Inicio Organización Sionista Mundial ZLA: liderar desde la pertenencia

ZLA: liderar desde la pertenencia

Por Iton Gadol
0 Comentarios

Por Daniela Nemirovsky

La escalada antisemita que vivimos después del 7 de octubre no cesa: desde contenido en redes sociales, grafitis y boicots hasta ataques terroristas que se llevaron 20 vidas inocentes en todo el mundo, solo por ser identificados como judíos. No podemos negar el efecto de esto en los judíos y sionistas de cada rincón del mundo: junto al orgullo de la identidad aparecen el miedo y el trauma. El antisemitismo no busca únicamente exterminarnos, también busca erosionarnos, que abandonemos partes de quienes somos, que nos ocultemos. Sobrevivir, entonces, no significa solo seguir respirando, sino también no inclinarnos ante la tiranía del odio ni dejar que el miedo determine cuánto espacio estamos dispuestos a ocupar. Para mí, las preguntas inevitables en este contexto son: ¿cómo fortalecemos el liderazgo judío y sionista en este contexto? ¿Cómo construimos comunidad sin reunirnos únicamente alrededor del miedo o del dolor? ¿Cómo tejemos redes de pertenencia, orgullo y responsabilidad compartida en un momento que parece empujarnos al repliegue? Hoy más que nunca necesitamos formar y empoderar líderes en todos los rincones del mundo judío. Y aquí entra ZLA, Zionist Leadership Academy.

ZLA es el sueño de Ariel Goldewicht que se transformó en realidad de la mano de KKL (Keren Kayemet LeIsrael) y OSM (Organización Sionista Mundial) en 2021, bajo la visión de Sergio Edelstein, titular del departamento de educación no formal de la OSM. Hoy, ZLA transita su quinta cohorte gracias al trabajo sostenido e incansable de Ariel, Dikla Stanger y Esti Goldwasser.

Tuve el privilegio de ser seleccionada para participar de Tzevet Tikva durante 2025, gracias a la postulación de Rocío Karo y Esteban Lasry de KKL Argentina. Llegué en febrero de ese año con incertidumbre, curiosidad y entusiasmo por encontrar un espacio que me permitiera construir redes y proyectos. Lo que comenzó como una oportunidad de formación en liderazgo terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo: una experiencia de encuentro, pertenencia, reafirmación identitaria y de posibilidades. Acostumbrada a tener que defender nuestra mera existencia a diario, ZLA me abrió la posibilidad de habitar mi identidad judía y sionista de manera intencional, auténtica, esperanzadora y en comunidad. Después de diez meses de reuniones virtuales, un encuentro en Costa Rica y la graduación en Israel en octubre, terminé el programa fortalecida y con lazos intercontinentales que ya son familia.

Después de la graduación, ZLA no termina, y no solo por la profundidad de los vínculos que lo trascienden. Hoy ZLA es mucho más que un programa de liderazgo: es una comunidad con continuidad. Este año tengo el honor y la responsabilidad de acompañar como mentora a una nueva cohorte de líderes, Tzevet Hadar. Argentina está representada por Dan Gutvay y Julieta Cohen, de Ciudad de Buenos Aires, y Zoe Gelblung, de Mendoza, parte de una nueva generación que elige involucrarse, liderar y sostener comunidad en tiempos complejos.

Los representantes de Argentina

Desde febrero, esos veinte jóvenes se encontraron quincenalmente para escuchar a oradores admirables e inspiradores, intercambiar ideas y compartir preguntas con pares de distintas partes del mundo. Mientras tanto, los mentores caminamos a su lado, acompañando de cerca cada proceso, cada duda, cada crecimiento.

