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Itongadol.- “Pasamos a tener más de 1.500 alumnos, construimos un 50 por ciento de metros cuadrados adicionales a los que teníamos en 2004, los alumnos realizan evaluaciones externas y de esa manera miden la calidad del colegio. El éxito lo vemos reflejado en el 98% de los graduados que continúan con sus estudios a nivel universitario, mejoramos en todas las áreas pedagógicas e inauguraremos un nuevo secundario en muy poco tiempo”, explicó el Director Ejecutivo del Colegio Tarbut, Roberto Dvoskin, a la Agencia Judía de Noticias.
El Colegio Tarbut fue galardonado con el premio Mercurio a la Educación debido al proyecto de reorganización desarrollado en la última década. “Lo más interesante es que lo ganamos gracias a cómo llevamos adelante nuestro trabajo y cómo lo consensuamos entre la comisión de padres y la dirección pedagógica”, explicó el Director Ejecutivo, Roberto Dvoskin (foto), a la Agencia Judía de Noticias (AJN).
En el lapso de 10 años, en Tarbut “pasamos a tener más de 1.500 alumnos, construimos un 50 por ciento de metros cuadrados adicionales a los que teníamos en 2004. Académicamente, contamos con evaluaciones externas y el 98% de nuestros alumnos continúan sus estudios en el nivel universitario; mejoramos en todas las áreas pedagógicas e inauguraremos un nuevo secundario en muy poco tiempo” sintetizó Dvoskin. Habla del nuevo secundario ubicado en la Avenida Crámer 3240, Núñez.
P- ¿Cómo termina Tarbut el 2014 y qué se viene para el 2015?
RD- Hace un tiempo decidimos hacer una evaluación de los últimos diez años de trabajo. El punto de partida fue el 2004 porque la comunidad judía y Argentina venían de épocas de crisis muy fuertes. Además, había mucha deserción en la red escolar judía por gente que se iba del país. Este proceso llevó al colegio Tarbut a tener menos de 1.000 alumnos. En ese momento, decidimos hacer un cambio drástico manteniendo los principios fundacionales y hoy quisimos reflejar ese cambio en la presentación que hicimos frente a la Asociación Argentina de Marketing ante la competencia del Premio Mercurio.
Presentamos un proyecto que resultó de la estrategia que se llevó a cabo en el colegio debido a la necesidad de reacomodamiento ante la situación de crisis. Esto tiene como interesante que fue un proyecto a largo plazo, se trabajó durante los últimos diez años dándole lugar a la discusión estratégica en el comité de directores, en las reuniones de comisión directiva y en las del consejo consultivo. Se presentaron alternativas, se eligieron caminos a seguir y, poco a poco, llegamos a donde estamos parados actualmente. Los resultados son importantes: el colegio pasó a tener más de 1.500 alumnos; se construyeron un 50 por ciento de metros cuadrados adicionales a los que teníamos en 2004; académicamente, tenemos exámenes internacionales y evaluaciones externas que califican la calidad del colegio y de nuestros estudiantes; además, un 98% de los alumnos egresados de Tarbut continúan sus estudios universitarios; mejoramos nuestros resultados en las diferentes disciplinas humanísticas y también en otras como Matemática y Física. Todo eso se hizo con un trabajo muy fuerte por parte de la comunidad educativa. Lo más interesante es que lo ganamos gracias a cómo llevamos adelante nuestro trabajo y cómo lo consensuamos entre la comisión de padres y la dirección pedagógica. Esta historia continúa con la inauguración que se hará el año que viene del nuevo edificio del secundario en Núñez: Al pasar de 1000 a 1500 alumnos, debemos tener más infraestructura. El colegio construyó un jardín nuevo en Olivos, reformuló el de Belgrano, hizo un piso más en la primaria y, dado el crecimiento del jardín, el del primario y el que queremos para el secundario, debíamos extrapolar el proyecto y llevarlo a más metros cuadrados. Se eligió un terreno en Núñez y estamos en obra hace un año y medio; pensamos terminarla para principios o mediados del año que viene. Es un edificio muy importante: 5.000 metros cuadrados que permitirán trasladar todo el secundario y utilizar el actual edificio del secundario en Olivos para el crecimiento de la primaria. Todo ese desarrollo se llevó a cabo manteniendo la filosofía del colegio: una atención personalizada hacia cada alumno, la cantidad límite de no más de 27 estudiantes por clase, un sistema de tutoría que permite que los coordinadores y directores conozcan a cada chico y que no pierda su identidad frente a la visión general. Las bases fundacionales definen a Tarbut como un colegio comunitario judío que entiende que cada chico es único e irrepetible y que pretende una formación humanista para que al graduarse continúen con un proyecto universitario.
