Itongadol.- El presidente de KKL Argentina, Diego Stern, mantuvo una entrevista con ItonGadol para hacer un análisis sobre su gestión, que concluye el 15 de diciembre, y anunció que el país tendrá un parque en homenaje a las víctimas del Festival Nova en la ciudad de Mendoza.
—Siempre el fin de año es una gran oportunidad para hacer un balance, teniendo en cuenta también que dejas presidencia del Keren Kayemet. ¿Cómo fue el año? Después de dos años difíciles de guerra.
—Fue muy intenso y, a la vez, muy productivo y muy gratificante. La verdad que hicimos muchas cosas, nos redoblamos, tuvimos gente trabajando en distintos proyectos y en distintas áreas y hemos crecido mucho. Inclusive en 2025 hemos crecido en donaciones, no en cantidad de donantes. Hemos perdido algunos, pero hemos incorporado algunos nuevos, y venimos en una senda de construcción que creo firmemente que vamos a continuar, porque estamos haciendo cosas lindas, cosas que la gente valora y, obviamente, productivas y buenas para Israel y también para Argentina. A las kehilot del interior hemos ido mucho este año, fuimos muy bien recibidos.
—Estamos hablando de una institución que tiene más de 100 años. La guerra activó cuestiones que tal vez no estaban funcionando porque no era necesario y abrió escenarios nuevos.
—Yo creo la guerra en general fue un despertar de mucha gente que estaba adormecida en términos de vínculo con Israel, vínculo con su identidad judía, y nosotros hemos sido un puente para que muchos de ellos puedan revincularse. Obviamente tiene que estar esa llamita prendida de antes. Lo que estamos trabajando es que el vínculo continúe, que el compromiso siga y que podamos mantenernos unidos incluso cuando no estamos en guerra.
—A nivel educativo, ¿la guerra activó también en este aspecto algo nuevo?
—El primer año estuvimos mucho más enfocados, tanto nosotros aquí como el KK de Israel, en la ayuda, la reconstrucción y todo lo que necesitaba en ese momento Israel en forma inmediata. Y el segundo año, sin descuidar todo eso, tanto Israel como nosotros nos involucramos más fuertemente en la parte de educación.
Tenemos muchos proyectos financiados por la oficina de Israel. El año pasado llegaron fondos para ayudar a las escuelas judías a incorporar alumnos que estaban fuera de la red escolar. Israel está destinando presupuestos a educación en la Argentina y en Latinoamérica como no sé si alguna vez en la historia lo hizo.
Por ejemplo, hay un programa de becas para alumnos que no integran la red escolar judía en conjunto con AMIA. El año pasado este proyecto se aprobó ya al comienzo de las clases. Era muy difícil que la gente cambie de escuela en febrero. Este año esperamos que sea más visible el impacto que puede causar.

—¿Estamos hablando de rescate de vida judía? ¿Por qué esas familias estaban alejadas?
—Hay de todos los perfiles. Hay gente a la que no le interesa que reciban educación judía sus hijos, porque prefieren educación laica o con mayor inglés. O una propuesta educativa distinta. Hay otros que, por un tema económico, que no siempre significa que no lo puedan pagar, sino que prefieren gastar o invertir menos en educación y ese excedente destinarlo a otras cuestiones.
—¿Cómo estás viendo la educación judía en general en los últimos años?
—Yo creo que ya hace más de dos años las escuelas judías han crecido mucho en términos académicos. Muchas de ellas están a la par de las escuelas laicas. Hace 10 o 15 años pensábamos que las escuelas judías académicamente no estaban al mismo nivel. Y hoy creo que en muchos casos lo están. Con el agregado de identidad judía y valores.
—¿Se ve algo de esto en la matriculación?
—Sí, yo creería que sí. Te diría que hay muchas escuelas que están creciendo en cantidad de alumnos. En el interior también está pasando. Yo cuando voy al interior y vamos a las escuelas, la primera pregunta es cuántos alumnos tiene la escuela. Mi siguiente pregunta es, respecto al año anterior, ¿crecieron o decrecieron? Me parece más importante que el número en sí. Porque que me digan 175 alumnos puede ser mucho o poco. La pregunta es: ¿en el año anterior cuántos había?