El 6 de mayo, todos los miembros de Tzevet Hadar y sus mentores nos encontramos cara a cara en Tbilisi, Georgia. Cuatro días intensos de aprendizaje, reflexión y conexión profunda, conducidos por Ariel, Esti y Dikla con su sello inconfundible. Varios mentores facilitamos sesiones propias donde los participantes se mantuvieron involucrados, presentes y curiosos. Pero lo que hizo a la esencia del summit no fueron únicamente las sesiones, planificadas y ejecutadas con amor y atención al detalle, sino lo que pasaba en los márgenes: las conversaciones en los intervalos, las ganas de conocer, de conectar, de proyectar un futuro común. Todo eso fue posible gracias al trabajo incansable de Veronika Ferdman —compañera de Tzevet Tikva— quien con dedicación y generosidad extraordinarias hizo que cada experiencia en su país se sintiera única y especial.

Georgia no fue un telón de fondo casual. Es un país que carga con una historia de resistencia notable: una nación pequeña que sobrevivió imperios, invasiones y décadas de dominación soviética sin perder su lengua, su cultura ni su identidad. Dentro de esa historia, la comunidad judía georgiana es una de las más antiguas del mundo, con más de 2600 años habitando esas tierras y manteniendo su judaísmo vivo a través de todo. Caminar por Tbilisi con eso en mente tenía algo de inevitable: la sensación de que este lugar sabía, de alguna manera, de qué se trata sobrevivir con identidad intacta.

Llegué al Summit con una mezcla de emociones: la expectativa de conocer un país nuevo, la alegría de reencontrarme con amigos que ya son familia repartida por el mundo, la curiosidad por conocer al nuevo grupo. Pero también con una incógnita: si aquello tan profundo que había vivido el año anterior podía realmente reproducirse en esta nueva grupalidad. ¿Era posible volver a sentir lo que llegamos a nombrar como «ZLAmily»? Esa sensación de conexión natural, de familia. Esa posibilidad de bajar la guardia, mostrarse vulnerable y desde ahí reconectar con la esperanza, el orgullo de ser, el entusiasmo y las ganas de proyectar. La certeza de que, incluso en tiempos difíciles, no estamos solos. La respuesta, una vez más, fue sí. Y no porque se repitiera lo mismo, sino porque ZLA tiene algo que trasciende a las personas y los lugares: un código compartido que, cada vez que nos encontramos, vuelve a activarse.

¿Por qué hacemos tanto hincapié en lo que sentimos en un programa de liderazgo? Porque Ariel, Dikla y Esti entendieron algo esencial sobre la continuidad del pueblo judío: ser familia. Porque el liderazgo no se sostiene solo con estrategias, charlas y workshops, ni tiene que ver con egos individuales. Se sostiene en vínculos. En la capacidad de mirarnos y reconocernos. En la posibilidad de conectar con un otro que también es íntimamente propio, de hacer de la diversidad y la diferencia un motor y no un obstáculo.

El primer día del Summit, pocas horas después de conocer a la nueva cohorte, dije algo que hoy vuelvo a resignificar y reforzar: venimos de distintas partes del mundo, cada uno con sus vivencias. Muchos expuestos a virulentos ataques antisemitas a pocas cuadras de nuestros hogares, casi todos teniendo que justificar nuestra existencia a diario. Pero llegamos a ZLA y podemos bajar la guardia. Porque nos encontramos con personas con quienes hablamos el mismo idioma, aunque algunas hablen inglés, otras español y otras francés o alemán. Porque compartimos un código identitario. En nuestras diferencias nos encontramos en algo muy esencial. Y en ese reconocimiento mutuo pasa algo poderoso: dejamos de sentirnos solos. No solo en el sentido literal de estar acompañados, sino en algo más profundo. La soledad del que

tiene que explicarse, justificarse, defenderse. La soledad del que carga con una identidad compleja en un mundo que a veces la hostiliza. En ZLA, esa soledad se disuelve. Y desde ese lugar, desde esa pertenencia recuperada, es desde donde se puede liderar de verdad. Eso es ZLA. Eso es lo que llevamos de vuelta a nuestras comunidades. Y eso, en estos tiempos, no es poco.

También te puede interesar

Este sitio utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario. Aceptar Ver más