P- ¿Quiénes componen la población? ¿Cómo es la comunidad educativa de Tarbut?
RD- La población ha cambiado: Al aumentar el número de alumnos de un colegio, nos vimos obligados a ampliar el segmento de mercado. Años atrás, el colegio apuntaba al segmento de sectores altos medios y altos altos; no tenía subsidios y obligaba a que la cuota fuera importante. En el marco de las estrategias de crecimiento, modificamos los instrumentos que la gestión brinda. Uno de los cambios lo hicimos sobre la variable “precio” y, de esta manera, vía el mejoramiento del sistema de financiamiento y mediante la ampliación de la base de pago, logramos permitir que sectores de menos recursos pudieran acceder al colegio, y este es un cambio sustancial..
P- ¿Cuándo sucedió?
RD- Diría que hace cinco o seis años, y eso implicó que el nivel secundario -que tenía 300 alumnos- hoy tenga 400 estudiantes. Muchos vienen de otros colegios, inclusive no judíos, pero hubo un aumento en la retención de Tarbut. Mucha gente se iba por diversas razones, entre otras cosas porque el colegio era caro. Muchos alumnos de colegios judíos que no tienen secundaria encontraron en Tarbut una alternativa interesante que antes no tenían. Hubo cuatro elementos clave: el primero es una calidad que los padres aceptan; segundo, una mejor locación -a nuestra población de Belgrano les quedaba lejos la zona de Olivos-; tercero, un precio más adecuado para una población más amplia; y cuarto, nos dimos a conocer. Tarbut era un colegio con poca exposición, muy endogámico; gracias al aporte de padres que nos ayudaron a publicitar en los diarios, en el cine, en la vía pública e inclusive en televisión, pudimos salir hacia afuera.
P- Hablaste un poco de la educación judía, contanos qué tiene que ver con esta institución…
RD- Un punto pasa por sus orígenes: Desde la fundación que sabemos que somos un colegio judío con un nivel muy alto de inglés ¿Qué significa un “colegio judío”? En primer lugar, transmitimos judaísmo desde todas sus aristas: la concepción más religiosa, la tradicional, la histórica, el lenguaje y la transmisión de cada una de ellas. Para esto, precisamos tiempo; por eso, en los últimos años se extendió el horario en la secundaria: los chicos que antes se iban a las 14:00, hoy se van a las 16:00 h. Estas diez horas de más por semana fueron aprovechadas, en su mayoría, por estudios judaicos.
En segundo lugar, le dimos más espacio a los Estudios Judaicos a partir de la inclusión de su director en la mesa chica de toma de decisiones. Desde entonces, la injerencia del judaísmo en cada una de las dirigencias es cada vez más fuerte y el resultado de eso es el proyecto Marcha por la Vida, no por el viaje en sí que hacen todos los chicos del secundario, sino por el trabajo que implica sobre toda la historia del pueblo de Israel y sobre la Shoá. El Holocausto es un evento trágico en nuestra historia, pero hay momentos de alegría, como la creación del Estado, que es digno de enseñarse y celebrarse.
A modo de resumen, somos un colegio judío pluralista que no está alineado con ningún pensamiento en particular, contamos con familias de todas las corrientes y es algo que nos nutre y nos hace crecer.