—Le hicimos una entrevista al presidente de AMIA no hace mucho. Y él empieza la entrevista sin que nadie le pregunte, hablando de su preocupación, porque recibió al ministro de Educación de la Ciudad, y le transmitió la baja de natalidad en general. Esto tal vez pueda repercutir también en la matriculación de las escuelas de la red.
—Sí, es un tema demográfico importante, pero contra eso no podemos hacer nada. Pero dentro de todo lo que suele suceder es que el que está bien asentado y tiene buenas bases, crece. Lamentablemente los chicos son los que más dificultades tienen. De hecho, lamentablemente han cerrado escuelas judías en los últimos años. Y ahí se juntan factores demográficos, económicos…
—Como también la Escuela Buber está con un terreno nuevo en la calle Bulnes. Algunos cierran, se reagrupan, esto se está reacomodando.
—Sí. Entre otras escuelas que cerraron en los últimos años está Weitzman, que quedó aislada geográficamente y donde gran parte de los alumnos, aunque podían pagar la cuota, se mudaron y cambiaron de escuela. Es muy difícil sostener a una institución cuando entra en la senda de la caída.

—¿Cómo definís tu relación con el KKL?
—Es una relación de amor. Yo entré al Keren Kayemet hace 7 años, con casi mi único recuerdo de la alcancía y los árboles, y en todo este tiempo aprendí un montón de cosas en todos los sentidos. Una de esas es todas las actividades que abarca Keren Kayemet, los proyectos en los que se involucra y lleva adelante. Y también el intangible de lo que hace: el abrazo. Me ha pasado, después de una charla de una sobreviviente de Nova, que ya había dado seis charlas en Argentina, y en la última le dimos tres certificados de plantación de árboles por sus tres amigas fallecidas en el festival. Y fue fuertísimo, la emoción que genera eso. Y no hablamos ni de un proyecto nuevo ni de un tema económico. Hablamos del amor, del significado, del simbolismo que tiene Israel, y que nosotros contribuimos a sostener.
—La respuesta de la gente cuando empezó la guerra fue automática. Hay un gran interés de saber qué es todo lo que se está haciendo en Israel ahora para reconstrucción. ¿En qué andan los programas, las propuestas, los proyectos, lo que estás dejando y lo que viene?
—La cantidad de proyectos de los que participa Keren Kayemet son muchos. Desde una plaza dentro de un barrio hasta los avances científicos más increíbles. Algunos son proyectos físicos, tangibles, de infraestructura, y otros son de acompañar a la gente. Eso tiene un valor humano mucho más valioso que el valor económico. El año pasado fuimos dos veces a Israel y lo vimos en carne propia. Fuimos con donantes que vieron a dónde se había destinado su donación y fueron momentos de altísima emoción, imborrables en nuestra memoria. La delegación fue en conjunto con México.
—El Keren Kayemet puede ser el vínculo cuando alguien quiere ayudar y ser preciso para qué y cómo.
—No somos la única institución que hace cosas, ni pretendemos serlo. Gracias a Dios hay muchos que hacen. A nosotros una de las cosas que nos gusta justamente es viajar con los donantes y que vean, vivan y sientan a dónde fue su dinero y se apropien del proyecto.
—En 2026 va a haber una plaza en Buenos Aires que se llamará Plaza Israel. Contanos un poco lo que se viene.
—Este es un proyecto que empezó hace 30 años, con la inauguración de la Plaza Israel en el Parque Tres de Febrero en Palermo. Todo lo que es espacios verdes es Keren Kayemet. Con lo cual, desde hace 30 años, Keren Kayemet es el responsable de esa plaza. Hace unos años surgió el proyecto de hacer un monumento por la paz, un monumento Shalom en ese parque. Antes de mi cadencia se logró la aprobación por parte del Gobierno de la Ciudad de ese monumento. Se aprobó durante la presidencia de Danny Lew la realización de este monumento. Durante mi presidencia logramos reunir los fondos. Todavía nos falta algo, pero estamos en construcción del monumento y tiene fecha de inauguración para el 18 de marzo.
