su historia, muestra el mundo que el público no conoce: el detrás de escena.

Entrevista:
-¿Qué significa para vos la presentación del libro? Nada más y nada menos, en el Teatro Colón.
-Sí. El 20 de mayo a las 18 horas en el Teatro Colón. A las 17 habrá una visita guiada que voy a compartir con el director de visitas guiadas del Teatro Colón, una alegría tremenda, pero lo más profundo que me pasó no es el libro en sí mismo, sino lo que significó como medio para encontrar cantidad de amigos, gente conocida, gente que me está ayudando, me están dando una mano tremenda para hacer esto. Es un medio y un puente entre personas que nunca me imaginé. Cuando lo escribí no pensé que podía resultar de esa manera.
-Yo creo que cuando hicimos la primera entrevista nunca imaginamos que esto iba a terminar presentándose en el Colón. Un lugar, digamos, natural para este libro. Pero finalmente ocurrió. ¿Cuál fue el trayecto para que el Colón diga por qué no este libro presentarlo aquí?
-La verdad que primero un agradecimiento muy especial a la dirección del Colón. Obviamente a mi amigo Ariel (Berliner), que hizo tremendas gestiones para poder concretarlo. Porque no teníamos en principio ni fecha, ni posibilidad, ni nada y es un lugar muy demandado y me pone muy orgulloso que esté tan demandado. Pero gracias a Ariel, que no solamente apretó, movió, tocó, todo para apurarlo, para que se pueda concretar, y que coincida de alguna manera con el lanzamiento del libro, porque yo todavía no lo presenté en ningún lado. Lo que siempre pensamos con Ariel es que sería muy lindo no hacerlo en ningún lado y que el puntapié inicial sea el Colón. Yo no lo presenté todavía en ningún lado, el libro ya está terminado y Ariel me decía no lo presentemos hasta que sea en el Teatro Colón el gran disparador. Para eso había que moverse, había que armar, había que contactar y había que generar prensa. Todo eso sucedió y nos quedamos recontra cortos con el lugar, estamos totalmente sobrepasados.

-¿Con qué se va a encontrar el lector que se sumerja en el libro?
-Lo primero que yo rescato de todo esto como puente entre la gente es que el que no conoce generalmente los entretelones del Teatro Colón se va a encontrar con una cantidad de gente que trabaja y como yo digo en el libro, son los que sostienen el aplauso. El gran cantante, la gran diva, pasan y esa gente es la que queda, o sea el trabajador histórico del Teatro Colón: vestuaristas, tramoyistas, escenógrafos, todos los que montan, los que trabajan, los que ponen la obra, figurantes. Toda esa gente, primero es un guiño al reconocimiento del trabajo que vienen haciendo a lo largo de toda la historia del Teatro Colón. Y se va a encontrar con historias muy sensibles, reales.
-¿Esa maquinaria funciona hoy en día también? ¿Y también funciona en Roma? ¿O es solamente algo que ocurre en el Teatro Colón?
-El Teatro Colón para mí a esta altura de mi vida después de haber recorrido muchos otros lugares algo que había como siempre hablado con mi padre que yo tenía que cumplir un sueño que él tenía que era recorrer los 4 o 5 teatros grandes del mundo y tuve la suerte de concretarlo. Y sigo diciendo que el Teatro Colón es único, porque no solamente tiene la capacidad de generar y fabricar sus propias escenografías, los vestuarios y todo, sino también de alquilarlos, de prestarlos, de cederlos, de poder alquilar la sala, de que vengan empresas internacionales a hacer eventos al teatro. Todo eso es el Teatro Colón.

-¿Vas a estar acompañado? ¿Hay alguien que va a presentar el libro junto a vos? ¿Cómo se va a desarrollar esta presentación?
-Sí. Hay una pequeña sorpresa para la presentación y después hay un reportaje en vivo que lo va a hacer Silvina Chediek, que muy amorosamente se vinculó con el libro y se enganchó. Recibí uno de los grandes apoyos por parte de ella para significar algunos pasajes del libro que después tuvieron mucha fuerza.
-¿Aquel que quiera ir a la presentación puede hacerlo? ¿O es, digamos, por invitación?
-Ya no tenemos más lugar. No pudimos terminar de abrirlo porque en menos de medio día cuando empezamos a abrir la convocatoria ya no teníamos más lugar, y está bien que así sea porque hay un foro, hay un protocolo ceremonial, yo tengo un profundo respeto por todo eso porque siempre me pareció que era uno de los temas que el teatro tiene que cuidar porque es un lugar que tiene que quedar para el resto de la humanidad, para que nuestros nietos también lo vean. Entonces hay todo un cuidado del espacio y nos quedamos sin lugar.
-¿Todo hijo puede encontrar la inspiración en un padre para poder terminar escribiendo su historia y conectar con ella? O en este caso fue el Colón más que tu papá.
-No, me parece que mi papá fue el que puso todas las herramientas arriba de la mesa para que uno elija qué es lo que quiere usar. Yo podría haber ignorado todo eso y hacer, mi profesión es otra, me dedico a otra cosa. Pero que fue, sin lugar a dudas, lo puso como una herramienta, como disparador y que terminaba siendo el Teatro Colón. Quiero terminar con una frase del libro, que es una de las que más me gusta: ‘‘no recibí grandes herencias, solamente una cajita y con ella el teatro entero’’.