P- Pero tuvieron un seminarista…
RD- El colegio tiene como prima hermana a la Fundación Tarbut, que es la dueña de sus activos y tiene la posibilidad de hacer actividades religiosas. Históricamente, hubo un rabino y después un seminarista. Guido Cohen, quien fue director de Estudios Judaicos hasta diciembre de 2013, tenía a su cargo actividades pedagógicas. Sin embargo, también llevaba adelanto ceremonias religiosas dependientes de la Fundación: Iamim Noraim y los Benei Mitzvá que se realizaban en el colegio.
A partir de este año, decidimos dejar de celebrar bnei mitzvá; nuestros alumnos lo celebran en las comunidades religiosas que nos rodean que son excelentes. Iamim Noraim se sigue celebrando porque hay una demanda de los padres ya que la única comunidad de Zona Norte es Lamroth Hakol y va mucha gente. En el área pedagógica, tenemos una directora de Estudios Judaicos, Fabiana Kramarz, y para Iamim Noraim trajimos a Danny Fainstein desde México para que oficiara las ceremonias. Tenemos como principio no afectar el funcionamiento de otras instituciones de la comunidad y por eso lo buscamos tan lejos.
P- En la puerta alguien dijo: “¡Y pensar que yo venía acá, al igual que hoy estoy dejando a mi hijo”. Hablame de eso…
RD- También hay abuelos que vienen a ver sus nietos al colegio donde crecieron… Hay mucho sentido de pertenencia y tenemos un Departamento de Ex Alumnos con el cual trabajamos. Hacemos tres o cuatro reuniones por año, les informamos las cosas que hacemos, los hacemos partícipes. Es altamente positivo y vamos a incluirlos cada vez más. Intentamos que no pierdan el nexo entre esos 10 o 15 años que pasan desde que dejan la institución como alumnos hasta que tienen la posibilidad de retornar padres.
P- Fuera de estas paredes, hay mucha dificultad con los docentes judíos, ¿cómo están ustedes?
RD- Hay una dificultad grande porque también hay un recambio y una crisis en la docencia de Argentina; en eso hay que trabajar; creo que es el punto clave.
Shimón Peres decía que es judío quien tiene un nieto judío. Me parece una frase genial. Mantenés la continuidad de tu pueblo básicamente a través de la educación. Tenés 20-25 años de deterioro de la carrera docente y para eso hay dos alternativas que van agrupadas. La primera es el trabajo en conjunto. Creo que, más allá del esfuerzo que han hecho la AMIA y muchísimas escuelas, nos debemos una red escolar sólida, donde defendamos la educación judía. Segundo, está empezando a funcionar un instituto de formación docente, con el fortísimo apoyo de la AMIA -que tengo que agradecer-, directores y presidentes de colegios a través de BAMA. Todos los pasos que se han dado hasta ahora son correctos. El problema fundamental es el respeto entre las diferentes comunidades educativas: si le robo docentes o alumnos a los de al lado para mi propio éxito, me estoy equivocando de camino.
P- ¿Y el hecho que Tarbut irrumpa en Núñez no genera esas dificultades?
RD- Por formación, creo en la sana competencia. Le tengo que dar al alumno la posibilidad de elegir y ayudarlo a hacerlo bien, aunque no sea en este colegio donde termine estudiando. Tarbut se caracteriza por ello. No estamos en Núñez para quitarle alumnos a otros, y no lo estamos haciendo porque se trata de estudiantes totalmente distintos. En segundo lugar, no está mal que haya alternativas y el papá o el chico pueda elegir.
P- ¿Cuál es tu mensaje para el año que viene?
RD- Creo que lo más importantes es una apuesta fuerte a la formación y a la educación judía porque enriquece a los educandos y a la sociedad. De los colegios judíos tienen que salir líderes para la comunidad y para la sociedad argentina en general. No hay otra manera de hacerlo que trabajando en conjunto. Es un tema sustancial y necesario: no hay manera de que una comunidad se construya como tal si no tiene educación.