—¿Qué significa que la ciudad de Buenos Aires tenga su monumento?
—Tiene muchas lecturas. Por un lado, es un mensaje de shalom universal. Tengamos en cuenta que este proyecto es anterior a la guerra, anterior a los ataques, tanto bélicos como los ataques mediáticos. Es un regalo para la ciudad. Es una forma de dejar un testimonio físico del vínculo fuerte que existe entre la ciudad de Buenos Aires y el pueblo argentino con el pueblo de Israel, y que trasciende tanto las fechas como los pueblos. Específicamente es un mensaje universal de paz.
—¿Con qué otros proyectos están trabajando? ¿Argentina va a tener su Parque Nova?
—Vamos a inaugurar el primer Parque Nova fuera de Israel, en la ciudad de Mendoza. Hemos firmado un convenio con el gobierno de la ciudad de Mendoza, ya está en ejecución el proyecto, nos han dado un espacio público en una zona muy visitada. Se van a plantar 365 árboles, uno por cada persona asesinada en el Festival Nova. La idea es que la gente entre a la página y compre un árbol en homenaje a una persona fallecida en el Nova. Lo que queremos es que entren a su historia y conozcan a la persona. No que manden dinero. Es una forma de involucrarlos. No tenemos fecha de inauguración todavía, pero creemos que será en la primavera de 2026. Acá interviene también el gobierno de la ciudad de Mendoza, aportando sus expertos locales también. Pero es un proyecto con un valor hermoso. Estamos muy contentos, y va a haber un memorial aportado por Keren Kayemet.
—¿Quién te va a suceder? ¿Quién va a ser presidente del KKL? ¿Cuándo es la fecha de tu salida?
—La presidenta va a ser Jessica Souss. Fue secretaria de comisión directiva durante estos últimos dos años. Trabajó incansablemente. Hizo todos los viajes al interior, a Israel, estuvo presente en todos los congresos, en todas las actividades. No solo eso, sino que tiene dos hijos viviendo en Israel. Uno estuvo en el ejército mucho tiempo. Está muy involucrada. Ella asume el 15 de diciembre.
—¿Cuál es tu mensaje a la kehilá?
—Mi mensaje es para todos los que tenemos una llama judía, más grande o más fuerte: es que la alimentemos, le demos oxígeno para iluminar más. Que participemos como sea. No es solo el aporte económico, es la presencia. Es cuando viene alguien que necesita un abrazo, darle el abrazo. Viene alguien a hablar, que la sala esté llena, que se sienta en familia, que sienta que lo que le pasó nos afecta a todos, y que estamos juntos a ella o a él para acompañarlos. Y que saquemos lo bueno de todo lo malo que pasó a partir del 7 de octubre: que somos un pueblo único, que nos mantengamos unidos y que sigamos construyendo juntos.
Hay mucha gente que no sabe todo lo que hacemos, no solo estos últimos proyectos que comentamos, sino que trabajamos básicamente en dos áreas. Una es ayuda a Israel: para construir, reconstruir. Este último año compramos, gracias a las donaciones, una ambulancia de alta complejidad y un camión de bomberos, entre otras cosas. También algunas ayudas son para la gente, no en términos de infraestructura. Y también en Argentina hacemos muchas actividades, porque hay gente que ya ayuda en Israel y no en Argentina, o que tiene más intención de que la ayuda sea también en Argentina. Como les dije, trabajamos en educación: tenemos actividades, proyectos y materiales en todas las escuelas de la red escolar judía. Vamos a las kehilot del interior, que están en una situación de desventaja porque son pocos y cada vez menos, por aliá, por asimilación, por situación económica, etc. Y cada vez que vamos, sentimos que estamos haciendo una diferencia, y nos llena de gratificación. Y cuando nos despedimos, nos agradecen y nos preguntan cuándo volvemos.

